Uno de los escritores más importantes del mundo con Google intracerebral
03/10/2026 | 17:45Redacción Cadena 3
Por Pancho Marchiaro.
/Inicio Código Embebido//Fin Código Embebido/
En mi visita semanal a la Librería del Palacio, Karina me obligó a llevar Lo que podemos saber, la nueva novela del enorme Ian McEwan. De él ya me habían deslumbrado Expiación (Atonement, 2001), Chesil Beach (On Chesil Beach, 2007) y, muy especialmente, la genial Sábado (Saturday, 2005). Salí feliz, con el ejemplar en la mano, y lo empecé a leer ahí mismo en Aspe, el café frente a la librería, en plena Nueva Córdoba.
Nacido en Inglaterra en junio de 1948, McEwan transitó en sus inicios un camino literario oscuro y perturbador, incluso perverso. Sus primeras novelas —El jardín de cemento (1978) y El placer de los extraños (1981)— construyeron un universo tan dark que la crítica británica no tardó en bautizarlo con el apodo de "Ian Macabre". Aquella ópera prima, El jardín de cemento, fue llevada al cine con gran suceso comercial (adaptada magistralmente por Andrew Birkin), no sin controversias, mientras consolidaba una atmósfera claustrofóbica donde la infancia choca con los secretos más densos.
De ahí en adelante, su escritura derivó hacia una potente narrativa, acumulando reconocimientos con el Premio Booker —que ganó en 1998 con Ámsterdam— y múltiples nominaciones internacionales. Su alianza con el cine también dejó huella: la adaptación de Expiación, dirigida por Joe Wright, se convirtió en una película ganadora del Óscar.
Curiosidades y anécdotas de su vida
El pionero de la creación literaria: McEwan fue el primer estudiante en graduarse del indeleble máster en escritura creativa de la Universidad de East Anglia (dirigido entonces por Malcolm Bradbury y Angus Wilson). Un semillero por donde pasaron figuras de la talla de Kazuo Ishiguro.
Un hermano secreto, casi una trama de su autoría: A sus 58 años, se enteró de la existencia de un hermano que había sido dado en adopción por su madre antes de que ella se casara con el padre del escritor; una historia real digna de cualquiera de sus novelas.
El ritmo de la caminata: En lugar de investigar frente a la computadora, prefiere caminar durante horas por el campo o la montaña. Sostiene que las ideas maduran y empiezan a crecer en su mente al entrar en el ritmo físico del andar.
Un asteroide con su nombre: Debido a su impacto ineludible en las letras contemporáneas, la Unión Astronómica Internacional bautizó al asteroide 9881 Intermarium en su honor, aunque sus lectores más fieles suelen asociar esa precisión quirúrgica de su estilo con la frialdad métrica de un observatorio científico.
Pasión por la ciencia: A diferencia de otros autores de letras puras, McEwan es un lector voraz de divulgación científica, neurobiología y física cuántica. Esa fascinación se coló de lleno en obras maestras como Sábado, centrada en un neurocirujano y su mirada sobre un mundo convulsionado por tensiones políticas.
El mundo de hoy y el futuro digital
Las primeras páginas de Lo que podemos saber nos sumergen en un futuro cercano y distópico, marcado por la crisis climática y atravesado por el misterioso hallazgo de un poema perdido. Con este lanzamiento, McEwan demuestra que los años y la experiencia —lejos de alejarlo de los debates de la época— le otorgan una agudeza crítica y una lucidez contemporánea.
Invitado a presentar su libro en nuestro país, hace semanas reflexionó sobre el rumbo de la sociedad y no dudó en enumerar señales de alarma advirtiendo que el mundo camina hacia un escenario peligroso e impredecible. Según sus propias palabras, ya hemos cruzado un punto de singularidad, con sistemas de software que escapan a nuestro control y una alarmante falta de regulación motivada por el temor de que la inteligencia artificial desate una crisis financiera global sin precedentes.
Partiendo de la premisa de un porvenir donde la humanidad dispondrá de una cantidad inédita de información sobre el pasado pero, paradójicamente, no conseguirá comprenderlo, el autor —que bromea con tener suficientes elementos para "googlear" en su propia mente— vuelve a entregarnos una novela imprescindible.
Una lectura ideal para llevar bajo el brazo, empezar en cualquier café de nuestra ciudad y dejarse sacudir, una vez más, por uno de los grandes narradores de nuestro tiempo.
/Inicio Código Embebido/
Fuera de foco. Jorge Luis Borges: entre laberintos, libros y un Nobel que nunca llegó
Cada 24 de agosto, Argentina celebra el Día del Lector por el nacimiento de uno de los grandes escritores del siglo XX. Una oportunidad para volver a Borges, sus frases, su obra y su eterno contrapunto con Cortázar | Por Pancho Marchiaro.
/Fin Código Embebido/





