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Malvinas: 5 noticias calentitas al hilo

¿Qué capacidad tiene realmente la Argentina para modificar algo en el escenario internacional? | Por Adrián Simioni.

08/09/2026 | 14:19Redacción Cadena 3

Perspectiva Nacional

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Javier Milei durante el discurso por Malvinas.

FOTO: Javier Milei durante el discurso por Malvinas.

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  1. Audio. Malvinas: 5 noticias calentitas al hilo | Por Adrián Simioni

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Cuando el jueves pasado el presidente Javier Milei dio su cadena nacional sobre Malvinas, uno podía reaccionar con cierto escepticismo. Más allá de la discusión política sobre sus intenciones, quedaba una pregunta inevitable: ¿qué capacidad tiene realmente la Argentina para modificar algo en el escenario internacional?

Después de todo, se trata de un país con un peso relativo limitado y con pocas herramientas para presionar a una potencia como el Reino Unido. La sensación inicial podía ser que la Argentina tomaría algunas decisiones, formularía nuevas advertencias y después no pasaría demasiado.

Sin embargo, entre ayer y hoy se produjeron cinco novedades que, al menos, muestran que algunas fichas comenzaron a moverse.

La primera es concreta: el Gobierno presentó una denuncia penal contra cinco empresas vinculadas con la actividad hidrocarburífera en las Islas Malvinas y contra sus autoridades. La presentación alcanza a Navitas Petroleum Development & Production, Navitas Petroleum Atlantic United, Navitas Petroleum LP, JHI Associates y Eco (Atlantic) Oil & Gas.

El planteo sostiene que esas compañías operan con licencias otorgadas por el Reino Unido sin autorización de la Argentina. Ahora habrá que ver qué recorrido tiene la denuncia en la Justicia y cuál puede ser su efecto práctico. Pero ya no se trata únicamente de un discurso: existe una acción penal formal.

La segunda novedad apareció dentro del poderoso mundo de los servicios petroleros. Halliburton, Baker Hughes, DLS Archer y SLB —la antigua Schlumberger— comunicaron que no participan ni tienen previsto intervenir en el proyecto Sea Lion.

No son nombres menores. Muchas veces, las compañías petroleras más conocidas poseen las concesiones, consiguen el financiamiento y comercializan la producción. Pero son estas grandes proveedoras internacionales las que ponen los equipos, perforan y hacen funcionar los pozos.

Por eso, que cuatro jugadores de ese tamaño se desmarquen del proyecto no significa que Sea Lion haya quedado paralizado, pero sí eleva sus dificultades y sus costos. Una petrolera puede tener una licencia británica y el dinero necesario, pero también necesita quién ponga los fierros.

La tercera señal llegó de Tenaris. La compañía de origen argentino, uno de los principales fabricantes de caños para la industria energética en el mundo, aseguró que nunca proveyó materiales para operaciones en Malvinas y que tampoco lo hará en el futuro.

Tenaris fabrica y vende tubos en numerosos países y sus productos están presentes en buena parte de los grandes proyectos petroleros. Su decisión se suma al repliegue de las compañías internacionales de servicios y amplía el cerco empresarial alrededor de Sea Lion.

La cuarta novedad se produjo en el plano diplomático. Donald Trump habló con el primer ministro británico, Andy Burnham. Fue la primera conversación entre ambos desde que el presidente estadounidense abrió la posibilidad de revisar la posición de Washington sobre Malvinas si el Reino Unido persistía en no incrementar suficientemente su presupuesto de defensa.

No se sabe si hablaron específicamente de las islas. El comunicado de Downing Street mencionó la guerra entre Rusia y Ucrania y la situación en Medio Oriente, pero no hizo ninguna referencia a Malvinas. Sería apresurado, entonces, afirmar que hubo un giro diplomático.

Pero el dato político es otro: el tema comenzó a aparecer en las especulaciones y discusiones de la política británica. La sola posibilidad de que Estados Unidos reevalúe su postura obliga a Londres a prestarle atención.

La quinta noticia llegó desde Israel, en medio de una fuerte tensión con el Reino Unido por las restricciones británicas al comercio con los asentamientos israelíes en Cisjordania.

El ministro de Finanzas israelí, Bezalel Smotrich, reclamó la expulsión del embajador británico y llegó a definir al Reino Unido como un país conquistado por el islam radical. Pero el que fue directamente al tema Malvinas fue el ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir.

Ben-Gvir le pidió al primer ministro Benjamin Netanyahu que Israel reconozca la soberanía argentina sobre las islas y que imponga sanciones a Gran Bretaña mientras continúe la ocupación.

Hay que poner esta declaración en su justo lugar. Es la posición de un ministro y no una decisión oficial del Estado de Israel. Además, surge dentro de una disputa propia entre Israel y el Reino Unido. No parece producto de un repentino descubrimiento de la causa argentina.

Pero en política internacional los apoyos casi nunca son desinteresados. Los países se mueven por conveniencias, alianzas y conflictos. Lo relevante es que Malvinas apareció como una herramienta dentro de una pelea diplomática que excede a la Argentina.

Ninguna de estas cinco noticias modifica por sí sola la situación de soberanía. Tampoco significa que la explotación petrolera haya quedado bloqueada ni que Estados Unidos o Israel estén por reconocer inmediatamente la posición argentina.

Pero son demasiados movimientos juntos como para ignorarlos.

La denuncia penal, el alejamiento de proveedores internacionales, la postura de Tenaris, la conversación entre Trump y Burnham y el pronunciamiento de Ben-Gvir ocurrieron prácticamente al hilo.

El jueves, sinceramente, no esperaba que se movieran tantas fichas en tan poco tiempo. La Argentina sigue teniendo una capacidad de presión limitada. Pero, al menos esta vez, la discusión no quedó encerrada dentro de sus fronteras.

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