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La raza Wagyu debutó en su primer remate con acento cordobés

Cabaña Don Benjamín vendió 50 toros y 20 vaquillonas Wagyu en Río Cuarto. El acontecimiento marcó un nuevo capítulo para una raza reconocida mundialmente por el marmoleo de su carne y su potencial para mejorar la calidad de los rodeos argentinos.

22/10/2026 | 08:02Redacción Cadena 3

Perspectiva Córdoba

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Raza carnicera. Wagyu hizo su presentación en sociedad.

FOTO: Raza carnicera. Wagyu hizo su presentación en sociedad.

Raza Wagyu

FOTO: Raza Wagyu

Raza Wagyu

FOTO: Raza Wagyu

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  1. Audio. Esteban Marín

    Cadena 3 Campo

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El remate se realizó este miércoles 21 de octubre, en la Sociedad Rural de Río Cuarto, Córdoba, en el marco de Argencarne, la exposición itinerante de la industria cárnica. La subasta estuvo a cargo de la firma Alfredo S. Mondino, con Roberto Mondino en el martillo y la coordinación general de Francisco Garín.

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En diálogo con El Campo Hoy, Esteban Marín, representante de Cabaña Don Benjamín, destacó la importancia de este paso para una raza que comenzó a desarrollarse en el establecimiento en el año 2000 y que amplió su presencia en los sistemas productivos argentinos.

“Es un desafío”, reconoció el productor, quien atribuyó el crecimiento del proyecto a la visión, la paciencia y la dedicación de la empresa. El emprendimiento comenzó por decisión de Gabriel Romero, cuando apostar por esta genética representó una inversión con una mirada de largo plazo, y que 25 años después, empieza a cosechar los frutos de este trabajo sostenido.

Una genética que elevó la calidad de la carne

Originaria de Japón, la raza Wagyu se distinguió por su capacidad para producir carne con un elevado nivel de marmoleo, es decir, la presencia de grasa intramuscular que contribuyó a la terneza, la jugosidad y las características sensoriales del producto.

Pero su aporte a la ganadería argentina fue más allá de la producción de un tipo de carne diferencial. Según explicó Marín, la alta heredabilidad de esta característica convirtió al Wagyu en una herramienta para mejorar la calidad de otros rodeos.

“Es una raza que no viene a competir o a desplazar a ninguna. Muy lejos de eso, viene a hacer un aporte”, señaló.

El objetivo fue incorporar esa genética de acuerdo con las características y necesidades de cada establecimiento. En rodeos de origen índico o de cruza sintética, el mejoramiento pudo ser especialmente significativo, mientras que en las haciendas británicas aportó herramientas para elevar la calidad de la carne comercializada.

Marín remarcó que cada productor conoce mejor que nadie las condiciones agroecológicas de su campo y sabe qué tipo de hacienda se adapta mejor a su sistema. En ese escenario, el Wagyu ofrece una alternativa para agregar valor a la producción, sin plantear un reemplazo de las razas tradicionales.

Además, los animales se destacan por su docilidad y capacidad de adaptación, cualidades que favorecen su incorporación a distintos planteos productivos.

De los primeros embriones a un núcleo genético de referencia

La historia del Wagyu en la Argentina comenzó a tomar forma en el año 2000, con la compra de embriones por parte de la empresa. Un año después nacieron los primeros reproductores de pedigree, entre ellos "Polaco", uno de los animales emblemáticos de aquella etapa fundacional.

A partir de ese momento se consolidó un proyecto que combinó la incorporación de genética importada con el desarrollo de líneas propias.

La precocidad reproductiva de la raza permitió acelerar ese proceso. Según recordó Marín, a los 15 meses ya dispusieron de semen y comenzaron a realizar los primeros servicios y transferencias embrionarias para mejorar el núcleo genético.

