Carne de cerdo: consumo récord, producción en alza y una rentabilidad que enciende alarmas
La cadena porcina argentina atraviesa un momento de expansión, con más producción y un consumo que alcanzó los 21 kilos por habitante al año. Sin embargo, el ingreso de carne importada, la debilidad del precio del capón y los bajos márgenes ponen en jaque la rentabilidad de numerosas granjas.
03/11/2026 | 06:41Redacción Cadena 3
La producción porcina argentina vive una paradoja: nunca se produjo ni se consumió tanta carne de cerdo, pero para buena parte de los productores el negocio atraviesa un momento de creciente dificultad económica. El crecimiento de la actividad convive con precios debilitados, importaciones en niveles récord y una rentabilidad que volvió a encender señales de alerta.
El último informe del IERAL de la Fundación Mediterránea, con datos actualizados a septiembre de 2026, confirma la dimensión de la expansión. Entre enero y septiembre se produjeron 670.200 toneladas equivalentes res, un 12% más que en el mismo período del año pasado. La faena también creció: alcanzó los 6,94 millones de cabezas, con una suba interanual del 11%.
El consumo interno acompañó ese movimiento. En los primeros nueve meses del año llegó a 729.700 toneladas equivalentes res, también un 12% por encima de 2025. En términos per cápita, el promedio alcanzó los 21 kilos anuales por habitante, frente a los 18,7 kilos registrados el año pasado y los 15,7 kilos del promedio histórico.
Un cambio de hábitos que abre oportunidades para el sector y que encuentra en la diferencia de precios con la carne vacuna uno de sus principales motores.
En diálogo con El Campo Hoy, José Arrieta, vicepresidente de la Cámara de Productores Porcinos de Córdoba (CAPPCOR), destacó que la actividad mantiene una tendencia de crecimiento, tanto en producción como en consumo.
"Claramente la producción está en alza, el consumo está en alza, reemplazando un poco carne bovina, sobre todo aprovechando la diferencia de precio. También habla de la calidad nutricional y de la estabilidad que hemos logrado estos últimos años con genética y nutrición", explicó.
Sin embargo, detrás de los buenos indicadores productivos aparece una ecuación económica cada vez más ajustada.
El precio del capón, la principal luz amarilla
El informe advierte que el crecimiento de la oferta, sumado al incremento de las importaciones, está presionando sobre los valores que reciben los productores.
Durante el tercer trimestre de 2026, el precio promedio del capón fue de $2.386 por kilo, medido en pesos constantes de septiembre. Esto representa una caída real del 7,1% respecto del mismo período de 2025 y un valor 19,3% inferior al promedio de los terceros trimestres de la última década.
La situación se agravó durante agosto y septiembre, cuando el precio volvió a perforar los pisos históricos de esos meses.
Del otro lado de la ecuación, los costos dejaron de bajar. Aunque todavía se encuentran por debajo de sus promedios históricos, durante el tercer trimestre aumentaron un 3% respecto del período anterior. La alimentación, que representa alrededor del 60% de los costos totales, sigue siendo el componente determinante.
El resultado es una rentabilidad que perdió buena parte de la recuperación conseguida durante la primera mitad del año.
Para una granja de eficiencia media, el margen neto promedio del tercer trimestre fue de apenas $107 por kilo producido. Un año atrás había alcanzado los $226 y el promedio histórico de los terceros trimestres se ubica en $391.
El dato más preocupante aparece en septiembre: el margen se redujo a apenas $48 por kilo, equivalente al 2% de los costos totales.
Pero la realidad es todavía más heterogénea cuando se comparan establecimientos con diferentes niveles de eficiencia. Mientras las granjas más eficientes consiguieron un margen de $348 por kilo, las de menor eficiencia registraron pérdidas de $297 por kilo.
Brasil y las importaciones: una competencia que preocupa
Para los productores, uno de los principales factores de presión es el ingreso de carne desde el exterior, particularmente desde Brasil.
