Laura Passerini: “El campo avanza a pesar de las retenciones; somos gente que siempre apuesta a más”
La presidenta de la Bolsa de Cereales de Córdoba dijo a Cadena 3 que los derechos de exportación están “en el nudo de los problemas de competitividad” en el sector. “Somos el principal generador genuino de empleo”, enfatizó.
08/09/2026 | 20:35Redacción Cadena 3
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La Argentina Hoy
¿Cómo recibió la noticia de haber sido declarada una de las cincuenta mujeres más influyentes de la Argentina? ¿Esperaba una distinción así?
Es un gran orgullo y una enorme responsabilidad. Se trató de un programa impulsado por una entidad bancaria en Argentina y, aunque uno participa con mucho entusiasmo, recibir este reconocimiento genera un impacto muy fuerte.
Todavía suele llamar la atención que una mujer presida una entidad como la Bolsa de Cereales de Córdoba. ¿Cómo fue su camino para llegar a este lugar?
No estuvo en mis planes ni era una expectativa personal, sino que hoy lo veo como el fruto del trabajo, del esfuerzo y de haber contado con el acompañamiento y la ayuda de diversos actores en distintos momentos de mi vida profesional y laboral, entre ellos la propia Bolsa de Cereales de Córdoba.
Para quienes no conocen el funcionamiento de la entidad, ¿qué tareas realiza la Bolsa de Cereales de Córdoba?
Es una institución de referencia que cumple simultáneamente el rol de bolsa y cámara. Su principal tarea es la representación activa de toda la cadena bioagroindustrial de la provincia de Córdoba. Yo ingresé allí entre los años 2003 y 2004, poco después de recibirme de abogada, cuando me incorporé a trabajar en la empresa familiar. Mi padre, que era un empresario de referencia en diversas cámaras y bolsas, ya era una persona mayor y no podía escuchar bien, por lo que me solicitó que lo acompañara en carácter de oyente. Gracias a que me abrieron las puertas en esos espacios, me conocen en la actividad desde muy joven.
Le tocó presenciar los últimos veinticinco años de la actividad, un período marcado por un crecimiento exponencial de la producción y la consolidación de la soja en un lugar preponderante. ¿Cómo definiría la vivencia de este proceso histórico?
Ha sido una verdadera vorágine. El crecimiento de la producción agroindustrial en nuestro país ha sido exponencial, pero también ha estado signado por altibajos muy pronunciados, fuertemente condicionados por los vaivenes de la política y de la economía. Si tuviera que sintetizarlo en un concepto, la palabra es vorágine.
A lo largo de todo este tiempo, el sector ha mantenido una firme postura en contra de los derechos de exportación. ¿Cuál es el impacto real que tienen las retenciones sobre la actividad?
Los derechos de exportación constituyen el nudo del problema de competitividad que sufre el campo. Representan un flagelo y un impuesto sumamente distorsivo. Por esta razón, continuaremos reclamando firmemente hasta que se logre su eliminación de forma definitiva.
¿Cómo evalúa el esquema actual y los anuncios oficiales respecto a este impuesto?
En mayo de este año hubo un primer acercamiento del presidente en Buenos Aires donde se anunció un esquema de reducción, pero hasta el momento no se contempla una eliminación a cero de las retenciones. Esto representa un problema para nosotros, ya que persiste un miedo latente de que el impuesto siga funcionando como la herramienta de emergencia a la que el Estado recurre cada vez que enfrenta un problema económico o financiero. Se han acostumbrado a utilizarlo y se ha convertido en una solución fácil y crónica.
¿Por qué considera que los sucesivos gobiernos argentinos no terminan de asimilar la importancia estratégica de la agroindustria?
Creo que prevalece una visión predominantemente política y recaudatoria hacia el campo, en lugar de una visión genuinamente productiva. Necesitamos un cambio de paradigma para comprender que las políticas de desarrollo productivo deben superar los plazos de los calendarios electorales, proyectándose hacia el futuro con la decisión política de convertirnos en la potencia agroindustrial que estamos destinados a ser.
Se estima que el Estado nacional ha retenido al campo cordobés y de todo el país más de 200.000 millones de dólares en los últimos veinticinco años. ¿Qué destino hubieran tenido esos recursos de haber quedado en el sector productivo?
