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La cuestión Malvinas: atributos nacionalistas de la "nueva" derecha

 

07/09/2026 | 07:11Redacción Cadena 3 Rosario

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El presidente Javier Milei.

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  1. Audio. La cuestión Malvinas: atributos nacionalistas de la "nueva" derecha

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La cuestión Malvinas volvió a poner en escena una dimensión del Gobierno de Javier Milei que a muchos les resulta contradictoria: ¿cómo puede un presidente que se presenta como anarco-capitalista, que reivindica la reducción del Estado y la austeridad fiscal, avanzar al mismo tiempo hacia una mayor inversión en defensa, plantear una base militar en Ushuaia y utilizar un discurso tan fuerte sobre la soberanía nacional? Mi respuesta es que no deberíamos mirar esto tanto como una contradicción, sino como una continuidad. Porque el nacionalismo siempre formó parte, aunque con distintas intensidades, de la oferta política de Milei.

Milei incorporó desde el comienzo componentes nacionalistas a su propuesta electoral, y una prueba muy clara fue la elección de Victoria Villarruel como vicepresidenta. Ella representaba precisamente a un sector de la derecha tradicional vinculado con las Fuerzas Armadas, la defensa y una determinada interpretación de la historia argentina. Pero hay algo todavía más importante: Milei siempre se presentó como un continuador de la generación del 80, aquella que construyó el Estado argentino moderno, extendió los ferrocarriles, organizó el correo, impulsó la educación pública, consolidó las Fuerzas Armadas y promovió la inmigración. Es decir, detrás del discurso anarco-libertario existe una reivindicación histórica de la construcción del Estado nacional.

Y esto se entiende todavía mejor cuando miramos a las nuevas derechas en el mundo. Pensemos en Donald Trump y su lema Make America Great Again. Allí el nacionalismo ocupa un lugar central, acompañado además por una dimensión proteccionista y por una crítica muy fuerte a la globalización. Algo parecido, aunque con características propias, aparece en otras expresiones de la nueva derecha europea y latinoamericana. José Antonio Kast en Chile reivindica fuertemente la soberanía y el papel estratégico del sur de su país. En Alemania, el crecimiento de la AfD expresa también una recuperación de determinados componentes del nacionalismo, aunque allí aparecen elementos mucho más extremos y preocupantes vinculados con el pasado autoritario alemán.

Hay algo más que me interesa destacar porque permite comprender la profundidad de estos procesos: muchas veces las sociedades conservan continuidades culturales aunque cambien completamente las etiquetas ideológicas. En algunas regiones de Europa se produjo incluso un desplazamiento del voto desde fuerzas comunistas hacia partidos de derecha radical. Esto demuestra que no siempre hay una ruptura absoluta entre izquierda y derecha. Puede existir una continuidad alrededor de valores autoritarios, nacionalistas o de desconfianza hacia determinadas instituciones democráticas. Por eso, para entender a las nuevas derechas, no alcanza con ubicarlas simplemente en un eje económico.

Si uno mira la paleta ideológica de Milei, encuentra precisamente esa combinación. Económicamente se presenta como anarco-capitalista, pero en materia de valores sociales tiene posiciones claramente conservadoras. Se opone al aborto, reivindica la familia y sostiene una visión tradicional de determinados valores sociales. Esto lo diferencia incluso de una tradición como la del PRO, que podía ser conservadora en materia económica pero mucho más liberal en cuestiones sociales. Mauricio Macri, por ejemplo, tomó decisiones que mostraron esa diferencia. Entonces, la combinación entre liberalismo económico y conservadurismo social no es una anomalía: forma parte de una tradición política que tiene antecedentes muy importantes en Argentina.

Y esa tradición conservadora también tiene vínculos históricos con el peronismo. Esto puede sorprender, pero una expresión del Partido Conservador fue Vicente Solano Lima, que terminó siendo candidato a vicepresidente de Héctor Cámpora. Además, el peronismo incorporó en distintas provincias sectores enteros de aquella tradición conservadora. ¿Por qué importa esto? Porque permite entender algunas de las actuales coincidencias entre La Libertad Avanza y sectores del peronismo, más allá del apellido Menem. Los acuerdos con gobernadores del interior y determinadas negociaciones políticas muestran que existen líneas de continuidad entre tradiciones que, en apariencia, deberían estar enfrentadas.

