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GLOF, el fenómeno detrás de la tragedia en Nepal: qué riesgo representa para Argentina y Chile

El glaciólogo e investigador del Conicet Juan Pablo Milana explicó a Cadena 3 cómo se producen estos aluviones asociados al hielo y recordó antecedentes ocurridos en San Juan.

28/08/2026 | 16:12Redacción Cadena 3

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GLOF: un riesgo latente en la cordillera

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  1. Audio. GLOF: el fenómeno de Nepal que enciende las alertas por el riesgo en la Cordillera argentina

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El devastador episodio registrado en Nepal, que dejó al menos 579 muertos y 1.924 desaparecidos, volvió a poner en el centro de la escena a los llamados GLOF, sigla en inglés de Glacial Lake Outburst Flood, un fenómeno que puede provocar inundaciones y aluviones repentinos asociados al colapso de masas de hielo, lagunas glaciares o represas naturales.

Juan Pablo Milana, doctor en Ciencias Geológicas, especialista en glaciología, nivología y sedimentología e investigador del Conicet, en diálogo con Cadena 3 explicó que este tipo de eventos presenta una característica que los diferencia de las inundaciones tradicionales.

“El hielo flota. Cuando hay una represa en donde el hielo participa, hay grandes posibilidades de que todo ese muro colapse instantáneamente”, señaló.

Según explicó, en una represa convencional el agua puede comenzar a desbordar y erosionar progresivamente la estructura. En cambio, cuando interviene el hielo, el comportamiento puede ser mucho más repentino: el material puede desprenderse y liberar enormes cantidades de agua en cuestión de segundos.

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Por esa razón, los GLOF pueden transformarse en fenómenos extremadamente súbitos y destructivos, con muy poco tiempo para que las personas ubicadas aguas abajo puedan reaccionar.

Argentina ya tiene antecedentes

Milana recordó que la Argentina no está exenta de este tipo de fenómenos y que, de hecho, uno de los principales antecedentes históricos se remonta a 1937, cuando se produjo el colapso de una represa de hielo asociada al glaciar del Plomo, en la alta Cordillera.

El episodio fue detectado posteriormente a partir de estudios geológicos, ya que no había personas en el lugar que pudieran observar directamente el fenómeno.

El especialista sostuvo que aquel acontecimiento fue una de las razones que llevaron a prestar especial atención a los riesgos asociados a los glaciares y a la dinámica de las masas de hielo en la Cordillera.

Pero existe otro antecedente mucho más reciente. Milana mencionó el caso de la Laguna de los Erizos, en San Juan, donde en 2004 se produjo un desprendimiento que movilizó alrededor de 35 millones de metros cúbicos de agua y sedimentos.

El aluvión recorrió unos 250 kilómetros y llegó a llenar dos diques prácticamente de manera instantánea.

“Puede suceder en San Juan, en La Rioja, en todas las provincias andinas que tengan montañas razonablemente altas”, advirtió el investigador.

La tecnología permite monitorear el peligro

Para Milana, una de las principales diferencias respecto de décadas atrás es la enorme cantidad de información disponible mediante satélites.

Consideró que actualmente existen herramientas suficientes para realizar un monitoreo permanente de los cuerpos de agua y detectar modificaciones que puedan anticipar una situación de peligro.

En ese sentido, mencionó los satélites Sentinel 1 y Sentinel 2, que permiten obtener imágenes periódicas de la superficie terrestre.

El especialista explicó que mediante sistemas de información geográfica y programas automatizados se podría analizar la evolución de las lagunas y detectar cuándo una superficie de agua comienza a crecer de manera inusual.

“Cuando vos ves que hay un cuerpo de agua que se está creciendo demasiado, ponés una alerta automática”, explicó.

De esta manera, el monitoreo no dependería necesariamente de que una persona observe cada imagen satelital. Un sistema automatizado podría identificar cambios significativos y generar una advertencia.

La nieve también puede incrementar el riesgo

Otro factor que genera preocupación es la cantidad de nieve acumulada durante este invierno en distintos sectores de la Cordillera.