Lo primero que debe entenderse es que la renta del campo vuelve de inmediato a circular en la economía. Lamentablemente, una parte de la sociedad aún no comprende que el campo es un gran dinamizador económico y no un mero generador de divisas. El productor agropecuario reinvierte constantemente su capital en su zona: demanda servicios locales, genera empleo, adquiere maquinarias y fomenta el desarrollo industrial de las comunidades cercanas. Es el principal creador de empleo genuino en el interior. Asimismo, moviliza fuertemente el sector inmobiliario urbano, ya que una de las primeras inversiones habituales del productor es adquirir departamentos en las ciudades para que sus hijos estudien. También motoriza la contratación de servicios profesionales especializados en agronomía, desarrollo genético, tecnología aplicada y el uso de drones.
Al recorrer exposiciones del sector es notable la constante incorporación de tecnología de punta y la alta capacitación de sus recursos humanos. ¿Cómo valora este perfil tecnológico?
La evolución tecnológica y profesional del campo es extraordinaria. Hoy contamos con recursos humanos sumamente tecnificados y especializados. De hecho, la bioagroindustria argentina se define principalmente por su gran capacidad para incorporar tecnología, innovación y desarrollo de forma permanente, lo cual representa una de nuestras mayores ventajas competitivas a nivel mundial.
Frente a la reactivación y desarrollo del sector ganadero en el país, ¿cree que este crecimiento le restará espacio a la producción agrícola tradicional?
De ninguna manera. No se trata de un escenario donde una actividad excluya a la otra; por el contrario, son totalmente complementarias. Según las últimas proyecciones de la FAO, la demanda futura de commodities agrícolas seguirá liderada por la alimentación humana, seguida por la alimentación animal y, en tercer lugar, por usos bioenergéticos como la biomasa y los biocombustibles. Esto demuestra que existe un amplio espacio de crecimiento armónico para toda la producción en su conjunto.
Córdoba posee un enorme potencial en la producción de biocombustibles. ¿Podría la provincia lograr el autoabastecimiento energético por esta vía?
Absolutamente, es una posibilidad real. A nivel nacional se producen anualmente unas 70 millones de toneladas de maíz, de las cuales Córdoba aporta alrededor de 20 millones. La molienda local procesa entre 3 y 3,5 millones de toneladas, destinando el resto a la alimentación de ganado y a la producción de biocombustibles. Desde la Bolsa insistimos permanentemente en la necesidad de aumentar de forma progresiva el porcentaje de corte obligatorio de los combustibles; esta medida no debe ser una respuesta de emergencia ante crisis de desabastecimiento, sino una política estratégica y productiva de largo plazo.
En el escenario geopolítico actual, ¿qué relevancia adquiere la Argentina en materia de seguridad alimentaria global?
El mercado global presenta una gran volatilidad, acentuada significativamente por el desarrollo del conflicto bélico entre Rusia y Ucrania. Este escenario está redefiniendo los corredores comerciales del mundo, abriendo una oportunidad geopolítica sumamente estratégica para que Argentina consolide su rol y coloque sus grandes volúmenes de producción agropecuaria en el exterior.
¿La Bolsa de Chicago sigue funcionando como la referencia indiscutida para la fijación de precios, o la irrupción de nuevos mercados ha debilitado su influencia?
La referencia principal para el posicionamiento de precios siguen siendo los movimientos de los fondos especulativos en la Bolsa de Chicago; a partir de allí se definen las tendencias del mercado. Por supuesto, existen variables adicionales de peso, como la ralentización de la demanda china que ha provocado una baja en el consumo de soja y ha presionado los precios hacia abajo, alejándonos de los registros históricos de 600 o 650 dólares la tonelada. Pero la Bolsa de Chicago continúa siendo la guía de referencia.
¿Hacia dónde debe orientarse el desafío de agregar valor en origen a la producción primaria?
El agregado de valor consiste fundamentalmente en inyectar competitividad a nuestros granos. El principal desafío radica en realizar ese proceso de industrialización lo más cerca posible del suelo donde se produce, ya que allí se genera el diferencial económico más importante para las comunidades locales. No obstante, considero que la exportación de granos en estado primario no representa un fracaso en sí mismo; ambas opciones, la exportación directa y la industrialización, son perfectamente complementarias.
Si el Estado no hubiese detraído esos 200.000 millones de dólares mediante retenciones, ¿se habría consolidado un perfil más industrializado en origen? ¿Considera que existen mercados para absorber ese valor agregado?
