El Gobierno buscó maquillar el mal dato de la inflación con una catarata de buenas noticias
14/08/2026 | 07:07Redacción Cadena 3 Rosario
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Radioinforme 3 Rosario
La inflación sigue siendo una obsesión para el gobierno de Javier Milei. Desde el comienzo de su gestión, el objetivo fue mostrar una reducción acelerada de un problema que durante años condicionó la vida cotidiana de los argentinos. Por eso, cada vez que aparece un dato que se desvía de la trayectoria esperada, la reacción oficial es inmediata. El 2,1% de inflación de julio no es un desastre, pero tampoco es el número que el Gobierno quería mostrar. Y eso explica buena parte de la catarata de anuncios positivos que vimos en estos días.
Yo lo resumiría con una vieja idea: para esconder un elefante en la calle Florida, hay que llenarla de elefantes. Y eso es lo que hizo el Gobierno. Frente a un dato de inflación que podía resultar incómodo, aparecieron anuncios sobre créditos en dólares para empresas, las nuevas inversiones vinculadas con Vaca Muerta, el proyecto de YPF y Argentina LNG, y distintas señales destinadas a mostrar que el futuro económico del país es mucho más alentador de lo que indica el índice de precios.
Quiero ser claro: muchas de esas noticias son buenas. El problema es otro. Es preguntarnos cuánto de eso impacta hoy en el bolsillo de un argentino. La inversión de largo plazo en energía puede transformar la estructura productiva del país. Que Vaca Muerta tenga más reservas de las estimadas es extraordinario. Que YPF pueda avanzar hacia un proyecto de exportación de gas licuado de semejante magnitud también lo es. Pero ninguna de esas noticias modifica inmediatamente el salario, el empleo, el consumo o la situación de una familia que llega con dificultades a fin de mes.
Y acá aparece una cuestión que considero central: el Gobierno está tratando de construir expectativas hacia adelante, mientras buena parte de la sociedad está evaluando su presente. Son dos temporalidades diferentes. Una cosa es decirle a un empresario que dentro de cinco, ocho o diez años la Argentina puede convertirse en una potencia energética y minera. Otra muy distinta es preguntarle a una familia si hoy puede pagar el alquiler, mantener su nivel de consumo o conservar su empleo.
La obsesión con la inflación tiene una explicación. El Gobierno puede exhibir una caída extraordinaria respecto de los niveles que recibió. Pero tampoco podemos olvidar que el propio proceso económico tuvo enormes costos. La corrida cambiaria del año pasado implicó una salida de aproximadamente 41.000 millones de dólares, una pérdida de reservas y una corrección cambiaria que, naturalmente, terminó trasladándose nuevamente a los precios. La inflación volvió a acelerarse porque en la Argentina todavía existe una relación muy fuerte entre dólar y precios.
Julio, además, tuvo componentes estacionales importantes. Cuando uno desestacionaliza el índice, el resultado es menor. Pero el ciudadano no vive de estadísticas desestacionalizadas. Vive de los precios que encuentra en el supermercado, de la factura de los servicios, del alquiler, del combustible y de todo aquello que necesita pagar. Por eso me parece significativo que el Gobierno haya puesto tanto énfasis en la inflación núcleo. Es un indicador técnicamente relevante, pero no necesariamente es el que mejor explica lo que siente una persona cuando mira su billetera.
También tenemos que mirar el otro gran anuncio económico: los 10.000 millones de dólares adicionales que el Gobierno pretende conseguir para atravesar el año electoral de 2027 con mayor tranquilidad. No es un número casual. En un año normal, la Argentina puede tener una dolarización de activos cercana a los 30.000 millones de dólares. En un año electoral y de incertidumbre, esa cifra puede aumentar significativamente. El año pasado vimos una dolarización de alrededor de 41.000 millones. Por eso esos 10.000 millones adicionales funcionan también como una señal para intentar ordenar las expectativas del mercado.
