¿Por qué siguen subiendo los precios?
La inercia de contratos, la reducción de subsidios y la incertidumbre mantienen el índice en el 2,1%. La promesa oficial de llegar a mitad de 2026 sin inflación no se cumplió | Por Adrián Simioni.
14/08/2026 | 10:26Redacción Cadena 3
La inflación continúa lejos de desaparecer. El índice de julio fue del 2,1% y volvió a contrariar el pronóstico del presidente Javier Milei, quien el año pasado le había puesto una fecha precisa al final del problema.
"La inflación aún es alta, pero quiero decirles que a mitad del año que viene se va a terminar. Nosotros hemos fijado la cantidad de dinero a mitad del año pasado. Eso quiere decir que la inflación tiene fecha de defunción y es a mitad del año que viene", afirmó entonces el mandatario.
Ese momento llegó, pero la inflación no murió. Ni siquiera comenzó con cero, como esperaba el Gobierno: se mantuvo por encima del 2%. El dato muestra que dejar de emitir constituye una condición importante para estabilizar la economía, pero no alcanza para eliminar rápidamente una dinámica construida durante décadas.
Una de las explicaciones es que todavía circulan los pesos emitidos en años anteriores. Como no hubo una eliminación directa de ese excedente monetario, el Gobierno busca evitar que termine presionando sobre los precios o el dólar mediante instrumentos que absorben liquidez y ofrecen tasas de interés elevadas.
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Esa estrategia también tiene consecuencias. El encarecimiento del crédito debilita la actividad económica y una economía estancada demanda menos dinero para realizar transacciones. De ese modo, el excedente de pesos puede transformarse nuevamente en una fuente de presión.
Otro componente es la corrección de precios que durante años permanecieron contenidos artificialmente. Las tarifas de electricidad y gas ya tenían un costo, pero una parte considerable era cubierta por el Estado mediante subsidios financiados, en buena medida, con emisión. Al reducirse esa asistencia, el costo no desaparece: pasa del presupuesto público directamente al bolsillo de los usuarios y queda reflejado en el índice.
A esto se suman las expectativas de devaluación, la incertidumbre política y las tensiones habituales de los períodos electorales. Son factores conocidos, pero vuelven a alimentar conductas defensivas: empresas que remarcan para anticiparse, consumidores que adelantan gastos y ahorristas que buscan cobertura en el dólar.
Sin embargo, existe un problema más profundo: la indexación. Buena parte de los contratos argentinos se actualiza automáticamente según la inflación pasada. Ocurre con alquileres, salarios, cuotas y numerosos servicios.
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Oficial. La inflación fue de 2,1% en julio y acumuló 33,8% en los últimos doce meses
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El mecanismo produce una paradoja. Una suba internacional del petróleo encarece los combustibles y eleva el índice general. Después, ese mismo índice se utiliza para actualizar un alquiler, aunque el valor de una vivienda no tenga una relación directa con el precio del crudo. El aumento del alquiler, a su vez, queda incorporado en la medición siguiente.
Se forma así un circuito que se retroalimenta. Cada incremento pasa al índice y el índice vuelve a trasladarse a los contratos. Incluso en julio, con una inflación del 2,1%, los salarios acordados por convenio avanzaron un 4,1%, según el informe mencionado durante el análisis.
Esto no significa que la responsabilidad sea exclusivamente de los privados ni que los argentinos aumenten los precios simplemente por costumbre. La indexación surgió como una defensa razonable frente a décadas de inflación: sin mecanismos de actualización, salarios, alquileres e ingresos perdían rápidamente su valor.
El problema aparece cuando esa protección se convierte en una máquina de reproducir aumentos. Si todos los contratos miran hacia atrás para definir sus precios futuros, la inflación pasada sigue condicionando el presente aun cuando la emisión disminuya.
Desarmar esa lógica requiere credibilidad, estabilidad y tiempo. También exige que el Gobierno abandone pronósticos demasiado precisos que después no puede cumplir. Prometer una inflación que "empiece con cero" no cambia los contratos ni elimina la incertidumbre; si la meta vuelve a postergarse, incluso puede deteriorar las expectativas que pretende ordenar.
La Argentina consiguió reducir considerablemente la velocidad de los aumentos, pero todavía no logró quebrar su inercia.
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