Milana explicó que la nieve agrega peso a las cornisas y a las pendientes y puede contribuir a generar condiciones favorables para desprendimientos y deslizamientos.

Además, cuando comienza el proceso de derretimiento, el agua puede infiltrarse y afectar la estabilidad del terreno.

“Si hay una posibilidad de un deslizamiento de tierra, si le ponés 100 toneladas encima, seguro que se va a caer en ese momento”, graficó el especialista.

Por eso, la combinación de abundante nieve, temperaturas variables, deshielo y pendientes inestables requiere especial atención durante los próximos meses.

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El riesgo en El Chaltén

Durante la entrevista también se consultó al investigador por la situación en El Chaltén, en Santa Cruz, una zona donde existen sectores de laderas potencialmente inestables.

Milana señaló que existe una laguna ubicada por encima de la localidad, conocida como Laguna Torre, que puede representar un peligro en determinadas circunstancias.

Sin embargo, consideró que un eventual desprendimiento no necesariamente tendría la misma magnitud que el fenómeno ocurrido en Nepal.

En este caso, además, el riesgo está vinculado no solamente con el comportamiento de los glaciares, sino también con la estabilidad de las laderas y el posible desprendimiento de grandes volúmenes de roca y hielo.

El “terremoto” que en realidad fue provocado por el aluvión

Uno de los aspectos más llamativos del desastre ocurrido en Nepal fue el movimiento del suelo que inicialmente llevó a pensar que podía haberse producido un terremoto.

Sin embargo, de acuerdo con los análisis mencionados por Milana y con información del Servicio Geológico de Estados Unidos, el movimiento habría sido consecuencia del propio desprendimiento.

Una gran masa de hielo y roca se desplazó por la pendiente y, al impactar contra el terreno, produjo una vibración de enorme magnitud, registrada como un evento sísmico de alrededor de 5,2.

El fenómeno demuestra la enorme energía que puede liberar un desprendimiento de estas características.

La planificación urbana, otra clave para reducir las víctimas

Más allá de la capacidad tecnológica para detectar cambios en glaciares, lagunas y laderas, Milana remarcó que la prevención también depende de dónde se construyen las ciudades y las viviendas.

El especialista señaló que uno de los problemas observados en los desastres de Nepal y China fue la presencia de población y construcciones en áreas aluvionales, cercanas a los cauces de ríos de montaña.

En ese sentido, sostuvo que las viviendas ubicadas en sectores elevados pueden quedar fuera del alcance de una riada, mientras que las construidas en zonas bajas y próximas a los cauces quedan mucho más expuestas.

La experiencia de Nepal vuelve así a poner en discusión un problema que también atraviesa a las regiones cordilleranas de Argentina y Chile: conocer los riesgos naturales, monitorearlos y, sobre todo, evitar que el crecimiento urbano avance sobre las zonas que históricamente funcionan como vías naturales de escurrimiento.

El desafío, según el especialista, no pasa solamente por saber si un GLOF puede ocurrir, sino por contar con sistemas de monitoreo capaces de detectarlo con anticipación y con una planificación territorial que reduzca al mínimo la exposición de la población.

Entrevista de "Viva la Radio"

Lectura rápida

¿Qué evento devastador ocurrió en Nepal? Un episodio que dejó al menos 579 muertos y 1.924 desaparecidos, relacionado con un GLOF.

¿Quién es Juan Pablo Milana? Un doctor en Ciencias Geológicas y especialista en glaciología, investigador del Conicet que explica los riesgos de los GLOF.

¿Cuándo ocurrió un antecedente en Argentina? En 1937, cuando se produjo el colapso de una represa de hielo asociada al glaciar del Plomo.

¿Dónde se encuentra la Laguna de los Erizos? En San Juan, donde en 2004 se produjo un desprendimiento que movilizó 35 millones de metros cúbicos de agua.

¿Cómo se puede monitorear el peligro? Mediante satélites como Sentinel 1 y Sentinel 2, que permiten detectar cambios en los cuerpos de agua.

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