Pero ahí aparece nuevamente la pregunta fundamental: ¿alcanza con administrar las expectativas? ¿Alcanza con mostrar que hay un horizonte de inversiones extraordinarias? ¿Alcanza con anunciar créditos o reservas energéticas? Yo creo que no. Porque la política económica no se evalúa solamente por lo que promete para dentro de una década. También se evalúa por lo que produce hoy.
Y esto nos lleva directamente al terreno electoral. El Gobierno parece convencido de que la reducción de la inflación será uno de sus principales argumentos para pedirle a la sociedad un nuevo voto de confianza. Es posible. Pero hay un riesgo enorme en esa estrategia: quedarse demasiado aferrado a las demandas del pasado. Hace tres o cuatro años la inflación era, sin ninguna duda, la principal preocupación de los argentinos. Hoy sigue siendo importante, pero convive con otras angustias: la falta de actividad, el empleo, los ingresos, el consumo y la incertidumbre sobre el futuro.
La pregunta que yo me haría es muy sencilla: ¿qué va a pesar más en el voto? ¿Que la inflación haya bajado o que una persona sienta que perdió capacidad adquisitiva? ¿Que el país tenga enormes oportunidades energéticas dentro de diez años o que una pequeña empresa haya tenido que reducir personal este año? ¿Que exista un proyecto de inversión de 51.000 millones de dólares o que una familia tenga que mudarse porque ya no puede sostener el costo de vivir donde siempre vivió?
No quiero minimizar las buenas noticias. Todo lo contrario. Argentina necesita inversiones, necesita producir energía, necesita exportar, necesita crédito y necesita dólares genuinos. El problema es creer que esas noticias, por sí solas, resuelven las dificultades del presente. La sociedad puede valorar un horizonte de crecimiento, pero también necesita sentir que ese crecimiento empieza a llegar a su vida cotidiana.
Por eso creo que el verdadero desafío de Milei no es solamente bajar la inflación. Es lograr que la sociedad perciba que la estabilidad tiene un correlato concreto en su vida. Porque la estabilidad puede ser necesaria, pero nadie está dispuesto a pagar cualquier precio por ella indefinidamente. Si bajás la inflación pero al mismo tiempo caen los ingresos, se frena la actividad y se deteriora el empleo, tarde o temprano aparece una pregunta inevitable: ¿para qué sirve esta estabilidad si mi vida está peor?
El Gobierno tiene buenas noticias para mostrar. Tiene Vaca Muerta, tiene proyectos de infraestructura energética, tiene posibilidades enormes de exportación y tiene una oportunidad histórica para transformar la matriz productiva argentina. Pero también tiene que escuchar lo que está pasando abajo. La política consiste, justamente, en interpretar cuándo cambian las prioridades de la sociedad.
Y ahí está mi advertencia final: cuidado con pensar que las demandas de hace tres o cuatro años son exactamente las demandas de hoy. La sociedad quería que terminara la inflación descontrolada, por supuesto. Pero también quiere trabajo, mejores ingresos, consumo, previsibilidad y una vida que pueda ser proyectada. El desafío para Milei es lograr que esas dos cosas dejen de ser objetivos contradictorios y empiecen a formar parte de una misma realidad.
Porque una cosa es prometer un futuro mejor. Y otra, mucho más difícil, es conseguir que la gente empiece a sentirlo en el presente.
Lectura rápida
¿Cuál es la obsesión del gobierno actual? La obsesión del gobierno de Javier Milei es la inflación y su reducción acelerada.
¿Qué anunció el gobierno para contrarrestar un dato de inflación incómodo? Anunció créditos en dólares para empresas y nuevas inversiones vinculadas con Vaca Muerta.
¿Qué impacto tienen las inversiones a largo plazo en la actualidad? Las inversiones a largo plazo no modifican inmediatamente el salario, el empleo ni el consumo de los argentinos.
¿Qué busca el gobierno al mostrar expectativas de inversión? Busca ordenar las expectativas del mercado y generar confianza ante el año electoral de 2027.
¿Cuál es el verdadero desafío de Milei? El verdadero desafío de Milei es lograr que la estabilidad económica se refleje en la vida cotidiana de los ciudadanos.





