Vuelve Milei: apoya a Sturzenegger, pero más que nunca la política la monopoliza Karina
El Presidente respalda a Federico Sturzenegger y se concentra en la economía y la batalla cultural. Su hermana controla la gestión política, el armado electoral y las decisiones de poder | Por Sergio Berensztein.
19/08/2026 | 09:03Redacción Cadena 3
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Radioinforme 3
Javier Milei volvió a escena. Lo hizo para respaldar a Federico Sturzenegger y también durante el homenaje por el aniversario de la muerte del general José de San Martín. Sin embargo, su reaparición no modifica el dato central del funcionamiento del Gobierno: la política está cada vez más concentrada en las manos de Karina Milei.
Entre los hermanos existe una división del trabajo tan clara como inusual. El Presidente ejerce la jefatura del Estado, sigue de cerca la economía y dedica buena parte de su energía a la denominada batalla cultural. Habla de valores, conceptos y principios, y acaba de terminar un libro sobre la ética como política de Estado.
Karina, en cambio, administra el territorio más áspero del poder. No solamente controla el armado electoral de La Libertad Avanza y diseña la estrategia para las elecciones del próximo año. También interviene de manera decisiva en la gestión cotidiana, define alineamientos y ejecuta las decisiones políticas más importantes del oficialismo.
La Secretaría General de la Presidencia siempre fue un área relevante, pero nunca tuvo un nivel semejante de intervención política. Karina no funciona como una colaboradora más ni como una funcionaria subordinada al Presidente. Es su principal socia en la construcción del poder. Milei, de hecho, la llama "el Jefe".
Ese vínculo le otorga al Gobierno una característica excepcional. En la política argentina hubo matrimonios que compartieron el poder, como Néstor Kirchner y Cristina Fernández. También existieron familias con una larga tradición partidaria. Pero resulta mucho menos habitual encontrar a dos hermanos distribuyéndose de manera tan marcada las funciones presidenciales y políticas.
Por ahora, todo el proyecto oficialista está orientado a conseguir la reelección de Javier Milei. Karina no muestra un perfil público compatible con una candidatura presidencial: evita los discursos extensos, no suele exponerse ante la prensa y construye autoridad desde los despachos, el armado partidario y el control de la estructura.
Sin embargo, alrededor suyo comienzan a circular especulaciones.
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El analista político Sergio Berensztein reveló que, en algún momento, llegó a evaluarse en la Casa Rosada una eventual fórmula “Milei-Milei”. La alternativa habría sido descartada porque la presencia de Karina no permitía ampliar la coalición electoral. Su candidatura habría representado al mismo núcleo duro que ya expresa el Presidente.
La elección de Victoria Villarruel como compañera de fórmula en 2023 había respondido precisamente a otra lógica: complementar a Milei, sumar sectores diferentes y ampliar la base de apoyos. Aunque esa relación terminó deteriorándose, el criterio electoral continúa vigente. Para crecer, el oficialismo necesita incorporar figuras provenientes de otros espacios y no limitarse a reproducir su identidad original.
Lo significativo, de todos modos, es que Karina haya sido considerada. Hasta hace poco, prácticamente nadie le atribuía competitividad electoral. Hoy, algunas fuentes del oficialismo ya no descartan que, si Javier Milei consigue un segundo mandato, el apellido pueda intentar consolidarse como una marca política con continuidad propia.
Se trata, por supuesto, de política ficción. Karina Milei no ha dado señales públicas de querer afrontar una campaña ni asumir el protagonismo que exige una candidatura presidencial. Su fortaleza radica justamente en otro lugar: controla sin exponerse, ordena sin hablar demasiado y conduce sin ocupar formalmente la cima del Ejecutivo.
Pero el poder genera su propia dinámica. Cuanto más se fortalezca su papel en la gestión y en la construcción territorial de La Libertad Avanza, más difícil será separar a Karina de cualquier discusión sobre el futuro del oficialismo.
La comparación con los Kirchner puede parecer exagerada. Néstor y Cristina tenían experiencia electoral, liderazgo territorial, recorrido institucional y capacidad discursiva antes de llegar a la Presidencia. Karina todavía no demostró ninguna de esas condiciones. Su autoridad proviene, en gran medida, del vínculo personal y político con su hermano.
Allí aparece también la principal fragilidad del modelo. La Libertad Avanza todavía depende demasiado de un apellido y de una relación familiar. Mientras Javier Milei encarna el liderazgo público, la economía y la batalla cultural, Karina controla la política, la estructura y el acceso al Presidente.
Milei volvió. Pero, incluso durante su ausencia, el poder nunca quedó vacante. Karina se ocupó de administrarlo. Y si el proyecto libertario logra prolongarse más allá de una eventual reelección, la gran pregunta será si ella seguirá siendo solamente “el Jefe” detrás del Presidente o decidirá alguna vez ponerse delante de los votos.
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