Ruta del maíz: 3.000 kilómetros para conocer el campo que mira al futuro
Cadena 3 recorrió cuatro estados de Estados Unidos para conocer de cerca la agricultura, la ganadería y las tecnologías que transforman al campo norteamericano. Maquinaria, genética, riego, etanol, feedlots y universidades fueron algunas de las paradas de un viaje que dejó grandes aprendizajes para el agro argentino.
08/09/2026 | 08:31Redacción Cadena 3
Tres mil kilómetros, diez ciudades, cuatro estados y una pregunta como eje: ¿qué tiene para enseñarnos el campo estadounidense y qué puede llevarse el productor argentino de esta experiencia?
Con esa premisa, Cadena 3 recorrió desde el corazón de Chicago hasta el oeste de Nebraska en una verdadera Ruta del Maíz, atravesando algunos de los territorios agrícolas y ganaderos más importantes de Estados Unidos.
El recorrido permitió observar en primera persona cómo funciona uno de los sistemas agropecuarios más desarrollados del planeta y, al mismo tiempo, comprobar que detrás de las grandes cosechadoras, los enormes campos y la infraestructura existe un productor que también enfrenta problemas, precios internacionales adversos y la necesidad permanente de adaptarse.
El ingeniero agrónomo Aquiles Salinas, uno de los coordinadores técnicos del tour, fue uno de los encargados de acompañar a los productores argentinos durante el recorrido y resumió la experiencia en diálogo con El Campo Hoy.

"Hemos recorrido cerca de 3.000 kilómetros desde el centro de Chicago hasta el oeste de Nebraska. Hemos visto sistemas productivos agrícolas y ganaderos", explicó.
Del maíz del Corn Belt al oeste más seco
El paisaje fue cambiando a medida que el grupo avanzaba hacia el oeste. Desde la zona de Chicago, en el corazón del denominado Corn Belt, hasta Nebraska, la disponibilidad de agua comenzó a transformarse en un factor cada vez más determinante.
En las zonas más secas, la producción continúa siendo de altísimos niveles, pero con una diferencia fundamental: el riego adquiere un papel central.
"Vimos muy buenos maíces, excelentes lotes, pero a medida que nos fuimos hacia el oeste, que es más seco, la producción está más vinculada al riego", destacó Salinas.
Los pivotes de riego se convirtieron así en una imagen recurrente del recorrido y permitieron comprender hasta qué punto la disponibilidad de agua, la infraestructura y la tecnología forman parte de la ecuación productiva.
El contraste también apareció en los rindes esperados. Mientras las estimaciones oficiales del USDA anticipan una campaña de gran productividad, los técnicos y productores consultados durante el viaje plantearon algunas diferencias respecto de esas proyecciones.
Farm Progress Show: la maquinaria como protagonista
Uno de los grandes hitos del recorrido fue la visita al Farm Progress Show, en Boone, Iowa.
Allí, los productores argentinos pudieron observar en vivo la dimensión de la industria de maquinaria agrícola estadounidense: cosechadoras, tractores, sembradoras, pulverizadoras, equipos autónomos y una enorme variedad de soluciones tecnológicas.
Pero hubo un detalle que llamó particularmente la atención: la labranza todavía tiene una presencia importante.
"Recordemos que acá el invierno es con nieve, entonces necesitan calentar los suelos y para eso necesitan hacer labranza", explicó Salinas.

