Del 11-S a Irán: 25 años de un ciclo que sigue abierto
A un cuarto de siglo de los atentados, el ciclo estratégico abierto por Washington sigue proyectando guerras, costos y consecuencias inesperadas: de Afganistán e Irak a Irán, con derivaciones que alcanzan incluso a Malvinas.
10/09/2026 | 22:43Redacción Cadena 3
Este 11 de septiembre se cumplen 25 años de los atentados de 2001. Estados Unidos sufrió aquel día el ataque terrorista más mortífero de su historia: 2.977 personas de más de 90 países fueron asesinadas por Al Qaeda en Nueva York, el Pentágono y Pensilvania. Fue una agresión contra civiles, contra una democracia y contra algunos de los principales símbolos económicos y militares de la mayor potencia mundial. Estados Unidos tenía razones sobradas para responder. La OTAN invocó por primera vez en su historia el artículo 5 de defensa colectiva y el Consejo de Seguridad de la ONU reconoció el derecho de legítima defensa. El mundo cambió con la respuesta estadounidense.
Durante el cuarto de siglo siguiente, Washington persiguió y debilitó a Al Qaeda, mató a Osama bin Laden y transformó profundamente sus estructuras de inteligencia y seguridad. También libró guerras larguísimas en Afganistán e Irak. El proyecto Costs of War de la Universidad Brown calcula que, hasta 2021, el gobierno estadounidense había gastado o comprometido más de 8 billones de dólares —8 millones de millones— en las guerras posteriores al 11-S.
Mirado con cierta distancia histórica, cabe preguntarse si el ciclo estratégico que abrió la respuesta al 11-S terminó alguna vez. Peter Bergen, uno de los principales especialistas en Al Qaeda, acaba de definir la guerra contra el terrorismo como una "época" de la vida estadounidense y sostiene que Estados Unidos todavía vive dentro de ella. Afganistán concluyó para Washington con la retirada de 2021 y Al Qaeda perdió buena parte de la capacidad que tenía entonces. Pero apenas cuatro meses después de los atentados, George W. Bush advirtió que la guerra contra el terrorismo "recién comenzaba" e incluyó a Irán, Irak y Corea del Norte en el "eje del mal". Irán no tuvo responsabilidad en el 11-S y la hostilidad entre Washington y Teherán era muy anterior. La respuesta a aquellos atentados amplió profundamente el mapa de amenazas que Estados Unidos consideró ligado a su propia seguridad.
Veinticinco años después, Estados Unidos combate directamente contra Irán, uno de los tres países que Bush incluyó entonces en el "eje del mal". La paradoja es mayor si se tiene en cuenta que Donald Trump construyó parte de su discurso político alrededor del rechazo a las "guerras interminables". La campaña contra Irán, iniciada el 28 de febrero junto con Israel, entró en su séptimo mes y Trump acaba de afirmar que espera que termine después de las elecciones legislativas de noviembre. Sigue sin aparecer con claridad qué condiciones permitirían considerar cumplido el objetivo estadounidense.
En 415 a. C., Atenas envió una enorme expedición a Sicilia durante la Guerra del Peloponeso. Disponía de una flota formidable y aspiraba a ampliar su dominio en el Mediterráneo occidental. Dos años después, la campaña terminó en una catástrofe: buena parte de aquella fuerza había sido destruida y Atenas quedó mucho más vulnerable frente a Esparta y sus enemigos.
El relato de Tucídides sobre aquella campaña permite observar un problema que reaparecería muchas veces en la historia. Atenas conocía los recursos militares que enviaba a Sicilia, pero calculó mal la resistencia que encontraría, la intervención de otros actores y el costo de prolongar la aventura. Más de dos milenios después, Vietnam dejó una lección todavía más brutal y cercana: Estados Unidos podía dominar buena parte del campo de batalla y, aun así, perder la guerra en términos políticos y estratégicos.
Las comparaciones son odiosas, dice la frase remanida. Pero en este caso vale la pena tomarlas en serio. Estados Unidos es una democracia constitucional e Irán poco tiene que ver con la Sicilia del siglo V a. C. Hay, sin embargo, una constante: disponer de una fuerza enorme no garantiza obtener el resultado político buscado.