Sí, definitivamente existen mercados y el salto industrial es necesario para adaptarnos a las crecientes exigencias de los compradores internacionales. El campo argentino ha demostrado una resiliencia asombrosa a lo largo de los años, logrando avanzar e innovar a pesar de las retenciones y de las permanentes fluctuaciones de la política económica. Esto se debe a que el productor agropecuario tiene un fuerte gen emprendedor que lo impulsa a apostar siempre por más, superando cualquier adversidad.
Muchas de las principales industrias multinacionales de la provincia nacieron como emprendimientos familiares en pequeñas localidades del interior cordobés. ¿Es este un sello distintivo de Córdoba frente a otras regiones?
Es un rasgo muy distintivo de nuestra provincia. El desarrollo económico e industrial de Córdoba se explica directamente por el esfuerzo y la perseverancia de familias que emprendieron a lo largo del tiempo. Es muy inspirador comprobar que las nuevas generaciones continúan con este legado; recientemente participamos en un encuentro de AgTech en Río Cuarto y fue sumamente gratificante ver a los jóvenes innovar y apostar a proyectos disruptivos. Asimismo, en el interior se está consolidando el desarrollo de microeconomías circulares.
¿Cómo operan estas microeconomías circulares en el entramado productivo local?
Consiste en redefinir los procesos tradicionales para que los residuos y descartes de la producción no sean vistos como desperdicio, sino como materia prima para una nueva unidad de negocios. Un caso emblemático ocurre en la localidad de Ticino, donde la planta procesadora de maní genera energía eléctrica a partir de la cáscara del cultivo; esto permitió que, durante el gran apagón nacional de hace unos años, Ticino fuera el único pueblo del país con luz. También contamos con ejemplos como C3 Biogás, que produce biogás bajo un formato cooperativo a partir de residuos comunitarios, o el establecimiento Las Chilcas, que genera bioetanol procesando el maíz de su propia cosecha.
Se observa además una coexistencia muy pacífica y un trabajo colaborativo entre las empresas privadas y el movimiento cooperativo en la región. ¿Cómo analiza esa dinámica?
Coexisten de manera excelente, compartiendo un espacio de trabajo conjunto y colaborativo, sin conflictos de competencia. El cooperativismo cumple el rol fundamental de integrar y brindar escala a los pequeños productores. Córdoba se caracteriza por esta sinergia; los diferentes actores que integran la cadena agroindustrial, más allá de que comercialmente puedan sostener intereses específicos divergentes, demuestran siempre una gran vocación para el diálogo, la búsqueda de consensos y la mejora continua de la actividad.
Con el nivel de representatividad y reconocimiento que ha alcanzado como dirigente del sector, ¿ha considerado la posibilidad de incursionar en la política partidaria?
En la actualidad mi interés y compromiso están centrados exclusivamente en el ámbito institucional. La Bolsa de Cereales de Córdoba es una institución por la cual siento un profundo cariño, contamos con un excelente equipo de profesionales para trabajar y hoy toda mi dedicación está puesta en cumplir de la mejor manera mi rol como dirigente de la entidad.
Para finalizar, es una costumbre del programa solicitar a nuestros invitados una recomendación personal de un libro, serie o película. ¿Cuál es su elección?
Elijo el libro "Piensa de nuevo" de Adam Grant. Es una obra sumamente interesante que nos invita permanentemente a repensar, a no aferrarnos ciegamente a ideas preestablecidas y a mantenernos abiertos a la curiosidad, al aprendizaje constante y a la valiosa capacidad de cambiar de opinión.
Entrevista de Sergio Suppo.
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¿Quién fue declarada una de las cincuenta mujeres más influyentes de la Argentina? La Bolsa de Cereales de Córdoba fue presidida por una mujer que recibió este reconocimiento.
¿Qué rol desempeña la Bolsa de Cereales de Córdoba? Representa activamente toda la cadena bioagroindustrial de la provincia de Córdoba.
¿Qué impacto tienen los derechos de exportación en el sector? Constituyen un problema de competitividad y un impuesto distorsivo que se busca eliminar.
¿Cuál es el potencial de Córdoba en biocombustibles? Puede lograr el autoabastecimiento energético, aportando 20 millones de toneladas de maíz anualmente.
¿Cómo es la dinámica entre empresas privadas y cooperativas en Córdoba? Coexisten de manera colaborativa, integrando y brindando escala a pequeños productores.





