La historia de resiliencia de Ángel Correa, el último refuerzo estrella de River
El delantero rosarino fue la compra más costosa de la historia del "Millo". Con probada jerarquía, experiencia y talento, es una de las cartas con las que el equipo de Núñez buscará la reconstrución este semestre.
02/08/2026 | 07:38Redacción Cadena 3
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La Previa
Cubierto de tatuajes, el cuerpo de Ángel Correa cuenta gran parte de su historia. Los más importantes están ligados a su vida afuera de las canchas: Marcela, el nombre de su mamá, está en su antebrazo derecho. Y en el medio del pecho, bien grande, hay una sola palabra que va de hombro a hombro: “Familia”.
Los ríos de tinta en su piel también exhiben su pasión por el fútbol: el escudo de Rosario Central, el club de sus amores; estrellas con los números “13” y “14”, en referencia a los años en los que fue campeón con San Lorenzo, y un enorme diseño en su espalda a meses de ganar el Mundial se destacan en su colección. Ahora, con un flamante horizonte que llega después de una larga novela, seguramente querrá sumar otro más relacionado a un nuevo y gran desafío en su carrera: River Plate.
Ángel Correa nació el 9 de marzo de 1995 en Rosario, y su vida estuvo marcada por la lucha y la resiliencia. Su infancia se terminó cuando tenía 10 años, con la muerte de su papá, que también se llamaba Ángel Correa. El panorama para Marcela, su mamá, era desolador: había quedado sola, a cargo de 10 hijos y le costaba ver la luz al final del túnel. “Angelito” solo podía pensar en lo que le decía su papá cada vez que lo llevaba al club: que él podía salvar a la familia. Esa expresión de deseo se convirtió en una realidad mucho antes de lo esperado.
El humilde barrio de Las Flores, en la ciudad de Rosario, no era el escenario ideal para que un pibito con talento se convirtiera en futbolista profesional. La delincuencia y las drogas ya habían terminado con las esperanzas de muchos chicos, que parecían condenados a un destino inevitable. El caso de Correa, sin embargo, fue distinto. Sus amigos del barrio, que se peleaban para elegirlo en los picaditos y lidiaban contra las adicciones, lo protegieron más que a sí mismos.
San Lorenzo lo adoptó cuando tenía 12 años y “Angelito” abandonó Rosario para mudarse a la pensión del “Ciclón” junto a decenas de chicos de todo el país que perseguían el mismo sueño. El club se convirtió en su nueva red de contención, que hizo de casa, escuela y también iglesia, porque Correa hizo la confirmación en una misa organizada para los chicos de las inferiores. Años más tarde descubrió que el cura que le había dado la Eucaristía era Jorge Bergoglio, quien luego sería el Papa Francisco, y sintió que su camino era observado y cuidado desde más arriba.
Debutó en Primera a los 18 años, en la era de Juan Antonio Pizzi, y los “cuervos” se ilusionaron rápidamente con sus gambetas y desfachatez. Metió su primer gol en un clásico contra Boca y le regaló ese festejo a su papá, que ese día habría cumplido años. Cerró el 2013 en lo más alto del Torneo Inicial, ya como titular, y gritó campeón con San Lorenzo.
Edgardo Bauza se hizo cargo del equipo y Correa estiró su buen momento. Diego Simeone llevaba un tiempo observándolo y lo pidió para el Atlético de Madrid, en lo que sería su salto a Europa. El “Ciclón” pidió que su joyita pudiera jugar las fases finales de la Libertadores, y recibió el visto bueno desde Madrid. El enganche viajó a España con todo listo para cerrar el trato, pero la situación tomó un giro inesperado.
Los médicos descubrieron que Ángel tenía un quiste cardíaco, y había que operarlo con urgencia. Tras ese diagnóstico, la transferencia, la Copa Libertadores y hasta su carrera quedaron en segundo plano. Correa tuvo que operarse a corazón abierto en Nueva York, acompañado únicamente por su representante. A él le confesó que no tenía miedo de morirse: su mayor preocupación era volver a las canchas.
