En vivo

Viva la Radio

Geo y Alejandro

Argentina

En vivo

Viva la Radio

Lucas Correa

Rosario

En vivo

Viva la Radio Santa Fe

Matías Arrieta

Santa Fe

En vivo

Fire Time Recargado

Ushuaia

En vivo

Horario corrido

Flavia Dellamaggiore

En vivo

La Cadena del Gol

Mauricio y Celeste

En vivo

Lista manija

Radio

Podcast

La mesa de café

Podcast

La opinión de Rodolfo Barili

Podcast

La opinión de Pablo Sirvén

Podcast

3x1=4

Podcast

La otra mirada

Podcast

La quinta pata del gato

Podcast

Agenda económica

Podcast

El dato confiable

Podcast

Los editoriales de Alberto Lotuf

Podcast

Cuadro de Situación

Escuchá lo último

Elegí tu emisora

El odio

No es bueno acompañar ni apañar, con el silencio, la confrontación. Es necesario elegir y promover la cultura del encuentro.

04/09/2026 | 16:29Redacción Cadena 3

Añadir Cadena 3 a

Agregá Cadena 3 a tus preferidos en Google
El odio. (Foto: ilustrativa)

FOTO: El odio. (Foto: ilustrativa)

Google News

Mirá las notas de Cadena 3 en Google News

WhatsApp

Mirá las notas de Cadena 3 en WhatsApp

Una sociedad no puede construirse sobre la confrontación permanente ni sobre la necesidad de fabricar enemigos. Cuando el odio se convierte en un instrumento para acumular poder, debilita los vínculos que hacen posible la vida en común. Frente a esa lógica, no alcanza con guardar silencio: es necesario elegir y promover la cultura del encuentro.

Las ciencias que estudian la psiquis y las ciencias sociales, junto a distintas corrientes del pensamiento filosófico, han abordado el odio como pulsión innata al ser humano.

Nuestro poeta popular Pablo Raúl Trullenque, en su conocido escondido al que puso música 'Cuti' Carabajal, expresa: "Solo se diferencia del reino animal porque es el hombre el único capaz de odiar". ¡La pucha con el hombre!

No hace falta consultar mucha bibliografía para tomar conciencia de que el odio es una fuerza que inhibe la necesidad de sociabilidad que también es innata al ser humano.

Asistimos a dos fuerzas que chocan y que han demandado profundos razonamientos para determinar cuál de ellas merece imponerse sobre la otra. Nuevamente apelamos a un discernimiento simple y nos preguntamos: ¿puede el hombre vivir en plenitud con prescindencia de sus prójimos? La respuesta es no. Nacemos débiles e indefensos. Sin el afecto, el alimento y los cuidados de nuestras madres no podríamos sobrevivir. Nuestras madres requieren de la ayuda parental para cumplir mejor con las obligaciones de la maternidad. Es inobjetable que la tarea de crianza se ejecuta mejor de a dos, que tales dos requieren de un entorno social en el que puedan generar e intercambiar los bienes y servicios necesarios para la subsistencia. Nadie puede vivir plenamente solo en medio de la nada, y menos aún afrontar las tareas de la crianza.

Al concluir que sin sociabilidad no hay vida, tenemos por delante la clara respuesta de cuál es la pulsión que debe imponerse.

En una visión unidireccional es fácil observar en una persona que el odio le hace tomar distancia del otro y hasta lo impulsa a promover su destrucción. Cuando apelamos a una visión bidireccional, de ida y vuelta, podemos concluir en que cuando el odio responde al odio, la sociabilidad no tiene cabida y crece el riesgo de la mutua destrucción.

El odio es el condimento con el que se sazonan las guerras, motivadas siempre por ambiciones de poder y de posesión de riquezas, pero que encuentran en el odio el combustible social que mantiene viva la llama de la justificación de lo injustificable. La guerra siempre es un crimen, nos lo advirtió Juan Bautista Alberdi en su obra póstuma a finales del siglo XIX.

Los sencillos conceptos expuestos nos advierten que toda apología del odio es antisocial y por ende peligrosa para la continuidad de la vida. Pese a la obviedad, asistimos con asombro a exhortaciones al odio pronunciadas por altas autoridades y descubrimos que el odio es utilizado como insumo en el fomento de tráfico en las redes sociales.

Debemos estar advertidos y obrar en consecuencia. No es bueno acompañar ni apañar con el silencio las exhortaciones al odio. Debemos corresponder con exhortaciones a deponer tales actitudes, señalando el peligro que aquellas encierran.

En nuestra Córdoba, cuando finalizaba el siglo XX, se propició la conformación del Comité Interreligioso por la Paz (COMIPAZ), entidad que continúa su existencia en nuestros días promoviendo la cultura del encuentro desde los líderes religiosos monoteístas. Es una luz de esperanza en medio de una sociedad cruzada por la confrontación como método básico de generar poder político. Hay quienes sostienen que se necesita de un enemigo para

generar poder. Poder que siempre resulta estéril e insuficiente por la continuidad amenazante del enemigo. Salta a la vista lo inútil y peligroso del método.

No es muy difícil entender que con odio y confrontación no será posible construir una sociedad en la que las personas puedan aspirar a lograr su plenitud.

Odio o encuentro. Esa es la clave con la que debemos observar a nuestras dirigencias, sabiendo que quienes predican el odio conducen a la destrucción de la sociedad.

Trabajemos para que este hombre "capaz de dar la vida o de matar" se encamine hacia el encuentro con el otro para poder asombrarse, llorar y reír. "Será la fantasía que Dios creó" (Pablo Raúl Trullenque).

Lo más visto

Sociedad

Opinión

Podcast

La otra mirada

Podcast

La mesa de café

Podcast

La quinta pata del gato

Podcast

3x1=4

Podcast

El dato confiable

Podcast

Política esquina Economía

Podcast

Cuadro de Situación

Podcast

Los editoriales de Alberto Lotuf