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Por qué Milei asegura que no va a traicionar sus ideas

Hay una especie de operativo clamor alrededor del Presidente. Desde distintos sectores, con argumentos diferentes y por razones también diferentes, se repite una misma palabra: cambie | Por Adrián Simioni.

25/08/2026 | 15:05Redacción Cadena 3

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El presidente Javier Milei.

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  1. Audio. Por qué Milei asegura que no va a traicionar sus ideas | Por Adrián Simioni

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Hay una especie de operativo clamor alrededor de Javier Milei. Desde distintos sectores, con argumentos diferentes y por razones también diferentes, se repite una misma palabra: cambie.

Se lo dicen opositores, que describen una situación económica y social cada vez más delicada. Se lo dicen periodistas y analistas. Se lo dicen empresarios. Se lo plantean gobernadores que buscan recursos y respuestas de la Nación. Incluso aparecen matices dentro del propio oficialismo, como los de Patricia Bullrich, que respalda el rumbo general pero reclama que los resultados lleguen más rápido a la vida cotidiana.

Y Milei responde: no voy a traicionar mis ideas por un resultado electoral.

La pregunta es por qué.

¿Es simplemente un presidente testarudo, convencido de que todos los demás están equivocados? ¿Es fidelidad ideológica? ¿O hay también detrás de esa rigidez una estrategia política?

Porque, en realidad, los cambios que le reclaman son de distinta naturaleza.

Hay quienes le piden modificar las formas. Menos agresividad, mayor empatía, más sensibilidad frente a quienes tienen dificultades para llegar a fin de mes. Es un reclamo principalmente discursivo, aunque para Milei tampoco resulta menor: buena parte de su identidad política fue construida alrededor de una personalidad confrontativa, disruptiva y poco dispuesta a adaptarse a los códigos tradicionales.

Pero hay otro conjunto de reclamos mucho más profundo. Son los que apuntan directamente a las políticas.

Llegan desde el Congreso, desde las provincias, desde sectores empresariales y desde economistas que cuestionan distintos aspectos del programa. Cada uno pide algo diferente: más gasto en determinadas áreas, asistencia para sectores afectados por la recesión, cambios monetarios, un dólar más alto o distintas formas de estimular la actividad.

Desde la mirada de Milei, sin embargo, buena parte de esas propuestas termina confluyendo en el mismo lugar: aflojar el ajuste fiscal o monetario que considera la columna vertebral de su gobierno.

Y ahí aparece el verdadero dilema.

El argumento de quienes reclaman cambios es conocido. Si la economía real no mejora, si continúa el deterioro de determinados sectores y si el oficialismo pierde respaldo en las encuestas, aumenta la incertidumbre sobre 2027. Esa incertidumbre puede golpear sobre el dólar, las inversiones, el riesgo país y las decisiones de empresas y familias.

Es decir: el temor a que Milei pierda puede terminar complicando todavía más la economía y, por esa vía, hacer más probable que efectivamente pierda.

Un círculo peligroso.

Frente a eso, el Presidente parece haber llegado a la conclusión exactamente contraria a la que le sugieren sus críticos: cambiar ahora sería más peligroso que mantenerse firme.

Milei considera que su principal activo político es precisamente aquello que muchos le piden abandonar. Llegó al poder prometiendo equilibrio fiscal, disciplina monetaria y una ruptura con las recetas que identifica con el populismo. Si ante la primera gran dificultad electoral comienza a hacer lo contrario, podría perder su identidad.

Y para un dirigente como Milei, perder la identidad puede ser más grave que perder algunos puntos en una encuesta.

Su razonamiento parece ser el siguiente: si cede, no sólo puede fracasar económicamente, sino que además deja de ser Milei.

Ya no podría presentarse ante su electorado como el presidente que soportó todas las presiones para evitar volver a las viejas recetas. Pasaría a ser otro gobernante que, frente al miedo a perder una elección, flexibilizó sus principios.

Por eso la frase sobre no traicionar sus ideas admite una segunda lectura.

Tal vez Milei no se mantenga firme solamente porque crea profundamente en esas ideas. Tal vez también lo haga porque considera que es la estrategia que más posibilidades le da de seguir siendo presidente.

Hay incluso una hipótesis más extrema.

Si sostiene el rumbo y gana, habrá demostrado que su método era correcto. Si sostiene el rumbo y pierde, las decisiones que hoy le reclaman quedarán en manos de quien lo suceda.

Será el próximo gobierno el que, eventualmente, tenga que devaluar, emitir, aumentar el gasto o financiar las demandas que hoy se plantean. Y allí Milei podría decir: eso es exactamente lo que yo advertía que iba a ocurrir.

El Gobierno sospecha, además, que sus adversarios tampoco tendrán demasiado margen para aplicar esas recetas sin consecuencias. Porque cualquier administración futura que vuelva a encender la inflación deberá asumir el costo político de hacerlo después de años en los que la estabilidad fue presentada como el principal logro libertario.

Ese es un elemento central.

Milei puede resignar muchas cosas, pero difícilmente acepte poner voluntariamente en riesgo aquello que considera su mayor capital: haber cambiado las reglas fiscales y monetarias de la Argentina.

Por eso cuando asegura que la reelección no determina sus decisiones aparece otra pregunta inevitable.

¿Realmente no le importa ser reelegido?

Es difícil creer que a un presidente que aspira a continuar su proyecto le resulte indiferente. Pero también puede ocurrir que, incluso desde una lógica estrictamente electoral, Milei crea que no cambiar es su mejor alternativa.

Si modifica el rumbo, corre el riesgo de perder igualmente y, además, llegar a la elección desdibujado. Si lo mantiene, puede perder, pero conserva intacta su identidad y obliga a sus adversarios a explicar qué harían distinto y cómo afrontarían las consecuencias.

Por eso la aparente obstinación puede ser algo más complejo que una simple cuestión de carácter.

Milei está cercado por reclamos, advertencias y presiones. Puede equivocarse. Puede estar subestimando el impacto de la situación económica sobre la sociedad. Puede descubrir que la estabilidad por sí sola no alcanza para conservar una mayoría electoral.

Pero hasta ahora todo indica que ha tomado una decisión: prefiere correr el riesgo de perder siendo Milei antes que intentar ganar dejando de serlo.

La paradoja es que esa fidelidad a sus ideas también podría ser, al mismo tiempo, su apuesta más pragmática para conservar el poder.

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