La cirugía fue un éxito, pero se perdió la consagración en la Libertadores y estuvo seis largos meses sin poder entrenar. El “Atleti” lo acompañó en cada paso de su tratamiento, y Simeone lo bancó cuando le decían que lo mejor era cederlo hasta que recuperara ritmo de competencia. Tuvo revancha en el Sudamericano sub 20 del 2015, cuando Humberto Grondona le dio la cinta de capitán. Se reencontró con la pelota en un gran nivel, fue la figura del torneo y celebró más que nadie su primera conquista con la “Albiceleste”.
Regresó a España con otro ánimo, ansioso por probarse en la misma liga que Lionel Messi y Cristiano Ronaldo. Atlético de Madrid lo presentó como refuerzo un año después de la operación, en julio del 2015, y los “Colchoneros” empezaron a hablar del rosarino como “el nuevo Kun Agüero”.
Pese a que al principio le costó encontrar continuidad, no se rindió y contó, una vez más, con el apoyo del “Cholo” Simeone. Recibió la camiseta número 10 y su esfuerzo tuvo premio en el 2018, cuando ganó la Europa League y la Supercopa de la UEFA. Jugó más de 400 partidos oficiales en el “Aleti” y se convirtió en una figura contemporánea del equipo español.
Su cuenta pendiente era la falta de oportunidades en la selección argentina, pero su chance de escribir la historia grande le llegó en 2021. Lionel Scaloni lo convocó para la Copa América de ese año, en la que pudo sumar minutos, y dio una de las vueltas olímpicas más festejadas en el Maracaná.
En 2022, su sueño mundialista parecía haberse caído por la borda, pero la lesión de Nico González le abrió una inesperada oportunidad. Mientras jugaba partidos de barrio en Argentina, recibió el llamado de Scaloni para sumarse “por la ventana” al representativo nacional, y formó parte del equipo campeón del mundo.
Posteriormente, en julio de 2025 y tras una década en Atlético de Madrid, pasó a Tigres de México, donde la rompió pero no pudo coronarse campeón. Y un año después, en medio de una novela y con una salida turbulenta del fútbol azteca, firmó en River por una cifra récord cercana a los 15 millones de dólares fijos, transformándose, a los 31 años, en la compra más costosa de la historia del “Millonario”.
Ángel Correa tuvo que lidiar con la temprana muerte de su papá, con una cirugía a corazón abierto y, muchas veces, con remarla de atrás para hacerse un lugar en el fútbol. El tiempo dirá si el talentoso atacante logra ser la figura que se espera que sea en River o si se trata de un arribo tardío. Pero lo que es seguro es que el rosarino no va a bajar los brazos hasta conseguirlo. La cicatriz que tiene en el medio del pecho, justo sobre su tatuaje de “Familia”, es la señal más contundente: “Angelito” Correa es un luchador incansable con un corazón a prueba de todo.
Texto y edición de audio: Juan Schulthess / Narración: Raúl Monti
Lectura rápida
¿Quién es Ángel Correa? Es un futbolista argentino, nacido el 9 de marzo de 1995 en Rosario, conocido por su trayectoria en San Lorenzo y Atlético de Madrid, y recientemente fichado por River Plate.
¿Qué desafíos enfrentó en su vida? Enfrentó la muerte de su padre a los 10 años, una cirugía a corazón abierto y la lucha por establecerse en el fútbol profesional.
¿Cuándo debutó en Primera División? Debutó a los 18 años en San Lorenzo, donde rápidamente se destacó como un jugador talentoso.
¿Dónde jugó antes de River Plate? Jugó en el Atlético de Madrid durante una década y luego en Tigres de México antes de unirse a River Plate.
¿Por qué es significativo su fichaje en River Plate? Su fichaje por River Plate fue por una cifra récord cercana a los 15 millones de dólares, convirtiéndose en la compra más costosa de la historia del club.






