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La historia de las cosechadoras que convirtió a San Vicente en la capital nacional de los fierros

El documental de Luciano Prósperi recupera la historia de Senor, Bernardín y Bofelli, las fábricas que transformaron a San Vicente en un polo industrial único para la Argentina. Se presenta el jueves 8 de octubre, en el auditorio "Rony Vargas".

01/10/2026 | 11:46Redacción Cadena 3

Perspectiva Santa Fe

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El origen. San Vicente mostrará con orgullo su pasado.

FOTO: El origen. San Vicente mostrará con orgullo su pasado.

Tracción a sangre

FOTO: Tracción a sangre

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  1. Audio. Luciano Prósperi

    Cadena 3 Campo

    Episodios

Hay pueblos que construyen su identidad alrededor de una actividad. Y hay otros que consiguen convertir una industria en parte de su ADN. San Vicente, en el centro de Santa Fe, pertenece a esta última categoría.

Durante buena parte del siglo XX, sus calles estuvieron marcadas por el ruido de las fábricas, el movimiento de los obreros y las enormes máquinas que salían de sus galpones para transformar el campo argentino.

De allí surgieron tres nombres que quedaron grabados en la historia de la maquinaria agrícola nacional: Senor, Bernardín y Bofelli. Tres fábricas que llegaron a funcionar simultáneamente en una localidad que por entonces tenía apenas unos 5.000 habitantes.

Esa historia es la que recupera Luciano Prósperi en “Tracción a sangre”, un documental que se presentará el jueves 8 de octubre, a las 19.30, en el Auditorio "Rony Vargas" del Club Atlético Brown de San Vicente, con entrada libre y gratuita.

Cuando una máquina tirada por caballos cambió la historia

La historia comienza mucho antes de que San Vicente fuera conocida como la capital nacional de la cosechadora.

En 1920, los hermanos Juan y Emilio Senor, que eran trilladores y contratistas, comenzaron a desarrollar una máquina propia. Trabajaban con equipos importados y conocían de primera mano las dificultades que presentaban aquellas máquinas para las condiciones del campo argentino.

Ya en 1917 habían patentado un dispositivo alimentador de trilladora que reemplazaba el trabajo manual de quien debía cargar el cereal. Tres años después dieron un paso decisivo: comenzaron a fabricar su propia cosechadora.

La primera máquina contó con el apoyo económico de Simón Boffelli, un colono de San Vicente. Incorporaba, además, una innovación para aquella época: un motor Otto Deutz que accionaba la trilladora y permitía mantener una velocidad constante, independientemente del ritmo de los caballos.

La innovación fue patentada y aquella primera máquina dejó de ser simplemente un desarrollo artesanal para convertirse en el punto de partida de una fabricación en serie.

Así nació Senor, considerada por Prósperi como la primera fábrica de cosechadoras de Sudamérica de fabricación en serie.

De Senor a Bernardín y Bofelli

El desarrollo de Senor abrió el camino para que otros emprendedores de la localidad siguieran innovando.

Andrés Bernardín, que había trabajado en Senor, comenzó posteriormente a fabricar sus propias máquinas y en 1925 fundó su fábrica. Entre sus innovaciones se destacó una plataforma ubicada al costado de la cosechadora, también patentada. Décadas después, en los años 50, los descendientes de Simón Boffelli crearon Industria Bofelli.

"Durante un período, las tres fábricas funcionaron simultáneamente en San Vicente. Tres establecimientos industriales, tres sirenas y cientos de trabajadores en una localidad pequeña", remarca Prósperi a Cadena 3 Campo.

El impacto fue tal que durante la década del 60 San Vicente llegó a ser la localidad argentina que más hierro consumía por habitante para fabricar sus máquinas agrícolas.

La dimensión de aquel fenómeno también quedó reflejada en la tradicional Fiesta de la Cosechadora, que recibió la visita de presidentes de la Nación. Arturo Frondizi estuvo presente en 1960 y Arturo Illia en 1964, además de autoridades provinciales de la época. San Vicente era entonces un polo industrial que trascendía las fronteras de la provincia.

