Blas Briceño: "La IA está transformando el empleo, pero tenemos que formar nuevas capacidades"
El CEO y fundador de Finnegans explicó en Cadena 3 cómo funciona el programa de capacitación que ofrece becas remuneradas para preparar a jóvenes y personas interesadas en incorporarse a la economía del conocimiento.
30/10/2026 | 20:02Redacción Cadena 3
La inteligencia artificial está cambiando las profesiones, los empleos y las formas de relacionarnos con el trabajo. En ese contexto, desarrollaste una propuesta de capacitación y una bolsa de empleo para conectar a personas con nuevas oportunidades. ¿Cómo surgió la iniciativa?
Nosotros desde hace tiempo formamos a jóvenes y personas que están buscando o que están cerca de conseguir un empleo de calidad, pero todavía no lo logran. Esto tiene que ver con una dinámica del mercado laboral que está muy desafiada para quienes buscan sus primeros empleos. La inteligencia artificial empieza a sustituir pequeñas actividades que antes realizaban los perfiles junior.
Entendimos que necesitábamos desarrollar una propuesta formativa particular, orientada a entrenar a esas personas en pensamiento crítico, pensamiento de diseño y pensamiento algorítmico y computacional. Son capacidades que nosotros valoramos para incorporar nuevos integrantes a nuestra propia organización. Además de ser una empresa, somos una fundación y, desde ese espacio, desarrollamos programas de capacitación para más de 100 personas todos los años.
Algunos de quienes terminaban la formación se quedaban trabajando con nosotros. Otros conseguían oportunidades en el mercado: más de la mitad lograba acceder a un primer empleo de calidad durante el año siguiente. Cuando comprobamos que funcionaba, decidimos acelerar el proceso y crear una bolsa de empleo. Queremos conectar a las personas que formamos con el mercado laboral y mostrarles a las empresas que hay profesionales con capacidades muy valiosas disponibles.
¿Quiénes pueden inscribirse? ¿Es necesario tener una formación previa en informática, programación o sistemas?
En general, partimos de personas que terminaron la escuela secundaria y tienen alguna formación previa en gestión de empresas, programación, análisis de sistemas o alguna otra área. Los perfiles son muy heterogéneos. Lo que valoramos es el interés, la situación de cada persona y las ganas de aprender. Tenemos distintas estrategias para evaluar esas condiciones. Es una formación muy completa y, además, nosotros pagamos por estudiar. Es una beca que tiene una remuneración económica.
¿Cómo se puede acceder a la convocatoria y cuáles son las características de los cursos?
Nuestra página es finneg.com. Allí hay una sección que dice “Impacto”, desde donde se puede llegar a la bolsa de empleo. Cuando está abierta la convocatoria al bootcamp, también aparece directamente en la página principal. Los cursos no son presenciales, pero sí sincrónicos. Es decir, las personas comienzan en un momento determinado y se forman junto con un grupo. Valoramos mucho el aprendizaje colaborativo porque creemos que aprender con otros ayuda a mejorar la experiencia. Las convocatorias se realizan cada tres meses. Ahora estamos por lanzar la inscripción para el curso que comenzará en enero.
Finnegans es una empresa que tiene clientes importantes y trabaja en el desarrollo de soluciones digitales y de inteligencia artificial. ¿Por qué decidieron, además, dedicar recursos a la capacitación de personas y a una fundación?
Como empresa entendimos que tenemos un conocimiento y un conjunto de personas con capacidades muy valiosas. En algún momento nos preguntamos por qué no poner ese conocimiento a disposición de la comunidad, más allá de utilizarlo para nuestro propio negocio. La respuesta fue crear la fundación y desarrollar estos cursos. Creemos que cualquier persona u organización que forma parte de una comunidad tiene que hacer todo lo posible para contribuir a su desarrollo. Este es nuestro aporte.
Finnegans tiene 34 años. Si pensamos en cómo era la actividad tecnológica cuando comenzó la empresa y en lo que ofrece hoy, el cambio debe haber sido enorme. ¿Cómo se adapta una organización a una transformación permanente?
