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El cambio climático impulsa la aridificación y degradación de tierras en el noreste de Brasil

Investigadores alertan que el cambio climático está acelerando la aridificación y degradación de tierras en la Caatinga, en el noreste de Brasil, afectando ecosistemas y la vida de millones.

11/10/2026 | 09:00Redacción Cadena 3

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Imagen de archivo tomada con un dron de un ferry varado cargado con un camión de combustible y cilindros de gas en el río Negro durante la sequía, en Iranduba, en el estado de Amazonas, Brasil.

FOTO: Imagen de archivo tomada con un dron de un ferry varado cargado con un camión de combustible y cilindros de gas en el río Negro durante la sequía, en Iranduba, en el estado de Amazonas, Brasil.

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Buenos Aires, 11 de octubre (NA) -- El cambio climático está intensificando la presión sobre el noreste de Brasil y podría acelerar la aridificación y degradación de las tierras en la región de la Caatinga. Este fenómeno se suma a la vulnerabilidad de los ecosistemas y a la presión generada por las actividades humanas, como explicaron especialistas a Xinhua.

"Proyecciones de clima futuro en escenarios de alto calentamiento global indican que hasta el 50 % del semiárido de la Caatinga se tornaría semidesierto," afirmó el investigador del Centro Nacional de Monitoreo y Alertas de Desastres Naturales (Cemaden), José Marengo.

Marengo destacó que "el cambio climático y la degradación de la tierra pueden actuar conjuntamente y aumentar la vulnerabilidad de estas regiones", lo que afectaría la disponibilidad de agua, la producción agrícola, la biodiversidad y las condiciones de vida de millones de personas. Además, subrayó la importancia de diferenciar entre los distintos fenómenos relacionados.

"La aridez es una condición climática, la sequía es un evento o período de déficit hídrico, la desertificación es un proceso de degradación de la tierra," precisó el científico en un informe al que tuvo acceso la Agencia Noticias Argentinas.

El investigador añadió: "Combatir la desertificación no significa apenas combatir el avance del desierto, sino construir sistemas socioecológicos capaces de soportar sequías más frecuentes e intensas, temperaturas más elevadas y mayor variabilidad climática."

Investigación

Una investigación realizada por Luiz Bueno da Silva, de la Universidad Federal de Paraíba, refuerza esta preocupación. El estudio analizó la evolución de la productividad de la Caatinga entre 2004 y 2024, evaluando el impacto de los factores climáticos y los cambios en el uso de la tierra. "Nuestro estudio muestra que el estrés térmico ya constituye un factor limitante para la productividad de la Caatinga," expresó Bueno.

El investigador reveló que el estrés térmico asociado al cambio climático afectó al 26,1 por ciento del territorio analizado, mientras que los cambios en el uso y la cobertura del suelo representaron un factor relevante en el 17,4 %.

"Los resultados muestran que la Caatinga enfrenta una doble amenaza: el estrés térmico crónico provocado por el cambio climático y la fragmentación causada por las actividades humanas," ilustró.

Según Bueno da Silva, "la conservación y la restauración de la vegetación son fundamentales para recuperar la resiliencia ecohidrológica de la Caatinga frente a la aridificación y la desertificación."

Los efectos del cambio climático también comienzan a reflejarse en la clasificación climática de algunas zonas del Nordeste. Investigaciones del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (Inpe) y del Cemaden identifican una zona de clima árido en el norte de Bahía y Pernambuco.

Los investigadores apuntan que esta situación podría estar relacionada con la sequía prolongada registrada entre 2012 y 2018, aunque la aparición de un clima árido no implica necesariamente desertificación.

"Es importante no confundir aridez con desertificación. La desertificación implica un proceso de degradación de las tierras que puede ser agravado por el cambio climático," insistió Marengo.

Para Bueno da Silva, los resultados subrayan la necesidad de combinar políticas climáticas y de conservación. "La restauración de la vegetación puede ayudar a recuperar la capacidad del ecosistema de responder a las variaciones climáticas y reducir su vulnerabilidad," enfatizó.

