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Fair Oaks Farms: cuando el turismo se convierte en otro negocio del campo

La megagranja de Indiana transformó su producción agropecuaria en una experiencia para miles de visitantes y convirtió al turismo en una unidad de negocios independiente.

29/08/2026 | 09:40Redacción Cadena 3

Perspectiva Nacional

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Una vidriera. Las pasarelas vidriadas permiten observar cada paso del proceso.

FOTO: Una vidriera. Las pasarelas vidriadas permiten observar cada paso del proceso.

Granja Fair Oak

FOTO: Granja Fair Oak

Granja Fair Oak

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¿Qué pasaría si una granja, además de producir leche, carne y granos, pudiera generar un negocio a partir de mostrarle al consumidor cómo funciona? La respuesta la pudimos contemplar en Fair Oaks Farms, un enorme establecimiento agropecuario ubicado en Indiana, Estados Unidos, que convirtió el turismo rural y la educación agropecuaria en una verdadera unidad de negocios.

La comitiva que integra El Campo Hoy y coordina Coovaeco Turismo, junto a un grupo de 54 productores agropecuarios argentinos, llegó a este establecimiento, que sin dudas es una de las experiencias más llamativas de la agricultura estadounidense, porque no se limita a producir alimentos. Abrió las puertas de su sistema productivo al consumidor y transformó el recorrido por la granja en un producto turístico.

La propuesta permite observar de cerca el funcionamiento de un tambo de gran escala, el manejo de los animales, los sistemas de ordeñe, la producción porcina, los cultivos y las tecnologías utilizadas para mejorar la eficiencia y reducir el impacto ambiental.

Pero detrás de esa experiencia hay algo todavía más importante desde el punto de vista empresarial: el turismo dejó de ser una actividad secundaria para convertirse en un negocio en sí mismo.

Del campo a la experiencia

Fair Oaks Farms nació como una explotación agropecuaria y fue incorporando progresivamente una propuesta destinada a acercar el campo a la sociedad.

Hoy, el visitante puede recorrer diferentes áreas mediante experiencias especialmente diseñadas para mostrar cómo se producen los alimentos.

En el sector lechero, por ejemplo, se puede observar un sistema de ordeñe rotativo de gran escala, además de tecnologías de ordeñe robotizado, con casi 3.000 vacas que producen hasta 38 litros por día en tres turnos de trabajo del personal. También existe un espacio destinado a los nacimientos y al manejo de los terneros.

La experiencia se extiende a la producción porcina y a la agricultura, con recorridos específicos que explican desde la producción de granos hasta la utilización de tecnología y prácticas vinculadas con la sustentabilidad.

De esta manera, el establecimiento transforma procesos productivos que normalmente ocurren detrás de las tranqueras en una experiencia que el consumidor está dispuesto a pagar para conocer.

Una granja que funciona también como parque de experiencias

El verdadero salto empresarial aparece cuando se observa todo lo que existe alrededor de la producción.

Fair Oaks Farms cuenta con restaurantes, espacios gastronómicos, tiendas, actividades recreativas, propuestas educativas y alojamiento. El visitante no solamente compra una entrada para recorrer una granja: permanece varias horas, consume alimentos, adquiere productos y participa de diferentes actividades.

Así, el establecimiento logra generar ingresos a partir de una cadena de valor mucho más amplia que la estrictamente agropecuaria.

La leche sigue siendo un producto del campo, pero la experiencia de conocer cómo se produce también se convierte en un producto comercial. Este modelo permite diversificar ingresos y, al mismo tiempo, establecer un vínculo directo con el consumidor final.

El consumidor entra al establecimiento

Uno de los mayores activos de Fair Oaks Farms es precisamente esa posibilidad de mostrar el proceso productivo sin intermediarios.

En una época en la que los consumidores demandan cada vez más información sobre el origen de los alimentos, la granja convierte la transparencia en una herramienta de comunicación y, al mismo tiempo, en una oportunidad comercial.

El visitante puede ver los animales, conocer los sistemas de alimentación y ordeñe, observar el manejo de los efluentes y entender cómo se incorporan tecnologías para mejorar la productividad y el bienestar animal.

La producción deja de ser así algo invisible, y se convierte en parte del relato que la empresa construye frente a la sociedad.

El estiércol también forma parte del negocio

La sustentabilidad ocupa otro lugar central en la propuesta. Fair Oaks utiliza biodigestores anaeróbicos para procesar el estiércol generado por los animales. El sistema permite producir biogás, que puede utilizarse para generar energía y combustible renovable.

El concepto es el de una economía circular: el animal produce leche, pero también genera un residuo que puede convertirse nuevamente en un recurso energético. Y esa tecnología también forma parte de la experiencia que se comunica al visitante.

Mucho más que una granja

La gran enseñanza de Fair Oaks Farms no está solamente en la escala de su producción ni en la tecnología utilizada. Está en haber entendido que el campo también puede vender experiencias.

El modelo combina producción agropecuaria, turismo, gastronomía, educación, comunicación y entretenimiento dentro de un mismo establecimiento. Cada actividad potencia a las demás y permite que el visitante permanezca más tiempo, consuma más servicios y establezca una relación mucho más cercana con la empresa.

De esta manera, Fair Oaks demuestra que el turismo rural puede dejar de ser simplemente una herramienta para promocionar la actividad agropecuaria y convertirse en una unidad de negocios con identidad propia, capaz de generar ingresos adicionales y fortalecer la marca de la empresa.

Para el sector agropecuario argentino, el concepto abre una pregunta interesante: ¿cuántos establecimientos podrían transformar su producción, su historia, su tecnología y su paisaje en una experiencia que el consumidor quiera conocer y pagar?

Federico Aguer 

Enviado especial a EE.UU.

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