La escena permitió romper con algunas ideas preconcebidas. La agricultura estadounidense también combina herramientas de última generación con prácticas que responden a condiciones ambientales muy particulares. La tecnología, en definitiva, no reemplaza al ambiente: se adapta a él.
Un productor que también enfrenta dificultades
Otra de las conclusiones del viaje fue que el campo estadounidense está lejos de ser un escenario sin problemas.
Los bajos precios de los granos y la complejidad de los mercados internacionales también golpean al productor norteamericano.
"El productor americano no está en una situación tan simple. Es muy compleja por los precios de los granos y está buscando la forma de adaptarse", señaló Salinas.
La diferencia aparece, en buena medida, en la estructura sobre la que trabaja. Estados Unidos cuenta con una infraestructura mucho más desarrollada, acceso al financiamiento, políticas de apoyo y una mayor previsibilidad para planificar las campañas.
Eso no significa que los productores no enfrenten dificultades. Significa que cuentan con más herramientas para atravesarlas.
Del maíz al etanol y del etanol a los feedlots
La Ruta del Maíz también permitió comprender que el sistema productivo estadounidense no puede analizarse por sectores aislados.
Una de las claves está en la integración entre agricultura, industria y ganadería.
El Estado estadounidense impulsó hace décadas una política destinada a favorecer la transformación del maíz en etanol, generando una enorme demanda interna para el cereal.
Y de ese entramado surge otra pieza fundamental: la ganadería intensiva.
Nebraska es uno de los principales estados estadounidenses en engorde de bovinos y el recorrido incluyó la visita a dos grandes feedlots, donde los viajeros pudieron conocer de cerca un sistema ganadero de escala industrial.
Así, el maíz producido en el campo encuentra una demanda dentro del propio sistema y se transforma en carne y energía.
Campo, industria y ganadería forman parte de una misma cadena.
La gran diferencia: infraestructura y previsibilidad
Después de miles de kilómetros de recorrido, Salinas planteó una conclusión especialmente interesante para Argentina.
En materia de equipamiento tecnológico, las diferencias ya no son tan grandes como podrían imaginarse.
"Las tecnologías están prácticamente igualadas en cuanto a equipamiento", sostuvo.
La verdadera brecha aparece en otro lugar: la infraestructura y la estabilidad del sistema.
La posibilidad de contar con caminos, almacenamiento, logística, financiamiento, energía y reglas relativamente previsibles permite al productor estadounidense tomar decisiones con un horizonte diferente.
No necesariamente tiene una tecnología radicalmente distinta. Tiene, muchas veces, las condiciones para utilizarla con mayor previsibilidad.
Una cultura de trabajo marcada por el clima
Otro de los aprendizajes que el grupo argentino se lleva de Estados Unidos tiene que ver con algo mucho menos tangible que una máquina o una semilla: la cultura del trabajo.
En buena parte del territorio recorrido, las ventanas de siembra y cosecha están determinadas por un clima extremadamente exigente.
El invierno puede cubrir los campos de nieve y, cuando las condiciones permiten volver a trabajar, todo debe hacerse rápidamente.
"Se va la nieve y tienen que sembrar en un período de un mes; y la cosecha es en un mes. Necesariamente tienen una infraestructura muy grande, muy capitalizada", explicó Salinas.
Y allí aparece otra diferencia importante respecto de Argentina.
Mientras muchos de los viajeros que participaron del tour son prestadores de servicios agrícolas, esa figura tiene una presencia mucho menor en Estados Unidos.
El productor norteamericano suele contar con una enorme capacidad instalada propia: maquinaria, almacenamiento e infraestructura suficiente para responder a una ventana de trabajo muy corta.
"Acá prácticamente no existen los servicios", remarcó Salinas.
Productor, familia y máquinas
En ese contexto, la explotación familiar adquiere un rol central.
Productor, esposa e hijos forman parte muchas veces de una estructura que debe funcionar coordinadamente durante los momentos críticos de la campaña.
"Todos los productores están arriba de las máquinas: productor, su esposa, su hijo. Es un sistema que trabaja prácticamente todos al mismo tiempo", describió.
No se trata solamente de una cuestión cultural. Es también una consecuencia de la necesidad productiva.
Cuando la ventana climática es estrecha, no hay tiempo que perder.
Ciencia y genética: la otra pata del modelo
El viaje también permitió conocer el trabajo de las universidades y centros de investigación.
En esas instituciones, la agricultura de precisión, los sensores, el análisis de datos y la genética se integran con el objetivo de seguir aumentando la eficiencia.
Una de las visitas permitió conocer de cerca el trabajo relacionado con la generación de nuevos híbridos. "Vimos que realmente hay una inversión en ciencia para generar los mejores híbridos y que los rendimientos sigan creciendo", destacó Salinas.
Ese vínculo entre investigación, empresas y productores constituye otra de las características centrales del modelo estadounidense. La ciencia no aparece como una actividad separada del campo: es una herramienta directamente vinculada con la productividad. No tienen un INTA, es cierto, pero los altos centros de estudio investigan y hacen extensión, atrayendo e incentivando a científicos de todo el mundo.
¿Qué se lleva Argentina?
Después de recorrer 3.000 kilómetros, la conclusión no pasa por copiar el modelo estadounidense. Más bien, por identificar qué aspectos podrían adaptarse a la realidad argentina.
Tecnología, genética, agricultura de precisión, integración entre producción e industria, infraestructura y previsibilidad aparecen como algunos de los grandes aprendizajes.
Pero quizás el principal mensaje sea otro. Y es que el productor argentino no tiene por qué sentirse inferior frente a la enorme escala del agro estadounidense.
Por el contrario, el recorrido permitió comprobar que la capacidad tecnológica y el conocimiento de ambos productores están mucho más cerca de lo que podría suponerse.

La gran diferencia está en el contexto. Argentina tiene productores altamente capacitados, empresarios innovadores y una enorme capacidad de adaptación. Estados Unidos cuenta con una estructura de infraestructura, financiamiento y políticas de largo plazo que le permite trabajar con mayor previsibilidad. Y no existen las zonas periurbanas.
La Ruta del Maíz dejó entonces una enseñanza doble: hay mucho para aprender de Estados Unidos, pero también mucho de lo que Argentina puede sentirse orgullosa.
Tres mil kilómetros después, entre maíces de altísimo potencial, pivotes de riego, enormes cosechadoras, feedlots, universidades y campos que se pierden en el horizonte, quedó claro que el futuro del agro no depende solamente de tener más tecnología. También depende de construir las condiciones para que esa tecnología pueda desplegar todo su potencial.
Además, una agenda coordinada previamente por los referentes técnicos de Coovaeco Turismo, permitió a acceder a lugares clave, en los que los referentes de cada uno de ellos nos esperaban con la mejor intención de explicar e intercambiar información con la comitiva argentina. La traducción de los hermanos agrónomos Axel y Matías Von Martini, junto con la logística a cargo de Esteban Barberis fueron clave para poder llevarlo adelante.
Federico Aguer
Enviado Especial a EE.UU.





