Cottolengo Don Orione: una gran familia que desarrolla independencias para cambiar vidas
En el Cottolengo Don Orione de Córdoba viven 120 personas con discapacidad múltiple y otras 30 asisten diariamente a rehabilitación.
04/11/2026 | 11:13Redacción Cadena 3
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Diversidad
Hay lugares donde la palabra hogar adquiere un significado mucho más profundo. Donde cada gesto cotidiano requiere tiempo, paciencia, dedicación y, sobre todo, mucho amor. En el Cottolengo Don Orione de Córdoba, 150 personas encuentran todos los días un espacio de cuidado, acompañamiento y pertenencia.
Allí viven 120 personas con discapacidad múltiple y otras 30 concurren de lunes a viernes para realizar actividades de rehabilitación. Se trata de un universo de necesidades diferentes, donde la atención debe ser permanente y cada avance, por pequeño que parezca, representa una conquista enorme.
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“Los nuestros necesitan atención permanente, las 24 horas, los 365 días del año”, explicó José Sarmiento, integrante del personal estable de la institución, durante una entrevista para Diversidad en Cadena 3.
La población del Cottolengo tiene entre 18 y más de 80 años. Algunas personas llegaron cuando eran pequeñas y llevan gran parte de su vida en el hogar. Otras tienen familiares que las visitan con frecuencia, mientras que algunas permanecen allí porque sus familias no cuentan con los recursos económicos o materiales para brindarles la atención que necesitan.
Sarmiento destacó que no se trata de juzgar las realidades de cada familia, sino de comprender la complejidad de los cuidados que requieren las personas con discapacidades severas y múltiples. “La familia de ellos es la casa de Don Orione. Están ahí hace un montón de tiempo, en muchos casos viven ahí y mueren ahí”, expresó.
Una casa donde cada persona tiene su lugar
El objetivo del Cottolengo es que la institución funcione, ante todo, como un hogar. No solamente como un espacio de asistencia, sino como una casa donde cada residente tenga su dormitorio, su ropa, sus pertenencias y una rutina compartida.
“Tratamos de que sea lo más parecido a una familia, con los líos y desórdenes a la mañana cuando uno se levanta, el que le cuesta levantarse, el momento de bañarse, de acomodar la casa”, contó José.
La organización contempla distintos niveles de asistencia, de acuerdo con las necesidades de cada residente. Actualmente, viven allí aproximadamente 80 mujeres y 40 varones. Hay hogares donde las patologías requieren una mayor presencia de personal, por ejemplo, para acompañar a quienes necesitan ayuda para alimentarse o movilizarse. En otros espacios, las personas tienen más autonomía y pueden desarrollar su vida cotidiana con menor asistencia.
En ese camino se inscribe uno de los proyectos que impulsa la institución: “Pequeñas independencias, grandes logros”. La propuesta busca reconocer y estimular las capacidades de cada persona, para que pueda alcanzar la mayor autonomía posible.
“Para nosotros, que alguien logre atarse los cordones por sí mismo, además de llevar mucho trabajo, mucha gente, muchos técnicos, profesionales y horas de estar ahí, es un gran logro”, explicó Sarmiento.
Cepillarse los dientes, peinarse, ducharse por cuenta propia o pasar de la cama a una silla de ruedas son avances que pueden modificar profundamente la vida de una persona. No se trata solamente de adquirir una habilidad: también significa ganar independencia, motivación y nuevas razones para levantarse cada día.
Aprender desde las posibilidades de cada uno
En el Cottolengo, el trabajo también está puesto en descubrir qué puede hacer cada residente, qué le interesa y qué actividades lo motivan.
Al tratarse de una población adulta, con personas mayores de 18 años, las propuestas se adaptan a sus gustos y potencialidades. Algunos aprenden mediante videojuegos o utilizando una PlayStation; otros trabajan con actividades manuales, ejercicios de motricidad fina o escritura.
