El valor de los medios abiertos y el acceso gratuito
Las democracias requieren la existencia de múltiples medios de comunicación abiertos y de acceso gratuito, en los que participen profesionales de la comunicación con vocación de servir a la verdad, y con ella y por ella, a las personas.
Las redes sociales prometieron democratizar la comunicación, pero terminaron concentrando una enorme capacidad de conocer, condicionar y orientar las conductas de sus usuarios. Frente a ese poder opaco, los medios abiertos y de acceso gratuito siguen cumpliendo una función esencial: ofrecer información producida por profesionales identificables, someterse al escrutinio público y generar un espacio común donde puedan encontrarse personas con opiniones, experiencias e intereses diferentes. Esa diversidad es una condición necesaria para una sociedad democrática.
Las redes sociales y las "big tech" han instaurado la sensación de que llegaron para "democratizar" la comunicación. Ciertamente, mediante el uso de la red internet y la amplísima disponibilidad de dispositivos conectados a la misma, han logrado un hecho trascendente: un universo inconmensurable de personas, de la más variada tipificación según sexo, edad, nivel cultural, poder adquisitivo y radicada en cualquier rincón del planeta, puede conectarse a esta red de telecomunicación para interactuar, es decir, manifestar y receptar.
Hay una trastienda de las redes y de las "big tech" de la cual no hay acabada conciencia. No todos los usuarios saben que el dominio de sus operaciones está concentrado en un puñado de corporaciones de una magnitud económica que supera a la de varios Estados nacionales. No todos los usuarios saben que todas las cuestiones que receptan y manifiestan a través de las redes y otros servicios de comunicación se transforman en datos que son recopilados y ordenados por secretos algoritmos con la intención de conocer sus preferencias e inducir sus conductas.
No todos los usuarios saben que las operaciones de estas corporaciones resultan incontrolables, y que los poderes de los Estados y la acción de la justicia sobre las mismas puede actuar recién cuando se manifiestan daños de muy difícil reparación. No todos los usuarios saben que todos los sistemas destinados a registrar y controlar la veracidad de las identidades de los interactuantes en las redes son de fácil evasión y están fuera de todo control.
Cuando se toma conocimiento de la trastienda de las redes y de las "big tech", se concluye en que inversamente a lo declamado, la consecuencia del despliegue de sus prestaciones no ha sido la "democratización" de la comunicación, sino que, por el contrario, han servido para violentar la privacidad y la propiedad, facilitar la impunidad del anonimato y la falsedad de identidad y, con el uso de los más secretos algoritmos, comercializar acciones tendientes a inducir conductas de consumo y posiciones en la opinión pública.
Con la bandera de la "democratización" se ha ejecutado un elaborado plan de dominio de voluntades. Los algoritmos permiten que cada uno se embriague en sus propias tendencias, tanto de consumo como de opinión. En la creencia de ir por su libertad, los individuos han terminado encerrados en sus preferencias inducidas y, en probados casos, convertidos en adictos.
Asistimos a un curioso fenómeno de fragmentación social, que puede resultar de tipo bipartita o de infinitas particiones, según convenga a quienes ejercen el dominio de las redes, sea por sus propios intereses o por servicios onerosos prestados a terceros.
Frente a este panorama de dominio y manipulación se plantan los medios de comunicación de acceso abierto y gratuito. Son medios de comunicación que tienen marca de identidad cierta, que tienen comunicadores profesionales con nombre y apellido, conocidos por sus tendencias ideológicas y modos de interpretar los más variados aspectos de la realidad social.
Son medios factibles de ser accedidos por cualquier persona, sin condición ni requerimiento de tipo alguno. Son medios que tienen como razón de su existencia el servicio a sus audiencias, y por ello están en disponibilidad permanente para escuchar, para conocer necesidades y vicisitudes. Son medios que receptan y expresan las más variadas opiniones. Son medios que permiten el encuentro de los distintos. Distintos por sus opiniones, distintos por sus vivencias, distintos por sus gustos y preferencias, distintos por su nivel de conocimientos, distintos por el nivel de ingresos y consumo, distintos por sexo y edad.
Todos distintos, pero con una base de intereses e identidades en común. Identidades culturales, dadas por historias y valores que se manifiestan en "estilos de vida". Intereses por el orden social y económico sobre el que actúa la dirigencia política que comparten.
Las democracias requieren la existencia de múltiples medios de comunicación abiertos y de acceso gratuito, en los que participen profesionales de la comunicación con vocación de servir a la verdad, y con ella y por ella, a las personas.
Se requieren profesionales que tengan suficiente fortaleza y honestidad para descubrir y mostrar lo que los poderes quieren ocultar. Se requiere de empresarios que sostengan las empresas que hacen posible el trabajo de tales profesionales, imbuidos de la convicción de que con ello están generando un valor inapreciable para el bienestar de las comunidades en las que están insertos.
Tal cual sucede en la naturaleza con la endogamia, el encierro comunicacional degrada a las sociedades. Es en el encuentro entre distintos donde se forjan las ideas superadoras útiles en la búsqueda del bienestar general. La diversidad enriquece a la cultura y a la ciencia.
Las redes sociales y las "big tech" no han democratizado, han facilitado una concentración de poder inconmensurable. Los medios de comunicación abiertos y de acceso gratuito han tenido un importante papel en el proceso de consolidación de las democracias, y son muchos los dispuestos a perseverar en tal tarea tomando las nuevas tecnologías como herramientas para hacer mejor su trabajo en beneficio de las personas y sus comunidades.
Esclarecer y divulgar lo que sucede en la trastienda de las redes sociales y de las operaciones de las poderosas "big tech" es nuestra obligación por ser un medio de comunicación abierto y de acceso gratuito, en el que adherimos al lema "Veritas vos liberabit" (La verdad os hará libres).