El Monitor de Sequías de la Agencia Nacional de Aguas y Saneamiento Básico (ANA) mostró en agosto que el 90 % del territorio de la región presenta afectación, y el 16 por ciento sufre sequía grave.

"La agenda científica está cambiando de una respuesta a la sequía hacia una estrategia de resiliencia a la sequía, que incluye monitoreo, alerta temprana, planificación hídrica y adaptación agrícola," afirmó Marengo.

El 75 % de las selvas tropicales del mundo experimentó al menos seis meses de sequía y calor extremos como consecuencia del fenómeno climático de El Niño entre 2023 y 2024, un escenario negativo que podría volverse habitual en las próximas dos décadas si no se reducen las emisiones de gases de efecto invernadero, según un estudio divulgado en Sao Paulo.

El estudio, presentado por la estatal Fundación de Apoyo a la Investigación del Estado de Sao Paulo (FAPESP), advierte sobre los efectos negativos en la selva más biodiversa del planeta, la Amazonia, de la cual Brasil posee el 60 % de su territorio.

"El Niño es uno de los grandes moduladores del clima global. Al procurar entender sus impactos, podemos encontrar diversos desdoblamientos para las selvas, como comprender los mecanismos que llevan a la mortalidad de los árboles," comentó el biólogo brasileño Peter Groenendijk, coautor del estudio y profesor del Instituto de Biología de la Universidad de Campinas (Unicamp).

El científico destacó que una de las principales innovaciones del estudio fue analizar de manera conjunta la sequía y el calor durante un mismo episodio de El Niño para su comparación con escenarios climáticos futuros.

Por su parte, Johanna Van Passel, científica de la Universidad de Gante en Bélgica y coautora de la investigación, subrayó que el futuro dependerá de las emisiones, el uso de combustibles fósiles y la capacidad de la sociedad para actuar. "La previsión es mala, pero tenemos opciones, tenemos que actuar," expresó.

La Amazonia se presenta como la región más vulnerable, con una probabilidad de sufrir sequías de severidad similar a la registrada en 2023-2024, pero hasta nueve veces mayor hacia finales de siglo bajo escenarios de altas emisiones, incluso en años sin influencia de El Niño.

El estudio alerta que el estrés provocado por la combinación prolongada de calor y sequía puede llevar a las selvas tropicales a un "colapso funcional".

"Durante El Niño de 2023-2024, el área y la duración de los eventos de sequía y de olas de calor fueron las mayores y más extensas de los últimos 25 años," agregó Van Passel.

El análisis reveló que las temperaturas elevadas podrían ser al menos seis veces más frecuentes en todas las regiones tropicales, incluso bajo el escenario de menores emisiones. Los modelos proyectan una mayor sequía para la Amazonia, América Central, África austral y partes del oriente de Asia, mientras que otras zonas tropicales tienden hacia condiciones más húmedas.

Brasil se encuentra en estado de alerta climática por parte de los servicios meteorológicos y la Defensa Civil, debido al impacto que están teniendo este año y el próximo los efectos de El Niño, que ya provocan alteraciones en las lluvias en el sur del país.

El Niño es un fenómeno climático caracterizado por el calentamiento anormal de las aguas del Pacífico tropical, especialmente entre la costa de Sudamérica y la región central del océano.

Lectura rápida

¿Qué está sucediendo en el noreste de Brasil?
El cambio climático está acelerando la aridificación y degradación de tierras en la región de la Caatinga.

¿Quiénes son los principales investigadores mencionados?
Los investigadores destacados son José Marengo y Luiz Bueno da Silva.

¿Cuáles son los efectos del cambio climático en la Caatinga?
Impacta la disponibilidad de agua, la producción agrícola, la biodiversidad y las condiciones de vida de millones.

¿Qué dice el Monitor de Sequías sobre la región?
El 90 % del territorio de la región presenta afectación, con un 16 % sufriendo sequía grave.

¿Qué se recomienda para enfrentar la aridificación?
Es fundamental la conservación y restauración de la vegetación para recuperar la resiliencia del ecosistema.

[Fuente: Noticias Argentinas]

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