Vuelagro: del garaje familiar a una academia para aprender a volar la agricultura
La empresa nació a partir de una contratista familiar y encontró en los drones una alternativa para ingresar al mundo de los servicios agrícolas. Hoy, con cuatro años de experiencia, combina tecnología, servicio técnico y capacitación práctica sobre cultivos reales.
06/10/2026 | 11:15Redacción Cadena 3
Lo que comenzó hace una década en el garaje de una abuela en Alejo Ledesma hoy se transformó en un proyecto que busca acompañar una de las grandes transformaciones de la agricultura: la incorporación de drones, datos y nuevas herramientas para hacer más eficientes las labores a campo.

Así nació Vuelagro, una empresa impulsada por los hermanos de una familia vinculada históricamente al campo y que encontró en la tecnología una manera de construir un negocio propio.
“Nosotros abrimos al mundo de los drones porque estábamos buscando hacer algo propio con mi hermano”, contó a El Campo Hoy Joaquín Longo, titular de Vuelagro.
El punto de partida fue también económico. Frente a los elevados costos que implica adquirir maquinaria agrícola tradicional para comenzar a prestar servicios, los hermanos Longo comenzaron a investigar el potencial de los drones agrícolas y, especialmente, su integración con los datos.
“Hoy estamos en una agricultura que crece con datos”, resumió Joaquín, quien destacó que la empresa ya transita su cuarto año de operación ininterrumpida y se encamina a su quinto año trabajando con drones agrícolas.
Una empresa que lleva las raíces familiares en el nombre
El nombre también tiene una historia detrás. Alejo Ledesma es el lugar donde están las raíces familiares de los Longo y donde comenzó a tomar forma el proyecto.
Su padre fue piloto de helicóptero del Ejército y, por esa actividad, la familia recorrió distintas regiones del país. El vínculo con el campo se profundizó a través de los abuelos y de las visitas periódicas a Alejo Ledesma.
Hace aproximadamente diez años, aquel proyecto empezó a escribirse literalmente en el garaje de la abuela. Desde entonces, la iniciativa fue creciendo hasta convertirse en una estructura que actualmente reúne oficinas, una academia de capacitación y un servicio técnico oficial de DJI Agriculture para la línea de drones agrícolas.

La empresa ofrece además asistencia posventa y servicios a campo, buscando cubrir todo el circuito que rodea a esta tecnología.
La experiencia como diferencial
En un mercado donde cada vez aparecen más alternativas vinculadas a los drones agrícolas, Longo entiende que uno de los principales activos de Vuelagro está en la experiencia acumulada.
La evolución tecnológica es permanente. Según explicó, DJI incorpora novedades todos los años, con nuevos modelos que requieren pruebas, validaciones, generación de contenidos técnicos y desarrollo de procedimientos de operación.
“Hay que probarlos, validarlos, generar el contenido técnico para respaldar ese tipo de operaciones y generar los procesos”, explicó.
Esa experiencia fue construyendo un conocimiento propio sobre las posibilidades, limitaciones y potencialidades de los equipos. Y es justamente ese conocimiento el que buscan trasladar a su academia.
Aprender haciendo, pero sobre cultivos reales
La capacitación es uno de los pilares que la empresa pretende consolidar. Y allí aparece uno de sus principales diferenciales: la formación no se limita al aula ni a vuelos demostrativos.
Vuelagro cuenta con una unidad experimental de cinco hectáreas, donde los operadores pueden capacitarse sobre escenarios reales.
Aplicación de fitosanitarios, fertilización y siembra forman parte de las prácticas, acompañadas por el seguimiento posterior del cultivo.
“Si trabajamos con agua en el aula, cuando lleguemos al campo y trabajemos con un principio activo, la ecuación cambia al 200%”, explicó Longo.
La premisa es sencilla: una cosa es aprender a manejar un dron en condiciones controladas y otra muy diferente es enfrentarse a las variables que aparecen cuando la tecnología llega al lote.
Por eso, la capacitación combina conceptos teóricos con prácticas inmediatas. La empresa también cuenta con un pequeño laboratorio donde se trabaja sobre agua, comportamiento de mezclas y cuestiones vinculadas a la calidad de aplicación.
Cursos intensivos y adaptados al usuario
Las capacitaciones tienen una duración aproximada de dos a tres días y se diseñan en función del perfil y la experiencia de cada participante.
El objetivo no es ofrecer solamente un manual de instrucciones, sino adaptar los contenidos a las necesidades concretas de quienes llegan a la academia. “Todos aprendemos haciendo”, sintetizó Longo.
El esquema contempla módulos teóricos presenciales que rápidamente se llevan a la práctica. La intensidad es importante: las jornadas pueden extenderse durante unas 12 horas, con la idea de que cada concepto sea aplicado inmediatamente.
Para Vuelagro, ese mecanismo permite detectar dudas y resolverlas durante la propia experiencia de campo.
De la tecnología al proceso
La apuesta de la empresa va más allá de enseñar a pilotear un equipo.
El desafío, según Longo, es que el operador comprenda cómo integrar el dron dentro de un proceso agrícola completo. Eso implica conocer la tecnología, pero también entender la química, la calidad de aplicación, la siembra, la fertilización, el seguimiento del cultivo y las condiciones particulares de cada situación.
En ese sentido, la academia busca formar operadores capaces de tomar decisiones frente a escenarios concretos y no simplemente repetir un procedimiento.
“Tenemos que codificar ese abecedario de cómo trabajar juntos porque el 100% de la operación va a depender de lo que esté sucediendo en esa situación de campo específica”, explicó.
La empresa también trabaja junto al Ministerio de Agroindustria en capacitaciones gratuitas y abiertas para operadores de fitosanitarios de RPA, mientras avanza en la consolidación de su propuesta académica.
Por ahora, Instagram es uno de los principales canales de comunicación de Vuelagro, mientras la empresa prepara el lanzamiento de su sitio web.
Una nueva generación de servicios agrícolas
El recorrido de Vuelagro muestra cómo una empresa familiar de servicios puede encontrar en la tecnología una puerta de entrada hacia un nuevo modelo de prestación.
De aquel primer proyecto imaginado en un garaje a una estructura que reúne drones, servicio técnico, capacitación, laboratorio y cinco hectáreas destinadas a experimentar hay una década de investigación y cuatro años de operación concreta.
La apuesta ahora es seguir formando a quienes tendrán que trabajar con estas herramientas en los lotes argentinos.
Porque, en definitiva, el desafío ya no pasa solamente por tener un dron. Pasa por saber qué hacer con él cuando despega sobre el cultivo.
Federico Aguer





