Lula y Milei: un vínculo comercial en tensión y el agro como protagonista
La continuidad de Lula abre interrogantes sobre el futuro del Mercosur y la relación con EE.UU., pero no anticipa cambios inmediatos en el intercambio bilateral. Maximiliano Moreno, director del INAI, analizó las oportunidades para el agro argentino: desde el trigo y las economías regionales hasta la posibilidad de ganar mercados.
30/10/2026 | 06:51Redacción Cadena 3
El nuevo escenario global pone sobre la mesa una discusión central para el futuro del agro argentino: cómo competir en un mundo en el que los acuerdos comerciales, las alianzas geopolíticas y las políticas de promoción de exportaciones tienen cada vez más peso.
Además, no todo es lo que parece o se declama: un presidente libertario que sigue cobrando Derechos de Exportación (Milei), versus uno de izquierda que nunca lo hizo (Lula), en un país donde el agronegocio no es mala palabra, y tiene las espaldas suficientes para sostener un rumbo fijo, gobierne quien gobierne.
Lo importantes es que detrás de las diferencias políticas entre ambos mandatarios existe una realidad económica difícil de ignorar: Brasil sigue siendo el principal socio comercial de la Argentina y uno de los mercados más importantes para sus exportaciones agroindustriales. Por eso, al menos en el corto plazo, no se esperan modificaciones sustanciales en el intercambio bilateral.
Así lo planteó a El Campo Hoy Maximiliano Moreno, director del Instituto para las Negociaciones Agrícolas Internacionales (INAI), quien pidió prudencia a la hora de evaluar las consecuencias del resultado electoral brasileño.
"En el plano eminentemente bilateral, no percibo que en el corto plazo tenga que haber restricciones en nuestras exportaciones ni en las importaciones", sostuvo.
Para el especialista, las relaciones comerciales responden a factores que exceden las afinidades personales entre los presidentes: la proximidad geográfica, las preferencias arancelarias del Mercosur, la integración empresarial y, fundamentalmente, las necesidades de abastecimiento de ambos mercados.
Brasil, un socio imprescindible para el agro argentino
Los números explican por qué cualquier deterioro del vínculo comercial tendría consecuencias para la economía argentina. Brasil representa aproximadamente el 14% de las exportaciones totales del país y el 24% de las importaciones. En el universo agroindustrial, ocupa el tercer lugar entre los destinos de los productos argentinos, con ventas cercanas a los 3.500 millones de dólares anuales.
Ese flujo se mantuvo relativamente estable durante la última década, incluso en períodos de fuertes desencuentros políticos entre las administraciones de ambos países.
"En esta última década, el comercio agroindustrial ha fluctuado entre los 3.000 y los 3.500 millones de dólares, sin mayores inconvenientes", destacó Moreno.
El trigo es uno de los ejemplos más representativos de esa interdependencia. Brasil necesita importar grandes volúmenes para abastecer su demanda interna y la Argentina cuenta con una oferta exportable que encuentra allí uno de sus destinos naturales. En la reunión de ABITRIGO de octubre se anticipó que las compras brasileñas podrían superar los 9 millones de toneladas en la campaña 2026/27, un volumen que marcaría un récord de las últimas tres décadas.
Pero el vínculo no se limita a los granos. Leche en polvo, papas congeladas, cebada cervecera, malta, queso mozzarella, peras y ajos frescos integran una extensa lista de productos argentinos que encuentran en el mercado brasileño un comprador estratégico.
En varios de esos rubros, la producción local de Brasil no alcanza para cubrir las necesidades de su mercado interno, lo que convierte al intercambio en una relación de conveniencia económica para ambas partes.
"Hay múltiples ejemplos en los que las relaciones entre los presidentes no han sido óptimas y, sin embargo, el comercio se maneja por otros factores. La integración empresarial y la falta de oferta local suficiente hacen que el intercambio fluya independientemente de la afinidad política", explicó el director del INAI.
En ese contexto, la Argentina también necesita que Brasil mantenga una economía dinámica. Una desaceleración de su actividad, una caída del consumo o dificultades para sostener las inversiones podrían repercutir directamente sobre las compras de productos argentinos, tanto agroindustriales como manufacturados.
El Mercosur, el principal foco de tensión
Si el comercio bilateral aparece relativamente protegido por los intereses económicos de ambos países, el escenario es bastante más complejo cuando se analiza la agenda de negociaciones internacionales.
Allí se encuentra uno de los principales puntos de fricción entre Milei y Lula: la velocidad y la modalidad con las que el Mercosur debe avanzar en acuerdos comerciales con otros bloques y países.
Mientras la administración argentina impulsa una estrategia de apertura más acelerada, Brasil mantiene una postura más cautelosa y defiende que las negociaciones externas deben realizarse de manera conjunta entre los socios del bloque.
El acuerdo comercial con Estados Unidos, la solicitud de ingreso al Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP) y el lanzamiento de negociaciones con Emiratos Árabes Unidos son algunas de las iniciativas que reflejan esa estrategia.
"Argentina tuvo una mirada mucho más ofensiva y agresiva en materia de acuerdos comerciales. Quiere negociar muchos acuerdos y muy rápido. Brasil ha sido más prudente y cauteloso, y eso generó algunas demoras y, por ende, el pedido de flexibilidad", señaló Moreno.
El interrogante es hasta dónde Lula estará dispuesto a tolerar que la Argentina avance por fuera de los mecanismos tradicionales del bloque. Aunque hasta ahora Brasil no tomó medidas contundentes para frenar esas iniciativas, el tema promete seguir ocupando un lugar central en la agenda bilateral.
