Noticias del progresismo para Argentina
Hay noticias que resultan interesantes no sólo por lo que dicen, sino por quién las dice. Es lo que acaba de ocurrir con dos evaluaciones favorables sobre la economía en ámbitos difícilmente identificables con Milei | Por Adrián Simioni.
27/07/2026 | 14:17Redacción Cadena 3
Hay noticias que resultan particularmente interesantes no sólo por lo que dicen, sino por quién las dice. Es lo que acaba de ocurrir con dos evaluaciones favorables sobre la economía argentina surgidas de ámbitos difícilmente identificables con Javier Milei.
La primera corresponde a Rafael Di Tella, hijo del excanciller Guido Di Tella, economista argentino y profesor de la Escuela de Negocios de Harvard. No es mileísta, rechaza la dolarización, cuestiona los insultos del Presidente y se reconoce más cercano a una mirada heterodoxa de la economía.
Precisamente por eso adquiere relevancia su diagnóstico. En una entrevista con La Nación, Di Tella admitió que se equivocó al evaluar el programa económico del Gobierno. Había pronosticado que un ajuste tan ortodoxo necesitaría una recesión "bestial" para reducir la inflación. Sin embargo, reconoció que la desinflación fue mucho más rápida de lo esperado y que el plan marcha "sorprendentemente bien".
No es un elogio menor. Tampoco proviene de un economista que haya decidido convertirse de repente en propagandista libertario. Di Tella mantiene fuertes diferencias con el Gobierno y cuestiona, entre otras cosas, la dureza del ajuste sobre los jubilados. Pero reconoce que Milei consiguió quebrar en muy poco tiempo la denominada dominancia fiscal: la subordinación de la política monetaria a la necesidad permanente de financiar el déficit público.
Además, tuvo una honestidad intelectual que escasea en la discusión argentina. Dijo, sencillamente: "Me equivoqué".
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Su segunda advertencia quizás sea todavía más importante. Mientras exista la posibilidad política de que el programa económico sea revertido, sostuvo, será difícil que la reactivación alcance una gran magnitud. Ningún inversor compromete capital a largo plazo si teme que dentro de unos años regresen el déficit descontrolado, la emisión monetaria y el incumplimiento de las deudas.
Di Tella también dejó una definición demoledora sobre el progresismo argentino. Lo describió como una "manga de chantas" que se abraza a causas nobles para generar enormes déficits fiscales y luego financiarlos mediante una inflación que termina castigando principalmente a los pobres.
La frase puede sonar brutal, pero toca una de las grandes contradicciones de cierto progresismo local: dice defender a los sectores más vulnerables mientras reivindica políticas que destruyen el valor de sus salarios, jubilaciones y ahorros. En nombre de la justicia social, se termina aplicando el impuesto más regresivo de todos.
La segunda noticia llegó desde Estados Unidos. No se trata de una columna firmada por un periodista simpatizante de Milei, sino de una posición institucional del comité editorial de The Washington Post, uno de los diarios de mayor influencia dentro del universo progresista norteamericano.
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El editorial fue titulado "El renacimiento de la Argentina continúa" y destacó que el país recibió tres mejoras en su calificación crediticia en menos de tres meses: primero Fitch, luego S&P Global y finalmente Moody's. También señaló que la deuda argentina dejó de ubicarse entre las más riesgosas del mercado global y atribuyó esa evolución a la estabilización macroeconómica, el ordenamiento fiscal y la caída de la inflación.
Por supuesto, una opinión favorable de The Washington Post no significa que todos los problemas estén resueltos. La Argentina todavía está lejos de recuperar el grado de inversión, la mejora no llegó con igual intensidad a todos los sectores y muchas familias continúan padeciendo dificultades económicas. Tampoco una suba en la calificación crediticia reemplaza al crecimiento, al empleo o a la recuperación del poder adquisitivo.
Pero negar los avances porque no encajan en una posición ideológica tampoco ayuda a comprender lo que está ocurriendo.
El contraste con una parte importante de la oposición argentina es evidente. Mientras en el exterior se valora la recuperación del equilibrio fiscal y la reducción del riesgo de incumplimiento, sectores vinculados con Axel Kicillof relativizan la centralidad del orden de las cuentas públicas. Máximo Kirchner, por su parte, insiste en que la deuda no puede pagarse en las actuales condiciones y deberá ser reestructurada.
Ese discurso tiene consecuencias. Si una fuerza con posibilidades de regresar al poder no ofrece garantías sobre la continuidad del equilibrio fiscal y el respeto por las obligaciones asumidas, las decisiones de inversión, producción y consumo se postergan. El riesgo político se convierte, así, en riesgo económico.
Ni Rafael Di Tella ni The Washington Post entregaron un certificado definitivo de éxito al Gobierno. Lo que hicieron fue reconocer resultados que buena parte del progresismo argentino todavía se resiste a mirar.
Desde afuera comienzan a observar una Argentina que vuelve lentamente a ser considerada confiable. Adentro, en cambio, persiste la amenaza de quienes todavía parecen creer que la aritmética puede derogarse mediante un discurso.
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