Una historia de innovación que llegó al mundo

Uno de los aspectos que Prósperi busca rescatar es una discusión histórica que durante años enfrentó, al menos simbólicamente, a San Vicente con Sunchales.

La explicación es más interesante que la disputa: Senor y Rotania fueron pioneras en diferentes momentos y aspectos de la evolución de la cosechadora.

Mientras Senor se destacó por aquella fabricación en serie de una máquina de tracción a sangre, Rotania desarrolló posteriormente la primera cosechadora autopropulsada.

Para Prósperi, ambas historias forman parte de una misma evolución tecnológica que terminó impulsando el desarrollo de la maquinaria agrícola argentina y aportando innovaciones que luego tendrían impacto internacional.

Un documental construido durante casi tres décadas

La película también tiene una historia propia. Prósperi comenzó a investigar el pasado de las fábricas cuando tenía apenas 20 años. En 1997 realizó un programa de televisión para el cable local y, mientras buscaba material sobre Senor, encontró unas latas con películas que habían sido filmadas por el documentalista santafesino Luis Trossero.

Aquel material, que permanecía guardado en un antiguo galpón, fue recuperado y posteriormente pasado a HD. Para Prósperi significó encontrar un documento histórico prácticamente inédito.

La investigación siguió durante años. Su vínculo familiar con la historia también fue determinante: su padre trabajó en Senor y Bernardín y participó del diseño de distintos modelos de cosechadoras, entre ellos la V60.

Desde allí, el documentalista comenzó a recorrer archivos, entrevistar a trabajadores y buscar descendientes de aquellas familias. La investigación incluso lo llevó a Perú e Italia, donde encontró familiares de los fundadores de las fábricas.

Las máquinas volvieron a las calles

Uno de los momentos más significativos del documental se filmó apenas una semana antes de su estreno. Máquinas restauradas por la familia Cignetti volvieron a recorrer las calles de San Vicente. El desfile permitió incorporar al presente aquellas máquinas que alguna vez fueron protagonistas de la vida cotidiana del pueblo.

La intención, explica Prósperi, fue que los propios habitantes pudieran formar parte de la película y mostrar que, pese al cierre de las fábricas, San Vicente sigue de pie.

La industria cambió, pero el ADN permanece. Hoy Bernardín continúa funcionando, aunque ya no fabrica cosechadoras: produce implementos agrícolas y comercializa productos importados.

Pero San Vicente no se detuvo. La localidad desarrolló nuevas empresas y actividades industriales. Entre ellas aparecen firmas vinculadas a productos veterinarios, perfiles de aluminio y beneficios agrícolas. Es otra etapa de una misma historia: la de un pueblo que tuvo que reinventarse cuando aquellas grandes fábricas dejaron de producir cosechadoras.

Por eso “Tracción a sangre” no pretende ser solamente un ejercicio de nostalgia. Prósperi reconoce que todavía existe una deuda con esa historia: la localidad no cuenta con un museo de cosechadoras ni con una máquina restaurada como símbolo en su acceso, algo que permitiría preservar y transmitir ese legado a las nuevas generaciones.

El objetivo del documental es otro: recordar de dónde viene ese ADN industrial y cómo aquella capacidad de transformar la realidad continúa presente en quienes hoy producen, fabrican y trabajan en San Vicente.

Porque cuando los hermanos Senor comenzaron a fabricar aquella primera máquina, en 1920, el ferrocarril todavía no llegaba al pueblo.

Y quizás allí esté la verdadera historia detrás de “Tracción a sangre”: un pequeño pueblo que, mucho antes de convertirse en la capital nacional de la cosechadora, ya había aprendido a fabricar sus propias herramientas para cambiar su destino.

La cita es el jueves 8 de octubre, a las 19.30, en el Auditorio "Rony Vargas" del Club Atlético Brown de San Vicente. La entrada será libre y gratuita.

Federico Aguer

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