Para el agro argentino, la discusión tiene implicancias concretas. La posibilidad de acceder a nuevos mercados con menores aranceles, reglas claras y condiciones sanitarias previsibles resulta determinante para competir con países que ya cuentan con una extensa red de acuerdos comerciales.
La Unión Europea, EFTA y Estados Unidos, junto con las negociaciones en curso con India, Vietnam, Japón y Corea del Sur, representan oportunidades para ampliar el universo de compradores y reducir la dependencia de unos pocos destinos.
En definitiva, el desafío no pasa solamente por producir más, sino también por conseguir mejores condiciones para colocar esa producción en el mundo.
La disputa entre Estados Unidos y Brasil puede abrir una ventana para Argentina
Otro de los aspectos que Moreno considera necesario seguir de cerca es la evolución de la relación entre Brasil y Estados Unidos.
Durante 2025 y 2026, los desencuentros entre Trump y Lula derivaron en la aplicación de sobretasas arancelarias sobre productos brasileños, que llegaron a alcanzar el 50% antes de ser parcialmente reducidas.
Si esa tensión vuelve a escalar, la Argentina podría encontrar oportunidades para mejorar su posicionamiento relativo en el mercado norteamericano.
Estados Unidos es uno de los principales importadores mundiales de productos agroindustriales, con compras anuales estimadas en 220.000 millones de dólares. Sin embargo, la participación argentina todavía representa menos del 1% de ese mercado.
"Hay que ver cómo evoluciona la relación entre Brasil y Estados Unidos. Si la situación vuelve a tensarse, podría producirse una nueva escalada arancelaria. Y eso generaría oportunidades para la Argentina en sectores como la carne bovina, el azúcar, la miel, los jugos y el tabaco", advirtió Moreno.
La oportunidad, de todos modos, no está garantizada. Dependerá de las decisiones comerciales de Washington, de la respuesta brasileña y de la capacidad argentina para aprovechar eventuales ventajas de acceso.
Mercosur-Unión Europea: Lula despeja un frente de incertidumbre
La continuidad del presidente brasileño también puede tener efectos favorables sobre otra negociación clave para el agro: el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea.
Lula fue uno de los principales impulsores políticos del entendimiento entre ambos bloques. Su permanencia en el poder despeja, al menos parcialmente, la incertidumbre que podría haber generado un cambio de gobierno en Brasil, especialmente ante las críticas ambientales que históricamente condicionaron las negociaciones europeas.
Para la agroindustria argentina, su plena entrada en vigor representa una oportunidad comercial significativa. Según el análisis del INAI, alrededor del 70% de las exportaciones agroindustriales argentinas a la Unión Europea ya se beneficia de un arancel del 0%. Otro 14% alcanzaría ese beneficio en un período de entre cuatro y diez años, mientras que un 15,5% podría ingresar con aranceles reducidos o nulos mediante cuotas.
Además, Argentina presenta el mayor nivel de utilización de las preferencias comerciales del acuerdo entre los países del Mercosur. Cerca del 60% de sus exportaciones al mercado europeo ingresaron bajo ese régimen, frente al 32% de Brasil, el 23% de Uruguay y el 21% de Paraguay, según los datos citados por el instituto.
Por eso, la continuidad de Lula como defensor del entendimiento puede contribuir a sostener el respaldo político brasileño y evitar que las diferencias ambientales se conviertan en un nuevo obstáculo para su implementación definitiva.
Brasil, un competidor que no deja de crecer
Más allá de las oportunidades que puedan surgir de las diferencias políticas y comerciales entre Brasil y Estados Unidos, existe un desafío estructural para la Argentina: la consolidación de Brasil como una de las grandes potencias agroindustriales del planeta.
En los últimos veinte años, el vecino país prácticamente triplicó su producción de granos. Pasó de 122 millones de toneladas en la campaña 2005/06 a un récord de 362 millones en 2025/26, con la soja y el maíz como principales motores de la expansión.
Detrás de ese crecimiento hay una estrategia sostenida: incorporación de nuevas superficies agrícolas, expansión del sistema de soja seguida por maíz de segunda, innovación tecnológica, mejoras de productividad, financiamiento a la inversión y una política comercial orientada a conquistar mercados.
Moreno considera que no deberían esperarse grandes modificaciones en esa orientación productiva como consecuencia de la reelección de Lula.
"En materia de política agropecuaria no habría que presagiar grandes cambios. Brasil ha tenido una política consistente durante los últimos veinte años, que le permitió triplicar su producción de granos, con un fuerte componente de soja y maíz", analizó.
La dimensión de esa expansión se refleja también en el comercio exterior. Brasil exportó productos del agronegocio por unos 169.200 millones de dólares durante 2025, mientras que las ventas argentinas alcanzaron aproximadamente los 51.000 millones.
China, la Unión Europea, Vietnam, Indonesia, India, Chile y Estados Unidos aparecen entre los destinos coincidentes. En cuanto a los productos, la competencia abarca poroto, aceite y harina de soja, maíz, carne bovina y aviar, azúcar, algodón, tabaco, jugos de frutas y preparaciones alimentarias.
"Somos socios con Brasil, pero también competidores en los mercados internacionales", resumió Moreno.
En definitiva, la reelección de Lula no anticipa, por sí sola, un cambio abrupto en la relación comercial con la Argentina. Más allá de las peleas para la tribuna, los intereses económicos, la integración productiva y las necesidades de abastecimiento de ambos países constituyen factores de continuidad.
Federico Aguer