En paralelo, la empresa incorporó material genético del exterior para diversificar las líneas y ampliar la base genética. Luego avanzó con rodeos comerciales de mayor volumen, en una estrategia que permitió pasar de la experimentación inicial a un esquema de producción consolidado.

“Hace más de 20 años que estamos comercializando genética”, explicó Marín. Hasta ese momento, la actividad se había concentrado principalmente en la venta de semen y embriones, pero los pedidos de toros por parte de los compradores impulsaron la decisión de comercializar reproductores en pie.

La oferta del remate reflejó esa evolución: incluyó animales de pedigree y ejemplares de generaciones avanzadas, destinados tanto a quienes buscaron iniciar un planteo Wagyu como a productores que ya trabajaron con la raza y quisieron mejorar sus rodeos.

Más de 3.500 madres en producción

El desarrollo alcanzado por la empresa se apoyó en un núcleo genético de dimensiones relevantes para la Argentina y Sudamérica.

Dentro del grupo Emepa, Don Benjamín Sociedad Anónima, MDN y Estancia Pilar reúnen alrededor de 3.500 madres en producción, distribuidas entre distintos establecimientos.

La mayor parte se encuentra en Estancia Morotí, en Del Campillo, Córdoba, con unas 2.300 madres. Otras 1.100 a 1.200 estaban en Estancia Pilar y MDN, en Santiago del Estero, mientras que cerca de 100 madres de pedigree integraban el núcleo de Santo Tomás de la Sierra, en Saldungaray.

Desde esos establecimientos se sostuvo un programa de selección y mejoramiento que buscó consolidar las características de la raza y ofrecer genética de distintas generaciones.

En la subasta de Río Cuarto se ofrecieron toros de pedigree de dos y tres años, además de ejemplares de generaciones avanzadas. La oferta permitió conocer los animales que conformaron el programa de selección de la cabaña y acceder a reproductores de distintas etapas de desarrollo genético.

La oportunidad de conquistar nuevos mercados

El crecimiento del Wagyu argentino también encontró oportunidades en el mercado internacional. Don Benjamín comercializa carne en destinos tan disímiles como Angola, Perú, España, Suiza, Italia, Francia, Alemania y Brasil, además de atender una demanda sostenida en el mercado interno.

Por otro lado, la apertura del mercado japonés para la carne bovina argentina representó una posibilidad adicional, aunque quedaron desafíos comerciales por resolver, entre ellos los aranceles y la competencia de países con una trayectoria consolidada en este segmento, como Estados Unidos y Australia.

Para Marín, el producto argentino tiene condiciones para competir, pero el desafío consiste en posicionar una marca y construir un lugar propio en el mercado mundial.

“El producto está, la zanahoria está ahí adelante; hay que ver si se puede alcanzar”, graficó, al señalar que el potencial productivo necesita acompañarse con una estrategia comercial capaz de transformar la calidad en oportunidades concretas.

En ese camino, la genética cumple un papel central: producir animales que permitieran mejorar el marmoleo y ofrecer una carne diferenciada formó parte de la apuesta para agregar valor a la cadena.

Un remate que abrió una nueva etapa

La subasta de Río Cuarto representó mucho más que una operación comercial. Fue la culminación de 25 años de trabajo y el comienzo de una nueva etapa para una raza que busca ampliar su participación en la ganadería nacional.

La venta de 50 toros y 20 vaquillonas puso a disposición de los productores una genética que hasta entonces se comercializaba principalmente mediante semen y embriones. Al mismo tiempo, abrió la posibilidad de acelerar la incorporación de Wagyu a establecimientos que buscaron diversificar su producción y mejorar la calidad de la carne.

Un cuarto de siglo después de los primeros nacimientos, el Wagyu llegó a su primer remate de reproductores en el país. El acontecimiento unió visión de largo plazo, mejoramiento genético y búsqueda de nuevos atributos de calidad para una de las principales actividades productivas argentinas.

Federico Aguer

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