Washington volvió a comprobarlo después del 11-S. El régimen talibán se derrumbó rápidamente en Afganistán en 2001. Veinte años después, Estados Unidos se retiró y los talibanes recuperaron Kabul. Saddam Hussein cayó pocas semanas después de la invasión de Irak en 2003, pero siguieron años de ocupación, una insurgencia y consecuencias regionales que Washington no había previsto. Entre ellas, la caída de Saddam eliminó uno de los principales contrapesos a Irán y contribuyó a ampliar la influencia de Teherán en Irak y en la región.
Estados Unidos parece haber aprendido, al menos, cuánto cuesta ocupar un país. Irán muestra una estrategia diferente. Washington utiliza fundamentalmente su superioridad aérea y naval y no ha lanzado una invasión terrestre destinada a conquistar y administrar el país. La diferencia con Afganistán e Irak es sustancial.
Irán ha sufrido importantes daños militares y económicos, pero su régimen sigue en pie y conserva capacidad para perturbar rutas energéticas fundamentales. El estrecho de Ormuz, por donde antes de la guerra circulaba aproximadamente una quinta parte de los suministros mundiales de petróleo y gas, continúa muy por debajo de sus niveles normales de tránsito y el Brent volvió a superar los 100 dólares. Teherán es un régimen autoritario que confronta desde hace décadas con Estados Unidos y su programa nuclear plantea preocupaciones reales de seguridad. La preocupación de Washington tiene fundamentos concretos, aunque el resultado que pretende alcanzar con esta guerra es menos claro.
La campaña contra Irán ya tuvo consecuencias lejos de Medio Oriente. Una de ellas interesa directamente a Argentina: Malvinas.
A fines de agosto, Trump dijo que estaba revisando la posición de Estados Unidos sobre las islas. Washington reconoce la administración británica de facto, pero históricamente ha evitado pronunciarse sobre la soberanía. La eventual revisión apareció entre las opciones analizadas por el Pentágono para presionar a aliados de la OTAN a los que la administración Trump consideraba poco solidarios con la campaña contra Irán. La tensión con Londres abrió así una oportunidad que Milei aprovechó endureciendo las sanciones contra quienes participan de la explotación petrolera alrededor de las islas.
Conviene medir esa oportunidad con prudencia. Estados Unidos todavía no cambió su posición y Londres acaba de reafirmar la suya. La relación política entre Milei y Trump puede ser útil para Argentina, pero Malvinas trasciende a ambos presidentes. Una estrategia eficaz requiere continuidad diplomática, capacidad económica y militar, alianzas y tiempo.
Atenas tenía una enorme flota cuando navegó hacia Sicilia, pero calculó mal lo que podía conseguir con ella. Veinticinco años después del 11-S, Estados Unidos sigue siendo, por amplio margen, el país que más recursos destina a defensa en el mundo. Importa entonces qué aprendió durante este cuarto de siglo. El poder permite responder a una agresión y ganar batallas. La política tiene la tarea bastante más compleja de decidir cuándo una guerra cumplió su propósito.
Lectura rápida
¿Qué ocurrió el 11 de septiembre de 2001?
El 11 de septiembre de 2001, Estados Unidos sufrió el ataque terrorista más mortífero de su historia, con 2.977 personas asesinadas por Al Qaeda.
¿Quién fue el presidente de Estados Unidos durante los atentados?
El presidente de Estados Unidos durante los atentados fue George W. Bush.
¿Qué respuesta tuvo Estados Unidos tras los atentados?
Estados Unidos invocó el artículo 5 de defensa colectiva de la OTAN y el Consejo de Seguridad de la ONU reconoció el derecho de legítima defensa.
¿Cuánto gastó Estados Unidos en guerras posteriores al 11-S?
Hasta 2021, Estados Unidos gastó más de 8 billones de dólares en guerras posteriores al 11-S, según el proyecto Costs of War de la Universidad Brown.
¿Qué relación hay entre la campaña contra Irán y Malvinas?
La campaña contra Irán llevó a Trump a revisar la posición de Estados Unidos sobre Malvinas, lo que generó una oportunidad para Milei en relación a la soberanía de las islas.





