Los gustos caros del ministro Caputo
El ministro de Economía parece haberse mimetizado con Javier Milei y adoptó la confrontación y el agravio como forma habitual de comunicación | Por Sergio Suppo.
07/08/2026 | 13:48Redacción Cadena 3
El ministro de Economía, Luis Caputo, volvió a darse un gusto caro. Durante una conferencia empresaria, eligió referirse con ironía a la situación del sector productivo: "La industria cayó 10%. Para todos los tarados que hablan de la industria".
Más que una ironía, fue una burla. Y una simplificación que no ayuda a comprender la compleja transición económica que atraviesa la Argentina.
Hablar de "la industria" como si fuera un bloque homogéneo es una generalización equivocada. Dentro de la actividad conviven sectores con realidades muy diferentes. Mientras la minería creció un 18,6% interanual, la construcción acumuló una caída del 13,8% y la industria manufacturera retrocedió cerca del 10%.
Esas disparidades muestran el cambio de matriz productiva que impulsa el Gobierno. La Argentina avanza hacia una economía más abierta, con el gas, el petróleo, la minería, el sector agropecuario y la economía del conocimiento como grandes generadores de inversiones y divisas. Al mismo tiempo, numerosas ramas industriales arrastran problemas de competitividad y sienten con mayor intensidad la apertura de las importaciones y la caída de la actividad.
El debate no debería pasar por conservar indefinidamente las protecciones que durante años obligaron a los consumidores argentinos a pagar productos más caros. Ese modelo debe cambiar. La apertura y la competencia son necesarias para terminar con privilegios, mejorar la productividad y reducir el llamado "costo argentino".
Pero una cosa es corregir las distorsiones del proteccionismo y otra muy distinta es ignorar las consecuencias de esa transformación.
La minería puede crear puestos de trabajo y desarrollar determinadas regiones del país, pero no reemplaza automáticamente la actividad manufacturera instalada en los grandes centros urbanos. Cuando una fábrica reduce su producción, suspende trabajadores o cierra, el impacto no queda limitado a una planilla económica: alcanza a las familias, al comercio y a toda la comunidad que depende de ella.
La crisis industrial, por lo tanto, es también un potencial problema social. Y todo problema social termina convirtiéndose, tarde o temprano, en un problema político y electoral.
El presidente de la Unión Industrial Argentina, Martín Rappallini, respondió que las expresiones de Caputo "no son declaraciones felices que ayudan al diálogo que tanto necesitamos". También recordó algo elemental: defender la industria no es incompatible con defender la estabilidad macroeconómica.
Buena parte del sector industrial acompaña el ordenamiento de las cuentas públicas y reconoce la necesidad de modificar un esquema agotado. Sin embargo, también observa con preocupación las dificultades que atraviesan muchas empresas. El Gobierno podría aprovechar ese respaldo para abrir una discusión franca sobre cómo transitar hacia una economía más competitiva sin repetir los errores proteccionistas del pasado y sin dejar un tendal de empresas y trabajadores en el camino.
La estabilidad macroeconómica es indispensable, pero no alcanza por sí sola. Si el Gobierno no atiende las consecuencias sociales de su programa, corre el riesgo de perder respaldo político y de poner en peligro los avances alcanzados después del enorme esfuerzo realizado por los argentinos.
Caputo parece haberse mimetizado con Javier Milei y adoptó la confrontación y el agravio como forma habitual de comunicación. Pero un ministro de Economía no puede darse todos los gustos. Mucho menos cuando sus ironías pueden resultar demasiado caras para el propio Gobierno y, finalmente, para todo el país.





