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Geopolítica de la IA: la nueva carrera entre potencias

Las advertencias de los principales empresarios de inteligencia artificial abrieron una discusión que ya involucra a Estados Unidos, China y Europa. Argentina ya tomó posición.

19/09/2026 | 00:01Redacción Cadena 3

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Hay algo llamativo en la carrera por la inteligencia artificial. Algunos de los que picaron en punta empezaron a pedir que todos vayan más despacio.

El sábado pasado, Dario Amodei, CEO de Anthropic, reclamó reducir el ritmo con el que aumentan las capacidades de los modelos más avanzados. Propuso evaluadores independientes, estándares comunes y acuerdos internacionales. Sam Altman, de OpenAI, y Elon Musk respaldaron partes centrales de la propuesta.

Amodei sostiene que las capacidades avanzan más rápido que los mecanismos disponibles para comprenderlas y controlarlas. Altman advirtió también que no puede tratarse con indiferencia una probabilidad incierta de catástrofe causada por sistemas avanzados.

En febrero escribí en estas páginas sobre esa misma preocupación y sobre una tecnología cuya velocidad empezaba a desconcertar incluso a quienes la desarrollaban. Desde entonces, la discusión alcanzó también al Vaticano.

El papa León XIV dedicó su primera encíclica, Magnifica Humanitas, a la inteligencia artificial. Allí advierte que incluso quienes diseñan estos sistemas conocen de manera limitada su funcionamiento interno. También señala que la IA tiende a aumentar el poder de quienes ya poseen recursos económicos, conocimientos y acceso a los datos, y reclama controles efectivos cuando están comprometidos derechos fundamentales y bienes públicos.

Ese último punto conduce directamente a la discusión de esta semana.

Mistral, la compañía francesa convertida en la principal referencia europea entre los desarrolladores de grandes modelos de IA, rechazó los llamados a desacelerar. Europa corre detrás de Estados Unidos y teme que nuevas restricciones consoliden esa distancia. Empresarios y especialistas europeos mencionaron incluso el riesgo de regulatory capture: reglas que eleven las barreras de entrada y favorezcan a quienes ya ocupan posiciones dominantes.

China, por su parte, reaccionó con mayor dureza. El Global Times, periódico respaldado por el Estado chino, describió el planteo de Amodei como una táctica de la Guerra Fría. El medio también cuestiona que Amodei defienda restricciones estadounidenses sobre chips avanzados y transferencias tecnológicas hacia China. La discusión sobre seguridad quedó así superpuesta con la competencia estratégica entre las dos grandes potencias.

Toda esta pulseada tiene un antecedente de hace exactamente ochenta años.

En 1946, Estados Unidos era el único país que poseía armas atómicas. Bernard Baruch, financista y representante estadounidense ante la Comisión de Energía Atómica de la ONU, presentó entonces un plan para someter el desarrollo nuclear a una autoridad internacional con capacidad de inspección y sanción. Washington avanzaría luego hacia la eliminación de su propio arsenal.

La Unión Soviética rechazó aspectos esenciales del esquema. Exigía la eliminación previa de las armas existentes y desconfiaba de un sistema que dejaba inicialmente a Estados Unidos con el monopolio de la bomba. El acuerdo quedó bloqueado. En 1949 Moscú probó su primera arma nuclear y comenzó la carrera armamentística de la Guerra Fría.

Se trata de una comparación limitada: una bomba puede contarse, almacenarse y destruirse. Los modelos de inteligencia artificial cambian permanentemente y tienen aplicaciones civiles extendidas por toda la economía.

El punto de contacto aparece en la conducta de los Estados frente a una tecnología estratégica. Cuando una tecnología modifica la distribución del poder, cada gobierno examina las reglas según cómo pueden alterar el equilibrio con sus competidores.

Donald Trump no se anduvo con vueltas. Esta semana rechazó los llamados a ralentizar el desarrollo y sostuvo que una desaceleración estadounidense podría beneficiar a China. Dentro de Estados Unidos quedó expuesta una llamativa discusión: algunos de los empresarios que lideran la industria piden mayor cautela mientras la Casa Blanca teme que esa cautela tenga un costo estratégico.

Argentina ya tomó una posición.

El embajador en Washington, Alec Oxenford, respaldó el enfoque de Trump y presentó a Javier Milei como "fundamentalmente optimista" respecto de la inteligencia artificial. Sostuvo que la respuesta debe ser "desatarla, liderarla y gestionar sus riesgos" y vinculó el desarrollo tecnológico con el liderazgo de las democracias occidentales.

La posición tiene también una explicación económica. Argentina se incorporó este año a Pax Silica, la iniciativa promovida por Estados Unidos para fortalecer entre socios confiables las cadenas que sostienen la economía de la IA: minerales críticos, energía, semiconductores e infraestructura. El Gobierno busca insertar allí recursos argentinos y atraer inversiones vinculadas con centros de datos y procesamiento.

La discusión llegará la semana próxima al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

OpenAI confirmó a Reuters que Sam Altman participará personalmente de una reunión abierta dedicada a inteligencia artificial y seguridad internacional. Allí defenderá una mayor coordinación entre países y estándares compartidos de seguridad.

Al día siguiente, el 24 de septiembre, Trump recibirá a Xi Jinping en Washington. La inteligencia artificial estará entre los asuntos previstos, junto con las restricciones tecnológicas, Taiwán y el comercio.

Hoy la carrera de la IA tiene más protagonistas. Estados Unidos conserva la delantera, China intenta reducirla, Europa teme quedar relegada y Argentina decidió acercarse al ecosistema estadounidense. Ese es el panorama.

Y este viernes supimos además hasta dónde puede llegar esta nueva carrera. Según reveló la CNN, un informe militar estadounidense elaborado con ayuda de IA identificó falsamente a un barco chino como una embarcación que transportaba componentes de un programa nuclear. Estados Unidos llegó a preparar una operación para interceptarlo antes de descubrir el error.

Esta vez algún humano revisó a tiempo. El hecho agrega una dimensión concreta a la carrera: cuanto más se incorpora la IA a decisiones militares, mayores pueden ser las consecuencias de un error.

Hace ochenta años, el Plan Baruch mostró hasta qué punto resulta difícil acordar reglas cuando una tecnología estratégica puede alterar el equilibrio entre potencias. La IA vuelve a plantear ese problema.

La carrera ya empezó. Su geopolítica también.

Lectura rápida

¿Qué pidió Dario Amodei?
Dario Amodei, CEO de Anthropic, pidió reducir el ritmo de desarrollo de modelos de inteligencia artificial y propuso estándares comunes y evaluadores independientes.

¿Quiénes apoyaron la propuesta de Amodei?
Sam Altman de OpenAI y Elon Musk respaldaron partes centrales de la propuesta de Dario Amodei.

¿Qué posición tomó Argentina sobre la inteligencia artificial?
Argentina, a través de su embajador en Washington, Alec Oxenford, respaldó el enfoque de Trump y presentó a Javier Milei como optimista respecto a la inteligencia artificial.

¿Qué sucederá en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas?
La discusión sobre inteligencia artificial y seguridad internacional se llevará a cabo con la participación de Sam Altman de OpenAI.

¿Cuál es la preocupación principal sobre la inteligencia artificial?
La preocupación principal es que las capacidades de inteligencia artificial avanzan más rápido que los mecanismos para comprenderlas y controlarlas, lo que podría llevar a catástrofes.

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