Argentina racista
Por Alejandro Mareco.
27/07/2026 | 22:29Redacción Cadena 3
La acusación de hijos de naciones y continentes con los más atroces antecedentes racistas de la historia, que no se han quedado sólo en la discriminación, sino que además han despojado de humanidad a determinadas razas y pueblos para hacerlos pasibles de exterminios y genocidios, se parece al ladrón que grita “al ladrón” para desviar el odio hacia su víctima.
Dijo San Martín en 1820: “Los ricos y los terratenientes se niegan a luchar… un día se sabrá que esta Patria fue liberada por los pobres y los hijos de los pobres, nuestros indios y los negros, que ya no volverán a ser esclavos”.
Pero explicar lo que sabemos nosotros y otros más no tiene que ver con desasnar a los prisioneros de las redes sociales. Podemos argüir que nuestra mismísima Constitución dice que éste es un suelo abierto a todos los seres humanos de buena voluntad. Y, a diferencia de otros colonizadores también sanguinarios, los españoles en América Latina se reprodujeron en mezcla con nuestros pueblos originarios (bien lo sabe Córdoba).
Mas también se discrimina en este país, claro. A veces por tener cara morena de un país vecino, pero, sobre todo, hacia adentro por tener cierto aspecto de sumergido en la pirámide social. Desde la época de los que llamaron “cabecitas negras” a los sumergidos, en que en Argentina muchos poderosos no aceptaron la ascendencia social. “Clasismo”, digámoslo por su nombre.
Pero, en esta parte del mundo, la idea de afirmación racial es por lo menos delirante o, mejor, inconsistente.
Si algo nos distingue a los americanos, y especialmente a los argentinos, es la mixtura. En consecuencia, debería ir de suyo la superación del estigma de la identificación por raza, que tantas desventuras ha causado y causa en el mundo.
La razón de la sangre americana no se aferra al ayer, sino, sobre todo, al futuro. Proyecta un mundo verdaderamente nuevo, a diferencia de siglos occidentales en los que se creyó en la pureza de la descendencia y, con ella, la sucesión de las propiedades.
América es el proyecto de la fecundidad de la mixtura: al cabo de la colonización y de la inmigración, sumada a la esclavitud que diseminó en inmensas proporciones también la raíz africana, que encontró en este continente su caja de resonancia, desde el jazz del norte hasta el candombe del sur, y, claro, algo del tango.
América lleva en sus entrañas un variopinto racial que, si alguna vez termina de asomar como un esplendor, será una luz para toda la humanidad.