Arrieta advirtió que las importaciones se encuentran en niveles récord y que ingresan entre 7.000 y 7.500 toneladas mensuales, muchas veces concentradas en determinados cortes.
"Eso genera que el precio no pueda copiar mientras vemos este récord de producción y de consumo que venimos teniendo", señaló.
Los datos del informe respaldan esa preocupación. Entre enero y septiembre ingresaron al país 66.600 toneladas equivalentes res de carne porcina importada, un 24% más que en igual período de 2025. En septiembre, el promedio mensual de los últimos doce meses llegó a 6.700 toneladas, un 15% por encima del registro interanual.
La situación genera una presión adicional sobre un mercado que ya cuenta con una oferta doméstica creciente.
Arrieta también puso el foco en las diferencias de competitividad entre Argentina y Brasil. Según explicó, el problema no pasa solamente por la eficiencia productiva, donde considera que ambos países están en niveles relativamente similares, sino por las condiciones impositivas, fiscales y de escala que favorecen a las grandes integraciones brasileñas.
"Las grandes cooperativas de Brasil tienen otros costos impositivos y también otros costos de producción, sobre todo de la tranquera hacia afuera. En eficiencia productiva estamos bastante similares, pero esas grandes cooperativas y empresas tienen una escala en la parte de faena, desposte y productos que a veces nos genera un diferencial", sostuvo.
A esa discusión se suma un reclamo que la cadena porcina argentina mantiene desde hace años: la utilización de determinados aditivos en la carne importada que no están permitidos o no se utilizan en la producción nacional. Para Capcor, es necesario avanzar en una regulación que garantice condiciones de competencia más equilibradas.
Exportar para integrar el negocio y aprovechar todo el animal
Si el mercado interno es hoy el principal sostén del crecimiento porcino, la exportación aparece como una de las asignaturas pendientes para consolidar el desarrollo de la cadena.
El informe del IERAL muestra una recuperación significativa de los envíos al exterior: entre enero y septiembre alcanzaron las 7.100 toneladas equivalentes res, cinco veces más que en el mismo período de 2025.
Sin embargo, el crecimiento parte de una base muy baja. Las exportaciones representaron apenas el 1,1% de la producción, mientras que las importaciones equivalieron al 10%.
La diferencia es importante porque el desarrollo exportador permitiría colocar cortes que tienen menor demanda en el mercado argentino y aprovechar subproductos que encuentran mejores oportunidades comerciales en otros países.
"Una materia pendiente que tenemos es la exportación. Nos faltan habilitar algunos mercados, sobre todo para subproductos, y ser más competitivos desde el punto de vista de los costos", planteó Arrieta.
El dirigente considera que la cadena necesita avanzar en la apertura de nuevos destinos para integrar económicamente toda la producción y evitar una dependencia excesiva del consumo doméstico.
En esa dirección, el crecimiento del consumo interno debe funcionar como una plataforma para expandir la actividad, pero no como el único destino posible de una producción que continúa aumentando.
Más promoción y una apuesta al consumo inerno
Frente a este escenario, CAPPCOR trabaja en una estrategia que apunta a consolidar la demanda interna y mejorar el posicionamiento de la carne porcina entre los consumidores.
Arrieta explicó que la entidad está destinando tiempo y recursos a la promoción del producto, con especial atención a sus características nutricionales.
En ese sentido, mencionó un trabajo realizado junto con INTI Carnes que reúne los perfiles nutricionales de los distintos cortes, con el objetivo de brindar información y revalorizar sus atributos.
La apuesta tiene una proyección concreta: en el plan estratégico de la actividad hacia 2032, el sector estima que el consumo argentino podría alcanzar entre 26 y 27 kilos por habitante al año.
La expectativa está vinculada, además, con una transformación de los hábitos alimentarios y con la posibilidad de que la carne vacuna recupere una mayor orientación exportadora, dejando espacio para que el cerdo continúe ganando participación en las mesas argentinas.
Federico Aguer





