Milei, entre Trump y Lula: la Argentina ante una pelea que va más allá de Flávio Bolsonaro
El respaldo de Washington al dirigente brasileño expone el peso de las afinidades ideológicas. Para el Gobierno argentino, esa cercanía abre un interrogante sobre el vínculo con su principal socio en la región | Por Sergio Suppo.
28/10/2026 | 13:23Redacción Cadena 3
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Ahora país
La Argentina quedó en medio de un choque entre dos gigantes: Estados Unidos, la principal potencia mundial, y Brasil, el país de mayor peso de Sudamérica. La salida de Flávio Bolsonaro después de perder las elecciones presidenciales es el episodio más reciente de una relación crispada entre Donald Trump y Luiz Inácio Lula da Silva. El conflicto había empezado mucho antes y seguirá abierto después de este viaje.
Ese es el contexto que permite entender lo ocurrido. La decisión estadounidense de otorgar visas a Bolsonaro y a su familia despejó una parte de las incógnitas: existe voluntad política de recibirlos. Los anuncios conocidos, sin embargo, no precisaron la categoría de esos permisos ni confirmaron una concesión de asilo político.
El paso por territorio argentino, confirmado por Migraciones, puso a Javier Milei dentro de esa secuencia. Bolsonaro ingresó junto con su familia y salió desde Puerto Iguazú en un vuelo privado hacia Ecuador, como parte de su recorrido rumbo a Estados Unidos. Más allá de los detalles del operativo, la disposición de Washington a recibirlo resulta central para comprender la salida.
Eduardo Bolsonaro, hermano del candidato derrotado y radicado en Estados Unidos, ya había mencionado la posibilidad de que Flávio abandonara Brasil si perdía. También se reunió con Milei durante la visita del presidente argentino a Washington, hace dos semanas. Es posible que esa alternativa haya formado parte de las conversaciones, aunque no hay una confirmación pública que permita afirmarlo.
Lo que queda a la vista es una trama de afinidades políticas que atraviesa las fronteras. Milei, Trump y los Bolsonaro se reconocen dentro de un mismo espacio ideológico. Lula está en la vereda opuesta. Y esas pertenencias pesan cada vez más en decisiones que comprometen las relaciones entre los países.
Para la Argentina, esa superposición tiene una dificultad evidente. Estados Unidos es el gran aliado político elegido por Milei. Brasil es nuestro principal socio comercial en la región. Una pelea entre Washington y Brasilia puede trasladar sus costos a una relación que la Argentina necesita cuidar, cualquiera sea el nombre de quienes gobiernen.
El caso de Flávio Bolsonaro agrega una dimensión particular. Había ganado la primera vuelta por una diferencia cercana a los dos puntos y tenía la Presidencia al alcance de la mano. Lula logró revertir ese resultado en el balotaje. En pocos días, el dirigente que podía convertirse en presidente pasó a buscar protección fuera de su país, con causas judiciales abiertas y una orden de entregar sus pasaportes.
La magnitud política de alguien que acaba de reunir cerca de 60 millones de votos convierte su salida en un acontecimiento que excede su situación personal. Su destino también forma parte de la disputa por el liderazgo de la oposición brasileña y de la confrontación entre los gobiernos que lo protegen y el que acaba de derrotarlo.
A mi entender, detrás de esa confrontación hay una cuestión geopolítica. Estados Unidos busca reafirmar su supremacía en América frente al avance de China. En esa estrategia se explica buena parte del interés de Trump por la Argentina y por su relación con Milei.
También se entiende por qué le interesaba un cambio de orientación política en Brasil. El peso económico, territorial y diplomático brasileño le daba a esa elección una importancia extraordinaria. Con México gobernado por la izquierda, una victoria de Bolsonaro habría modificado el equilibrio regional en favor de Washington. La continuidad de Lula frustró esa posibilidad.
Pero Trump también tiene por delante su propio examen. El próximo martes 3 de noviembre se celebrarán las elecciones de medio término en Estados Unidos. Una derrota amplia del Partido Republicano podría debilitar su capacidad de conducción y abrir anticipadamente la discusión sobre la sucesión presidencial de 2028.
Es una instancia especialmente importante para un mandatario de 80 años, que transita su segundo período y tiene un límite constitucional para volver a ser elegido. Su poder seguirá siendo considerable, aunque una pérdida de respaldo en el Congreso podría reducir su margen de acción.
En medio de ese calendario aparece otra elección presidencial: la Argentina, el año próximo. Trump tiene interés en que Milei consiga la reelección. Cabe esperar, por lo tanto, que lo acompañe política y financieramente en la medida de sus posibilidades. Después serán los argentinos quienes decidan si respaldan la continuidad del Presidente.
La región tiene una larga historia de dirigentes que encontraron protección fuera de sus países. Juan Domingo Perón recibió asilo paraguayo después del golpe de 1955. Alfredo Stroessner terminó exiliado en Brasil tras su derrocamiento en 1989. Evo Morales se asiló primero en México en 2019 y llegó a la Argentina en diciembre de ese año, ya con Alberto Fernández en la Presidencia. Son antecedentes de contextos muy diferentes, atravesados por decisiones diplomáticas de enorme peso político.
El episodio actual muestra cuánto influyen las afinidades entre dirigentes y partidos en las relaciones internacionales. Para Milei, esa cercanía con Trump representa un respaldo decisivo. También lo obliga a administrar sus consecuencias sobre el vínculo con Brasil.
Trump tiene un mandato con fecha de finalización. La relación entre la Argentina y Brasil continuará mucho después. Allí está la cuestión de fondo que deja esta crisis: cuánto puede comprometer una alianza entre gobiernos los intereses permanentes de los países.





