La UNESCO y sus tesoros insólitos: del silbo gomero al cuarteto
A ocho décadas de su creación, Pancho Marchiaro recorre historias extraordinarias del patrimonio mundial: un templo rescatado, lenguajes silbados, torres humanas y el cuarteto cordobés.
07/11/2026 | 14:42Redacción Cadena 3
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Hoy les voy a hablar de algo que, a primera vista, puede parecer un plomo, pero que es interesantísimo: los 80 años de la UNESCO. Una de las organizaciones internacionales más prestigiosas del mundo y que, aunque muchas veces no sepamos exactamente para qué sirve, está mucho más presente en nuestras vidas de lo que imaginamos.
La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura nació el 16 de noviembre de 1945, cuando todavía estaban frescas las heridas de la Segunda Guerra Mundial. Su constitución entró en vigor el 4 de noviembre de 1946 y su objetivo era tan ambicioso como necesario: promover la paz a través de la educación, la ciencia, la cultura y la cooperación intelectual entre los países. Cuenta con 167 países integrantes, estados asociados y un abandono extraño: Estados Unidos, por decisión de su presidente, abandonará su estructura a finales de este año.
Francia e Inglaterra fueron grandes impulsoras de esta iniciativa, que partía de una idea muy interesante: si los conflictos nacen también de la incomprensión entre los pueblos, el conocimiento y la cultura pueden ayudarnos a prevenirlos. En noviembre de 2025, la organización celebró sus primeros 80 años de historia.
Entre sus iniciativas más conocidas están las listas de Patrimonio de la Humanidad, que reconocen lugares, paisajes, monumentos y manifestaciones culturales de enorme valor. Y acá aparece una cuestión que me resulta fascinante: el patrimonio no es solamente un edificio antiguo o una obra de arte. También puede ser una forma de bailar, una celebración popular o, aunque parezca increíble, una manera de comunicarse a través de silbidos.
El templo egipcio que fue trasladado para no desaparecer
Una de las historias más épicas de la UNESCO ocurrió en Egipto. En la década de 1960, la construcción de la gran presa de Asuán y la formación del lago Nasser amenazaban con dejar bajo el agua un monumento extraordinario de valor histórico incalculable: Abu Simbel, un conjunto edilicio construido durante el reinado de Ramsés II, en el siglo XIII antes de Cristo. Imaginen lo que significaba perder semejante testimonio de la civilización egipcia.
La UNESCO coordinó entonces una operación que parece una hazaña de ingeniería y arqueología al mismo tiempo, especialmente para esa época. A partir de 1964, especialistas de numerosos países trabajaron para desmontar el templo en grandes bloques, trasladarlo y reconstruirlo en un lugar más elevado. El monumento terminó ubicado unos 65 metros más arriba, a salvo de las aguas que amenazaban con hacerlo desaparecer.
Es extraordinario pensar que un edificio de más de tres mil años pudo ser desarmado y reconstruido prácticamente pieza por pieza. La operación culminó en 1968 y se convirtió en una de las mayores demostraciones de lo que puede lograr la cooperación internacional cuando se propone proteger algo que pertenece, culturalmente, a toda la humanidad.
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Un idioma de silbidos y torres humanas de diez pisos
Pero el patrimonio también puede encontrarse en lugares completamente inesperados y la mejor prueba de ello son algunos elementos de la lista de patrimonio inmaterial como en La Gomera, una de las islas Canarias: allí existe una forma de comunicación llamada silbo gomero. Se trata de un lenguaje que mediante silbidos permite transmitir mensajes a través de los profundos barrancos y valles de la isla.
Es una tradición extraordinaria porque convierte algo tan sencillo como un silbido en una idioma. Los habitantes de La Gomera desarrollaron un sistema capaz de formar más de 4000 ideas con sonidos silbados, una práctica transmitida durante generaciones y reconocida por la UNESCO en 2009.
Otra manifestación fascinante está en Cataluña, también España, donde encontramos los famosos castells, esas torres humanas en las que decenas de personas se organizan para construir estructuras que pueden alcanzar hasta diez niveles.
Piensen en lo que significa: personas que se suben unas sobre otras, con una precisión y una confianza colectiva impresionantes. No estamos hablando solamente de una destreza física, sino también de una tradición que se transmite entre generaciones y que representa el trabajo en equipo de toda una comunidad.
Y si viajamos un poco más cerca, encontramos el Carnaval de Oruro, en Bolivia. Una celebración multitudinaria que reúne danzas, música, vestimentas y tradiciones de raíces andinas, transformadas a lo largo de los siglos por el encuentro con las expresiones del catolicismo.
Su historia se remonta a antiguas ceremonias indígenas que, durante la colonización española, fueron adaptándose a las festividades cristianas para sobrevivir a las prohibiciones religiosas. Hoy es una celebración extraordinaria, cuya procesión principal puede extenderse durante veinte horas ininterrumpidas, con más de 20 bailarines y músicos músicos participantes, cientos de miles de asistentes y hasta 20 horas de duración.
Son ejemplos que nos ayudan a entender que preservar el patrimonio significa una protección imprescindible de los edificios y monumentos, y también mantener vivas formas de expresión que cuentan quiénes somos, de dónde venimos y cómo nos relacionamos con los demás.
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De Italia a la Argentina: los patrimonios que nos representan
Italia es el país con mayor cantidad de sitios reconocidos como Patrimonio Mundial por la UNESCO, con 62. No resulta extraño si pensamos en la extraordinaria concentración de historia, arquitectura, arqueología y arte que tiene ese país.
Pero Argentina también ocupa un lugar destacado. Nuestro país cuenta con 12 sitios inscritos en la Lista del Patrimonio Mundial, entre ellos cinco bienes naturales: el Parque Nacional Los Glaciares, el Parque Nacional Iguazú, Península Valdés, los parques naturales de Ischigualasto y Talampaya, y el Parque Nacional Los Alerces.
Son paisajes extraordinarios que forman parte de nuestra identidad, pero cuyo valor va mucho más allá de nuestras fronteras. Reconocerlos como patrimonio mundial significa también asumir la responsabilidad de conservarlos para las próximas generaciones.
Y cuando hablamos del patrimonio cultural inmaterial, la historia se pone todavía más interesante. Porque ahí aparece el tango, reconocido por la UNESCO en 2009, una expresión artística que nació en el Río de la Plata y terminó recorriendo el mundo.
Pero hay otro reconocimiento que nos toca especialmente a los cordobeses. Y acá, permítanme inflar un poco el pecho: el cuarteto también es Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad desde diciembre de 2025.
Esa música que nació y creció en Córdoba, que atravesó generaciones y que forma parte de nuestra manera de encontrarnos, bailar y celebrar, hoy comparte un lugar en el patrimonio cultural mundial con algunas de las expresiones más extraordinarias del planeta.
El reconocimiento no se limita a un género musical, sino que contempla también sus letras, su danza y toda la cultura popular que se construyó alrededor de él. Es decir, una forma de vivir y sentir la música que los cordobeses conocemos muy bien.
Después de recorrer todas estas historias, vale la pena volver a la pregunta inicial: ¿para qué sirve la UNESCO? nos encantará leer tus opiniones …