La descripción que hacés es precisamente nuestra estrategia. Nos gusta innovar, encontrar cosas nuevas y buscar cómo pueden mejorar nuestros servicios y productos. Si no tuviéramos esa capacidad, nos habríamos quedado en el camino, porque todo cambió de manera brutal.
De hecho, hoy ya no nos sentimos tanto una empresa de software como una empresa de conocimiento. Es una estrategia más amplia, porque el software se desarrolla cada vez más con inteligencia artificial. Al final, uno tiene que ser fiel a la necesidad que viene a resolver. Mientras podamos entender esa necesidad y encontrar las mejores estrategias para solucionar los problemas de nuestros clientes, siempre habrá trabajo y proyectos de crecimiento.
¿A qué velocidad los obliga a adaptarse esta transformación? ¿La inteligencia artificial permite incorporar soluciones de manera inmediata?
La velocidad es enorme, pero requiere mucho esfuerzo. Hay un primer escalón que es muy fácil de recorrer: uno empieza a utilizar un prompt, escribe, encuentra respuestas y descubre que puede hacer cosas que antes no sabía. Incluso puede componer o dibujar. Parece mágico y es muy interesante.
Pero cuando uno quiere incorporar esas herramientas a un proceso de negocios complejo, con muchos pasos y personas involucradas, necesita diseño estratégico, comprensión y mucho trabajo. La inteligencia artificial no se incorpora de manera virtuosa por arte de magia. Hace falta creatividad y planificación. El resultado puede ser extraordinario, pero aparece después de diseñar.
En nuestro caso, trabajamos con los clientes de manera gradual. Avanzamos por etapas, identificamos puntos de mejora y construimos una agenda que permita mejorar la eficiencia y la calidad. Para eso hay que rediseñar lo que hacíamos, y esa es la parte más difícil.
En los últimos tiempos aparecieron advertencias de referentes de las grandes compañías tecnológicas sobre los riesgos de la inteligencia artificial. Algunos sostienen que puede escaparse de las manos de quienes la desarrollan. ¿Cómo recibís esas preocupaciones?
Creo que los laboratorios tienen que ser tan responsables de sus algoritmos como los laboratorios de investigación médica lo son de sus procesos genéticos o clínicos. Como es un tema nuevo, todavía no estamos acostumbrados a poner en el centro la responsabilidad de las empresas por lo que desarrollan y ponen a disposición de la sociedad.
Me parece bastante ingenuo decir que un agente se escapó de las manos. Esa no es necesariamente la mejor manera de describir la responsabilidad que tengo de establecer las salvaguardas necesarias para que el software que desarrollo funcione correctamente y no sea peligroso para otros.
Pero existe el riesgo de que una inteligencia artificial evolucione por sí misma y termine superando la capacidad de control de quienes la crearon...
Sí, en la medida en que no se establezcan las salvaguardas adecuadas. Por eso tenemos que exigirlas. Es responsabilidad de quienes hacemos software, incluso cuando trabajamos con grandes modelos de lenguaje, garantizar esas condiciones de seguridad. Hay una cuestión de velocidad que debe estar condicionada por la seguridad. Si tenemos que elegir entre velocidad y seguridad, frenemos.
Podríamos fabricar autos capaces de circular a mil kilómetros por hora, pero establecemos controles de velocidad para evitar situaciones de riesgo. Con la inteligencia artificial tenemos que hacer algo parecido.
El problema es que se necesita un acuerdo global y siempre puede haber actores que no respeten esas reglas...
Ese riesgo siempre estuvo presente en la humanidad. Creo que tenemos que asumir una actitud responsable y expresar nuestra opinión sobre cómo queremos que se desarrollen estas tecnologías. Los periodistas tienen un papel muy importante al poner estos temas en el centro del debate, como lo estás haciendo con esta pregunta. Hay que trabajar sobre la responsabilidad de quienes desarrollan estas herramientas. Soy optimista. Creo que, más allá de la velocidad de los cambios, vamos a encontrar un punto de reflexión y responsabilidad.
Hay otra discusión que genera preocupación: la posibilidad de que se pierdan millones de empleos y que no aparezcan nuevas oportunidades para reemplazarlos. ¿Qué creés que va a pasar con el trabajo en los próximos años?