“La idea es trabajar con lo que la persona puede, con lo que tiene, con lo que le agrada y con lo que le motiva. Con eso se aprende”, señaló José.
La mirada está puesta en las capacidades y no únicamente en las limitaciones. Un enfoque que busca sostener las habilidades existentes, desarrollar otras nuevas y ofrecer oportunidades para que cada persona pueda participar de la vida cotidiana de acuerdo con sus posibilidades.
Más de 100 voluntarios y una comunidad que acompaña
Sostener una institución de estas características requiere mucho más que personal especializado. Detrás del funcionamiento diario hay una red de personas que aporta tiempo, trabajo y compromiso.
Según contó Sarmiento, más de un centenar de voluntarios se acerca al Cottolengo para colaborar en diferentes áreas. Algunos participan en tareas concretas, otros acompañan actividades recreativas o educativas y muchos llevan propuestas para compartir momentos con los residentes.
“Es un aporte importantísimo. Gente que nos da una mano cierta, concreta, directa, muy valiosa”, destacó.
La institución también enfrenta dificultades económicas. Su sostenimiento se construye con aportes de las obras sociales, contribuciones de las familias y donaciones solidarias. Sin embargo, no todos los residentes cuentan con cobertura y muchas familias atraviesan situaciones económicas complejas.
Sarmiento recordó que el trabajo en discapacidad implica una enorme cantidad de recursos: personal, transporte, profesionales y atención permanente. En ese contexto, destacó que las instituciones no pueden depender exclusivamente de las familias para garantizar los cuidados.
Por eso, dejó un mensaje para quienes creen que su colaboración puede resultar insignificante: “Nunca consideres que la ayuda es poca. El tiempo, un aporte solidario o algo que ya no usás y nosotros podemos seguir usando, le damos un valor muy grande. Nunca es poco”.
La visita del Papa y una oportunidad para poner luz sobre la discapacidad
En la antesala de la visita del Papa a la Argentina, la elección de una casa de Don Orione en Buenos Aires generó una alegría especial en el Cottolengo cordobés.
Para Sarmiento, el gesto del Pontífice trasciende a una institución en particular y representa una oportunidad para visibilizar la realidad de las personas con discapacidad.
“Cuando el Papa elige una casa de Don Orione, no solamente está eligiendo las otras casas de Don Orione de nuestro país, sino también a la discapacidad. Con su elección dice: ‘Ojo con la discapacidad, pongamos luz ahí’”, reflexionó.
Aunque reconoció que las condiciones de organización y seguridad del viaje hacen difícil que los residentes puedan participar de las actividades previstas en Córdoba, el hogar encontró una manera de sumarse.
A través de la campaña “Poné tu corazón”, prepararon una gran alcancía con forma de corazón, construida y decorada con la participación de muchas personas. Allí los cordobeses podrán dejar sus intenciones, pedidos y oraciones. La propuesta también invita a acercarse a la institución, conocer su realidad y colaborar de distintas maneras.
La idea es que ese corazón llegue hasta Fadea, donde se desarrollará una de las actividades vinculadas a la visita papal, como símbolo de una comunidad que quiere hacerse presente.
Pero, más allá de la visita, el mensaje de José Sarmiento apunta a algo que necesita sostenerse todos los días: mirar hacia esos espacios que muchas veces permanecen detrás de puertas poco conocidas.
“Los invitamos a que vengan, que nos hagan llegar su corazón de la forma que quieran. Pueden visitarnos, contactarnos o preguntarnos de qué modo podemos ayudar”, expresó.
Porque detrás de cada residente hay una historia, una necesidad y una vida que merece ser acompañada. Y detrás de cada pequeño logro, hay un equipo de personas que trabaja para hacerlo posible.
En el Cottolengo de Córdoba saben que ninguna ayuda es pequeña y que la autonomía puede empezar con algo tan sencillo —y tan enorme— como aprender a atarse los cordones.