Sobre todo hay un punto donde esas tradiciones pueden encontrarse: una relación difícil con determinadas instituciones de la democracia, con la división de poderes, los frenos y contrapesos y la libertad de prensa. Esto no significa que sean idénticas, por supuesto, pero sí que existe una cultura política donde la prensa crítica puede ser presentada como un enemigo y donde las instituciones aparecen muchas veces como obstáculos antes que como garantías. Eso lo vimos durante el kirchnerismo y también lo vemos, de otra manera, en el discurso permanente de Milei contra determinados sectores del periodismo.

Ahora bien, todo esto no alcanza para explicar el giro sobre Malvinas. Para entenderlo hay que incorporar la dimensión geopolítica. ¿Hubiera avanzado Milei de esta manera sin la señal que llegó desde Estados Unidos y particularmente desde Donald Trump respecto del Reino Unido? Es una pregunta relevante. Desde el gobierno de Joe Biden ya había existido una creciente presencia estadounidense en el Atlántico Sur, con las visitas de la entonces jefa del Comando Sur, Laura Richardson, incluida aquella visita a Ushuaia. Con Trump, esa relación estratégica adquirió una nueva dimensión y la recuperación de la presencia occidental en el Atlántico Sur pasó a tener una importancia mucho mayor.

¿Por qué? Porque el Atlántico Sur tiene un valor geopolítico extraordinario. Allí están algunos de los pasos que conectan los grandes océanos: Magallanes, Beagle y Drake. Son rutas complejas, sometidas a condiciones climáticas difíciles, y tienen una importancia enorme tanto para el comercio como para la circulación de fuerzas militares. En ese escenario, Malvinas deja de ser solamente una cuestión histórica argentina y se transforma también en una pieza dentro de un tablero mucho más amplio, donde Estados Unidos, China, el Reino Unido y otros actores tienen intereses estratégicos.

Y acá aparece, para mí, una de las claves del fenómeno Milei. La generación del 80 entendió que la Argentina debía insertarse en la economía mundial dominante de su época, que estaba encabezada por el Reino Unido. Milei interpreta que, en el mundo actual, la mejor alternativa para la Argentina es un alineamiento estratégico con Estados Unidos. Pero hay una paradoja interesante: alinearse con una gran potencia no necesariamente significa destruir el Estado. Al contrario, en un mundo en guerra y con competencia entre potencias, un país necesita fortalecer sus capacidades estatales, militares, diplomáticas y económicas para poder defender sus intereses.

Por eso considero que hay más continuidades que contradicciones entre el Milei anarco-capitalista y el Milei que habla de soberanía, defensa y Malvinas. También hay continuidad entre la vieja derecha argentina y las nuevas derechas internacionales. Y, sobre todo, existe una convergencia entre la estrategia de Milei y la dimensión geopolítica que Estados Unidos está desarrollando en el Atlántico Sur. Esto explica mucho mejor el giro de las últimas semanas que una interpretación puramente electoralista.

Naturalmente, hay costos y beneficios. Una política exterior fuertemente alineada con Estados Unidos puede generar oportunidades, pero también limita márgenes de autonomía. Y una política de defensa más activa exige recursos, cuando todavía existen enormes necesidades sociales y económicas. Pero en este mundo en guerra, donde todos los días vemos cómo cambian las alianzas y cómo las grandes potencias disputan territorios, rutas comerciales, energía y tecnología, la Argentina tiene que decidir qué lugar quiere ocupar. Malvinas es parte de esa discusión. No alcanza con una consigna nacionalista ni con una retórica libertaria: necesitamos una estrategia. Y eso es, en definitiva, lo que explica el giro de Milei.

Lectura rápida

¿Qué tema se aborda en el artículo? Se analiza la postura del Gobierno de Javier Milei sobre Malvinas y su relación con el nacionalismo y la geopolítica.

¿Quién es el presidente mencionado en el texto? El presidente mencionado es Javier Milei.

¿Cuándo se menciona la elección de Victoria Villarruel? Se menciona al inicio del artículo como parte de la propuesta electoral de Milei.

¿Dónde se plantea la instalación de una base militar? Se plantea la instalación de una base militar en Ushuaia.

¿Por qué es importante el Atlántico Sur según el artículo? El Atlántico Sur tiene un valor geopolítico extraordinario y es clave para el comercio y la circulación de fuerzas militares.

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