La forma del empleo ya cambió muchísimo en algunas industrias. En el sector del software, por ejemplo, nada de lo que hacíamos hace tres años se hace de la misma manera hoy. Eso es un hecho. Pero lo que ocurrió fue que nos reconfiguramos y empezamos a trabajar de otra forma. Entendimos que la complejidad no está automáticamente resuelta por la inteligencia artificial. Sigue habiendo mucho trabajo de organización, optimización, pensamiento creativo, dirección y toma de decisiones que realizan las personas.
La industria del software tuvo un pequeño cimbronazo en 2024, pero empieza a mostrar señales de reformulación, con una generación de valor más rápida, interesante y valiosa. No imagino que vaya a desaparecer la actividad. Creo que las condiciones de trabajo van a cambiar y que quienes dirigimos organizaciones tenemos que tomar decisiones para adaptarnos.
¿Cómo enfrentaron ustedes ese proceso dentro de Finnegans? ¿Hubo reducción de personal?
Nosotros tomamos la decisión de no reducir el empleo, sino de formar a las personas que ya trabajaban con nosotros en nuevas capacidades. Hace dos años teníamos una proporción mucho más significativa de programadores que hoy. Los programadores cambiaron lo que hacían. Lo que realizaban hace dos o tres años quedó, dicho vulgarmente, pasado de moda. Pero no desvinculamos a esas personas. Las ayudamos a aprender a hacer cosas que antes no hacían y hoy las están haciendo maravillosamente bien.
¿Dónde está ubicada hoy la Argentina dentro del universo de la economía del conocimiento? ¿Somos un equipo que participa para acompañar a los grandes o tenemos posibilidades de competir?
Somos un equipo con mucho talento, pero todavía muy chico. No estamos en el nivel de madurez de los líderes internacionales, aunque estamos trabajando para acceder a esa liga. Nos falta volumen y también estructuras de financiamiento diferentes para los nuevos proyectos. Pero talento sobra.
Hoy somos proveedores de talento para las grandes compañías que compiten en otros mercados. Hay muchos argentinos que trabajan en empresas importantes de Estados Unidos y Europa, dentro de la economía del conocimiento.
El presidente Javier Milei planteó que la Argentina puede convertirse en un destino para grandes inversiones tecnológicas, por sus condiciones climáticas, energéticas y de conectividad. ¿Es una hipótesis viable?
Sí, es viable. Pero no estamos haciendo todo lo necesario para que suceda. Tenemos que trabajar muchísimo más. Necesitamos grandes acuerdos y también desarrollo. La economía del conocimiento es, justamente, conocimiento. Y el conocimiento requiere educación, investigación y desarrollo. Hay que trabajar mucho en esos aspectos.
¿Tenemos el talento para hacerlo? Sí. ¿Hay organizaciones que trabajan permanentemente en esa dirección? También. Pero tenemos que hacer mucho más.
Antes de terminar, quiero preguntarte por el nombre de la empresa. Finnegans remite a Finnegans Wake, la famosa novela de James Joyce. ¿Por qué elegiste ese nombre?
Cuando terminé Ciencias Exactas y me recibí de licenciado en Computación, empecé a estudiar Letras y fundé la empresa prácticamente al mismo tiempo. Mi formación vinculada con las artes y la literatura me ayudó mucho en el desarrollo profesional. Cuando creé la compañía, mi autor favorito era James Joyce y me interesaba la lectura no lineal de Finnegans Wake.
Encontré una relación entre esa forma de lectura y lo que empezaba a aparecer con Internet, el HTML y las páginas web, que también proponían recorridos no lineales por los textos.
Para cerrar, te pido una recomendación de un libro, una película o una serie...
Me gusta recomendar un libro que leí hace algunos años y que fue muy revelador para mí: Cómo aprendemos, de Stanislas Dehaene. Es maravilloso porque nosotros aprendemos muchas cosas, fuimos a la escuela y a la universidad, pero nunca nos enseñaron cómo aprendemos. Es una práctica que naturalizamos, pero no sabemos realmente cómo ocurre.
Y, dentro de la ficción, estuve escuchando recientemente a Emmanuel Carrère. Su último libro, Koljós, me pareció brillante. Es una autoficción que recomiendo muchísimo.
Entrevista de Sergio Suppo.





