Milei busca recuperar centralidad: polarización, defensa del plan económico y agenda legislativa
26/08/2026 | 07:01Redacción Cadena 3 Rosario
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Radioinforme 3 Rosario
El Gobierno de Javier Milei está intentando recuperar centralidad política. Y creo que esa búsqueda tiene que ver, fundamentalmente, con una necesidad: llegar al proceso electoral de 2027 con capacidad para volver a imponer agenda, defender su programa económico y recuperar parte del terreno que fue perdiendo durante los últimos meses.
Porque el Gobierno atravesó entre marzo y junio una crisis autoinfligida muy importante alrededor del episodio Adorni. No fue solamente un problema de imagen. Fue algo más profundo: golpeó uno de los principales atributos con los que el oficialismo había construido su identidad. La diferencia con la política tradicional no era solamente económica. También era moral. Era la promesa de transparencia, austeridad y distancia respecto de las prácticas que Milei denunciaba como propias de la casta.
Y cuando ese argumento moral empieza a deteriorarse, el Gobierno pierde una herramienta fundamental de diferenciación. No importa solamente cuánto dinero esté involucrado en una determinada situación. Lo importante es que el oficialismo había construido buena parte de su legitimidad sobre la idea de que venía a hacer las cosas de otra manera. Por eso los casos que generan dudas sobre funcionarios o colaboradores tienen un impacto mucho mayor del que tendría un episodio similar en otra administración.
Ahí aparecen también otros problemas, como las investigaciones alrededor de Cerimedo, las cuestiones vinculadas con la AFA o el caso ANDIS. Pero el episodio Adorni fue particularmente visible. Y frente a eso el Gobierno tuvo una oportunidad que no aprovechó: marcar una distancia clara, asumir el costo político y demostrar que sus propios estándares de transparencia eran diferentes. En cambio, muchas veces eligió cerrar filas.
Entonces, ¿cómo recupera Milei centralidad? En primer lugar, apelando a algo que conoce muy bien: la polarización.
El presidente volvió a intensificar sus enfrentamientos con periodistas y medios de comunicación. Pasó buena parte de una jornada en las redes sociales confrontando, insultando y buscando enemigos. Esto no es casual. Milei llegó a la Presidencia, en buena medida, construyendo una identidad política basada en la confrontación. Y entiende que una parte de su capacidad de movilización está precisamente allí: en diferenciarse, en señalar adversarios y en alimentar a su base digital.
Pero hay un problema. Las redes sociales no son exactamente las mismas que hace dos años. El fenómeno libertario tuvo una enorme dimensión tecnológica, y eso no significa que sus votos hayan sido ficticios. Los votos fueron reales. El apoyo social existió. Pero también hubo una amplificación digital que hoy parece mucho más limitada. La caída de Cerimedo y el retroceso de la influencia de Santiago Caputo forman parte de ese nuevo escenario.
Por eso creo que el presidente intenta compensar esa pérdida de centralidad digital con más confrontación. A los gritos, a los insultos, a las peleas. El problema es que eso puede entusiasmar a los convencidos, pero difícilmente alcance para ampliar una base electoral.
El segundo camino que está intentando el Gobierno es defender el programa económico. Milei les pidió a sus ministros y legisladores que salgan a defenderlo. Pero acá aparece una dificultad evidente: no existe todavía una estrategia comunicacional suficientemente organizada. No hay una distribución clara de tareas, mensajes y voceros.
Y esto es llamativo porque el menemismo, al que tanto se menciona en estas discusiones, tenía una maquinaria comunicacional mucho más coordinada. Corach hablaba con los periodistas, había voceros formales e informales, dirigentes permanentemente presentes en los medios y una estrategia definida sobre quién decía qué y en qué momento. Era otro sistema mediático, mucho menos fragmentado, pero había planificación.
Hoy eso no existe. El sistema de comunicación del Gobierno está atravesado, además, por tensiones internas entre Karina Milei y Santiago Caputo. Y esa falta de coordinación termina siendo un problema político porque el Gobierno puede tener argumentos económicos para defender, pero si no logra explicarlos de manera coherente, otros terminan ocupando ese espacio.
Y acá entra una discusión muy importante: ¿cómo se defiende el programa económico? ¿Negando que existen problemas o reconociendo los problemas y tratando de resolverlos?
Ese debate todavía no está saldado dentro del oficialismo. Hay un sector que cree que hay que mantener el rumbo y negar las dificultades que aparecen. Y hay otro sector, donde ubico a Luis Toto Caputo, Diego Santilli y, según algunas versiones, también a Karina Milei, que entiende que el Gobierno tiene que reaccionar frente a las demandas concretas de la sociedad. El caso de la mora es un ejemplo perfecto.
