De dónde surgió el nombre de las facturas: panaderos anarquistas e insultos velados al poder
Juan Blondont se preguntó por qué este alimento que tanto nos gusta lleva ese nombre.
26/08/2026 | 19:30Redacción Cadena 3
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Audio. De dónde surgió el nombre de las facturas: panaderos anarquistas e insultos velados al poder
Amamos Argentina
El periodista de Cadena 3, Juan Blondont, se sumergió este miércoles, en su habitual columna, en el origen del nombre de las facturas que los argentinos tanto amamos.
Hay cosas que uno aprende de chico y acepta sin cuestionar. Pero alguna vez alguien se preguntó: ¿por qué se llaman facturas? ¿Qué tienen de facturación? ¿Dónde entra la AFIP en todo esto?
La palabra “factura” viene del latín facere, que significa “hacer”. Es decir, algo hecho, algo elaborado. En la Argentina terminó convirtiéndose en el nombre genérico de esas delicias de masa que se compran sueltas, de a docena o de a media, casi siempre con la firme sospecha de que a casa no van a llegar todas las que salieron de la panadería.
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Lo verdaderamente extraordinario, sin embargo, no está en la masa. Está en los nombres. Porque muchas de nuestras facturas son, en realidad, panfletos políticos comestibles.
A fines del siglo XIX, los obreros panaderos argentinos trabajaban en condiciones muy duras: jornadas interminables, salarios bajos y casi ningún derecho.
El 4 de agosto de 1887 se fundó la Sociedad Cosmopolita de Resistencia y Colocación de Obreros Panaderos, impulsada por los inmigrantes italianos vinculados al anarquismo. En enero de 1888 estalló una huelga que duró unos diez días. Y ahí apareció una genialidad bien argentina: si no se podía derribar al poder, por lo menos se le podían poner nombres irónicos a las facturas.
Nombres que, de haber sido entendidos en su momento, les habrían dado vergüenza a más de uno entrar a una panadería. Los panaderos empezaron a bautizar sus productos con burlas dirigidas contra la policía, el ejército y la Iglesia católica. Y esos nombres sobrevivieron 138 años… y seguirán vivos muchos más.
Entre los más emblemáticos están:
El vigilante: factura larga, generalmente cubierta de azúcar y con tiritas de crema pastelera o membrillo. Su forma recuerda el bastón de la policía. Los panaderos tomaron el símbolo de la autoridad que los reprimía y lo convirtieron en algo para mojar en el café con leche.
Los cañoncitos: tubos de hojaldre enrollado, rellenos de dulce de leche o crema. Una referencia directa a la artillería y, por extensión, al ejército.
Los sacramentos: masas rellenas de dulce de membrillo con las que se burlaban de los rituales y dogmas de la Iglesia.
La bola de fraile (también conocida como suspiro de monja): masas esféricas rellenas de dulce de leche que ironizaban sobre los “atributos” de los clérigos. Como se ve, la Iglesia no era precisamente la institución preferida del anarquismo.
Una sola palabra puede ser, al mismo tiempo, receta, protesta y chiste. Un verdadero pedacito de historia. La ideología pasó, las generaciones cambiaron, los gobiernos mutaron y los sindicatos se transformaron. Pero el vigilante, la bola de fraile y el cañoncito siguen ahí, intactos.
Ahora bien… ¿qué habría pasado si otros gremios hubieran tenido el mismo sentido del humor? Los contadores podrían haber inventado “la declaración jurada”: una masa seca, difícil de tragar y que nadie entiende del todo.
Los abogados, el “falso testimonio”: una factura que aseguran que es la más rica… hasta que la probás.
Los médicos, “el turno”: una factura que pedís hoy y te entregan dentro de tres meses.
Los periodistas, “la primicia”: una que solo puede comer uno y después tiene que contarle a todos cómo sabía.
Y los empleados de oficina, directamente, “la reunión”: algo que podría resolverse en dos líneas, pero prefieren que dure una hora y media en tragarse. Aquellos panaderos no tenían redes sociales, ni internet, ni celulares. Tenían bronca, harina, grasa, azúcar y un horno. Y canalizaron esa bronca a través de la ironía. De ahora en más, cada vez que entremos a una panadería estaremos participando de una de las formas más deliciosas de protesta social que produjo nuestra historia.
Por Juan Blondont.
Lectura rápida
¿Cuál es el origen del nombre "facturas"? La palabra "factura" proviene del latín "facere", que significa "hacer", refiriéndose a algo elaborado.
¿Quién escribió sobre el origen de las facturas? El artículo fue escrito por el periodista de Cadena 3, Juan Blondont.
¿Cuándo se fundó la Sociedad Cosmopolita de Resistencia y Colocación de Obreros Panaderos? La sociedad se fundó el 4 de agosto de 1887.
¿Dónde se originó la costumbre de nombrar las facturas de forma irónica? Esta costumbre se originó en Argentina entre los panaderos que buscaban burlarse del poder.
¿Por qué los panaderos comenzaron a poner nombres irónicos a las facturas? Lo hicieron como una forma de protesta social, dado que trabajaban en condiciones muy duras y buscaban canalizar su bronca.





