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La Odisea y sus 3.000 años, espejo para la Argentina

 

10/08/2026 | 08:47Redacción Cadena 3 Rosario

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La Odisea, una colección de simbolismos extraspolables a la coyuntura nacional.

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  1. Audio. La Odisea y sus 3.000 años, espejo para la Argentina

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Hay semanas en las que la política argentina parece discutir el destino de Occidente, con ese nivel de trascendencia, mientras la realidad se ocupa de recordarnos que buena parte del país está tratando simplemente de llegar a fin de mes. Y esa contradicción volvió a quedar expuesta esta semana, cuando el Senado discutió la propiedad privada y el oficialismo defendió uno de los conceptos centrales de su identidad política, aunque necesitó negociar para poder avanzar. Patricia Bullrich reconoció incluso que había sido difícil comunicar el proyecto. Y cada vez que Bullrich dice algo así, me parece que hay una profundidad mayor de la que aparenta: el desafío del Gobierno ya no es solamente aprobar reformas, sino explicar para qué sirven en una sociedad que empieza a medirlas menos por su arquitectura ideológica que por sus resultados cotidianos.

Luis Caputo también volvió a defender el rumbo económico y eligió confrontar con quienes cuestionan la situación de la industria. Después tuvo que arrepentirse de algunas expresiones. Está de moda esto de arrepentirse de lo que uno dice o pedir disculpas permanentemente. Y cuando uno pide disculpas todo el tiempo, la verdad es que el pedido de perdón empieza a perder sentido. Pero más allá de la pelea discursiva, hay una pregunta mucho más importante que aparece detrás de las estadísticas: ¿qué está pasando en la economía real?

Porque el Gobierno puede mostrar estabilidad macroeconómica, puede reivindicar un cambio profundo respecto de la Argentina que recibió y puede exhibir números que, en determinados aspectos, son mejores. Pero debajo de esa fotografía aparecen otras imágenes. Pymes que acumulan obligaciones, empresarios que postergan impuestos para pagar salarios o proveedores, familias que restringen consumos y sectores productivos que todavía esperan que ese orden macroeconómico llegue definitivamente a la caja diaria. La morosidad, entonces, es mucho más que un indicador financiero: es un termómetro social.

Y desde esa perspectiva también adquiere otra dimensión el mensaje del primado de la Argentina, Jorge García Cuerva, cuando cuestiona a los dirigentes que hablan de los pobres mientras se dan la buena vida. La Iglesia vuelve a poner sobre la mesa una discusión incómoda: la distancia entre quienes describen la realidad y quienes efectivamente la viven. Porque después de la macroeconomía está la economía cotidiana, y ahí todavía hay demasiadas familias, trabajadores y pequeños empresarios esperando sentir los beneficios del orden que se anuncia desde el Gobierno.

Del otro lado tampoco aparece una respuesta convincente. Ricardo Quintela, gobernador de La Rioja, afirmó que el peronismo va a expropiar todo lo que sea necesario y que va a dar vuelta todo lo que sea necesario. Y yo diría que Quintela se convirtió, casi sin proponérselo, en el jefe de campaña de Milei. En el Gobierno deben estar celebrando y hasta pidiendo a las fuerzas del cielo que Quintela siga hablando. Porque cada vez que aparece con este tipo de declaraciones, le entrega al oficialismo exactamente el adversario discursivo que necesita para alimentar su batalla cultural.

Entonces uno termina preguntándose: ¿tiene alguna solución el Gobierno, señor Milei? Bueno, pregúntenle a Quintela. Ya tenemos a Adorni, tenemos al ministro de Economía, tenemos al canciller, que tampoco para de meter la pata; ahora tenemos a Quintela. Es casi una escena perfecta de la Argentina pendular: de un lado, un gobierno que convierte buena parte de la discusión económica en una batalla cultural; del otro, sectores del peronismo que parecen dispuestos a confirmar todos los temores que el propio Gobierno utiliza para justificar esa batalla.

Y algo parecido sucede con la política en general. Victoria Villarruel volvió a decir esta semana que ella no desestabiliza a nadie. Y que una vicepresidenta necesite aclararlo ya está describiendo una anomalía. La relación entre Milei y su vice dejó hace tiempo de ser una diferencia ocasional para convertirse en una fractura política expuesta. Presidentes y vicepresidentes elegidos en una misma fórmula que terminan construyendo identidades separadas: la historia argentina conoce varios ejemplos. La diferencia es que ahora todo ocurre bajo la amplificación permanente de las redes sociales, donde hasta un gesto insignificante puede convertirse en una declaración de guerra.

Y mientras nosotros seguimos atrapados en estas peleas, aparece una historia que, curiosamente, tiene casi 3.000 años y que vuelve a despertar fascinación: La Odisea. Ulises atravesando monstruos, tempestades, tentaciones y guerras, persiguiendo algo extraordinariamente sencillo: volver a casa. Y me parece que hay algo de eso en la Argentina. Nuestra política también queda fascinada por sus propios cíclopes y sirenas, discute revoluciones, refundaciones, traiciones y enemigos, mientras millones de personas persiguen objetivos bastante más modestos.

Porque para muchísima gente la gran aventura no es transformar Occidente. Es conservar el trabajo, sostener un comercio, pagar una cuota, educar a los hijos, mantener una pyme o simplemente llegar a fin de mes. Después de la macroeconomía viene la pyme. Después del superávit viene el salario. Después de la propiedad privada viene algo todavía más concreto: la posibilidad efectiva de conservarla, mantenerla y disfrutarla.

Y creo que este es uno de los grandes aprendizajes que deja la victoria amarga del Gobierno en el Senado. Milei va a tener que tomar nota, y de hecho ya lo está haciendo. La agenda del año electoral que se aproxima va a girar cada vez más alrededor de esta cuestión: si la estabilización económica puede convertirse en bienestar concreto. Porque si el Gobierno quiere reelegir, no le va a alcanzar con tener razón en determinados debates ideológicos. Va a necesitar que esa razón se traduzca en resultados para la gente. Al final, la política puede discutir el destino de Occidente, pero los argentinos siguen necesitando algo bastante más sencillo: poder vivir mejor.

Lectura rápida

¿Qué se discutió en el Senado? Se discutió la propiedad privada y el oficialismo defendió su concepto central, aunque necesitó negociar.

¿Quién es Patricia Bullrich? Es una política argentina que reconoció la dificultad de comunicar el proyecto en el Senado.

¿Qué dijo Luis Caputo sobre la economía? Defendió el rumbo económico y confrontó con quienes cuestionan la situación de la industria.

¿Qué afirmó Ricardo Quintela? Afirmó que el peronismo va a expropiar todo lo que sea necesario.

¿Cuál es el desafío del Gobierno? Convertir la estabilización económica en bienestar concreto para los argentinos.

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