Es cierto que la expansión del crédito genera, naturalmente, nuevos niveles de morosidad. Pero también es cierto que los bancos están planteando problemas concretos y soluciones concretas: reducir la carga tributaria sobre las refinanciaciones y revisar las exigencias de encaje para que el costo del dinero permita refinanciar a quienes hoy tienen dificultades.
No estamos hablando solamente de un problema de los bancos. Es un problema que empieza siendo privado, pero cuando adquiere una determinada dimensión se convierte en un problema público. Y ahí el Gobierno tiene que decidir si quiere mirar para otro lado o si quiere intervenir para evitar que una dificultad creciente termine transformándose en algo mucho mayor.
Mientras tanto, el Congreso vuelve a ocupar un lugar central. Hay dos proyectos particularmente importantes para el oficialismo. Uno es la llamada ley de Inocencia Fiscal, que puede facilitar que muchos dólares que hoy están fuera del sistema vuelvan a circular dentro de la economía. Hay quienes cuestionan que pueda generar ventajas para evasores, y esa crítica merece ser discutida. Pero también hay que mirar el otro lado: si esos recursos ingresan al circuito formal, pueden convertirse en financiamiento para la economía.
El segundo tema es la independencia del Banco Central. Es una discusión fundamental. La actual Carta Orgánica es imperfecta, pero establece determinados criterios de autonomía que en la práctica el propio Poder Ejecutivo no siempre respeta. Si queremos construir un programa económico sostenible, necesitamos reglas que no dependan exclusivamente de la voluntad del presidente de turno.
Y esto me lleva a una cuestión más general. El Gobierno no puede pretender recuperar centralidad solamente con polarización. Tampoco puede hacerlo solamente con discursos sobre el éxito de su programa económico. Necesita mostrar capacidad de gestión y, sobre todo, capacidad para escuchar.
Porque si la mora aumenta, hay que discutir la mora. Si hay problemas de crédito, hay que discutir el crédito. Si hay dificultades de actividad económica, hay que hablar de actividad económica. Si existen dudas respecto del programa monetario, hay que responderlas. No alcanza con decir que el programa funciona. Hay que demostrarlo y, cuando aparecen problemas, enfrentarlos.
Por eso me parece importante la reunión de la mesa política y el pedido de Caputo para que el oficialismo reaccione frente a las demandas de la ciudadanía. También habrá que observar el encuentro de la próxima semana en Iguazú, en el ámbito del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas, porque puede convertirse en una oportunidad para que el Gobierno ordene su mensaje y explique con mayor claridad hacia dónde quiere llevar la economía.
Milei necesita recuperar centralidad, sí. Pero la pregunta es qué tipo de centralidad quiere recuperar. Puede volver a ser el presidente que pelea todos los días con periodistas, opositores y adversarios. O puede intentar ser el presidente que conduce, escucha, negocia cuando corresponde y resuelve los problemas que aparecen. La polarización le permitió llegar hasta acá. No estoy seguro de que sea suficiente para llevarlo hasta 2027.
Porque, finalmente, la sociedad no solamente vota discursos. Vota también cómo está viviendo. Y si el Gobierno quiere defender su programa económico, tendrá que demostrar que entiende esa diferencia.
Ahí está, para mí, la discusión de fondo: si Milei logra recuperar centralidad enfrentando los problemas o si vuelve a encerrarse en la lógica de la confrontación. El tiempo electoral empieza a correr y los errores que no se corrijan ahora pueden terminar teniendo un costo mucho más alto después.
Lectura rápida
¿Qué busca el Gobierno de Milei? Recuperar centralidad política para llegar al proceso electoral de 2027 con capacidad de imponer agenda y defender su programa económico.
¿Qué crisis enfrentó el Gobierno? Una crisis autoinfligida importante alrededor del episodio Adorni, que afectó su imagen y su identidad moral.
¿Cuál es la estrategia de Milei para recuperar centralidad? Intensificar la polarización, enfrentando a periodistas y medios de comunicación.
¿Qué dificultades enfrenta el Gobierno en su comunicación? Falta de una estrategia comunicacional organizada y tensiones internas entre Karina Milei y Santiago Caputo.
¿Cuáles son los proyectos importantes en el Congreso? La ley de Inocencia Fiscal y la discusión sobre la independencia del Banco Central.





