La esencia paraguaya puso a la hegemonía europea patas para arriba
La eliminación de Alemania y Países Bajos confirmaron que el dominio europeo ya no parece incuestionable como antes. La amezana africana y el hambre de gloria sudamericano le ponen otro acento a un mundial impredecible.
30/06/2026 | 01:56Redacción Cadena 3
Desde que comenzó este nuevo siglo las selecciones europeas fueron protagonistas de todas las definiciones, ganando 4 de los 6 mundiales disputados. Solamente Brasil y Argentina lograron romper la lógica de ese nuevo y ahora viejo fútbol. Pero esta Copa del Mundo 2026 llegó para empezar a discutir esa hegemonía del Viejo Continente en la cultura de nuestro fútbol híper globalizado.
Este lunes la poderosa Alemania se quedó sin poder disputar los octavos de final por tercer mundial consecutivo. Sin figuras de renombre, ni tampoco un líder dentro de la cancha como fuera Lothar Matthaus, Franz Beckenbauer o Thomas Müller, el equipo germano cosechó otro ruidoso fracaso con un equipo sin esencia, ni presencia propia. Horas después Países Bajos traicionó su “fútbol total” con un planteo amarrete que se vio ampliamente superado ante el ofensivo Marruecos, a pesar de quedar eliminado en los penales.
Paraguay, por su parte, demostró que el plan para neutralizar el tímido juego colectivo alemán no necesitaba mucho secreto e innovación. Le quitó espacios para que no exploten la superioridad física y se abroqueló atrás para cortar los circuitos de juego a través del pase. El resultado fue un ritmo monótono, sin creatividad y abuso de centros al área que fueron pan comido para los centrales paraguayos, que nunca fallaron en ese juego de alturas, ante la falta de un nueve clásico. Imagino la decepción de Miroslav Klose observando el partido.
Las estadísticas que aportó FIFA tras el encuentro dicen que Alemania dio 583 pases más que Paraguay (843 vs 261), pero que tiró 51 centros contra los solo 13 que intentaron los guaraníes. Además, contaron con 16 córners y 13 tiros libres. Números y más números que ayudan a graficar la falta de variantes para lastimar el bloque compacto, aguerrido y fiel a su historia que preparó Gustavo Alfaro.
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Los rendimientos individuales de las figuras que son parte de los mejores equipos de Europa no pudieron marcar diferencia contra una defensa paraguaya “made in” fútbol argentino. Ni Havertz (Arsenal), Sané (Galatasaray), Wirtz (Liverpool) o Musiala (Bayern) pudieron contra Cáceres (cinco años en Racing de Avellaneda), Gómez (tres años en Lanús), Canale (actual jugador de Lanús) y Junior Alonso (ex jugador de Boca). Es más, 16 de los 26 futbolistas que eligió Alfaro tuvieron un paso por nuestro país. Y por si eso no bastara, el arquero actual de San Lorenzo (Orlando Gill) fue el héroe de la jornada atajando dos penales, uno a Havertz y otro a Woltemade (Newcastle).
Pocos, por no decir casi nadie avizoraba esta hazaña guaraní en tierras estadounidenses. Pero si alejamos el zoom y apuntamos al resto de los equipos europeos existe un patrón que debería encender una alarma en las oficinas de la UEFA. De las 16 selecciones que disputan la Copa del Mundo solo Francia, España, Inglaterra y Portugal cuentan con jugadores que tienen la “libertad” para influir en el juego de forma individual. El resto no tiene figuras de renombre. Kylian Mbappé, Harry Kane, Cristiano Ronaldo y Lamine Yamal son la excepción a la regla. La mayoría prioriza el orden y la monotonía del pase, sobre el caos del instinto impredecible.
La amenaza del fútbol africano también abre un paréntesis a este planteo. Marruecos, Senegal, Costa de Marfil, Ghana y Argelia ahora no solo tienen juventud y poderío atlético sino que también cuentan con figuras que se destacan en Europa por su jerarquía individual. Pueden desequilibrar a través de la velocidad, pero también gambetear y adaptarse al rigor táctico. Un combo que escasea en Europa y que la globalización modificó no solo la forma de jugar, sino la materia prima para nutrir los planteles. Hoy el 80% de los jugadores de Francia tienen ascendencia africana, por dar un ejemplo.
Alfaro lo sintetizó en la conferencia de prensa tras el triunfo ante Alemania: “Venimos de la tierra colorada; esa tierra que está en las franjas coloradas de nuestra camiseta. Ojalá tuviéramos las herramientas de Alemania, pero jamás reniego de nuestros orígenes. Y los jugadores representaron el lugar del que venimos”. Hoy parece que Europa perdió su esencia.
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Las competencias europeas también cambiaron en este tiempo. La desigualdad de los equipos poderosos cada vez es mayor con respecto al lote medio y bajo. El negocio metió la cola y los campeones obtienen más fama y dólares, pero menos gloria que antes. El Paris Saint Germain contó con un presupuesto de 837 millones de euros para poder levantar la Champions League y el valor actual de su plantel ronda los 1.210 millones de euros. El valor de mercado atenta contra la naturaleza del juego. El sacrificio se paga demasiado bien y la comodidad hace que los futbolistas pretendan salvar su vida antes que “defender los colores”. Curiosamente (o no tanto) el escudo, los clubes y los hinchas fueron perdiendo valor, pero no de mercado. La identidad es lo que se pierde. Los colores cambian porque lo único que importa es ganar. Aunque eso sea ir contra tu historia.
En Sudamérica ocurre algo similar. Brasil, Chile y Uruguay le abrieron las puertas a las SAD. Un modelo que quieren replicar de Europa y los resultados están a la vista. Chile sin Mundial, Uruguay afuera en fase de grupos y Brasil no mete miedo. Faltan figuras, cracks que se formen en su tierra y den el salto a Europa con una identidad marcada. Argentina aún resiste y lo aprovecha en la Selección. Otra cosa son los clubes y las persistentes vaivenes económicos que atentan contra los proyectos. Pero la esencia está ahí; en los clubes y en el potrero.
La imagen más recordada de la última Champions fue el 5-4 del PSG ante el Bayern en la ida de las semifinales. Esa tarde del 28 de abril de este año, el mundo del fútbol llenó de elogios la competencia europea. Hoy, tan solo dos meses después, mira con asombro el ocaso de las principales potencias del Viejo Continente. “Algo ha cambiado, dentro de mí”, canta Pappo y aplica a lo que estamos viendo en este apasionante y parejo Mundial.
Lectura rápida
¿Qué selecciones europeas han ganado mundiales en este siglo?
Las selecciones europeas han ganado 4 de los 6 mundiales disputados desde el año 2000.
¿Qué le ocurrió a Alemania en este mundial?
Alemania no pudo disputar los octavos de final por tercer mundial consecutivo, sufriendo un nuevo fracaso.
¿Quién fue el héroe del partido entre Paraguay y Alemania?
El héroe fue Orlando Gill, arquero de San Lorenzo, quien atajó dos penales.
¿Qué patrón se observa en las selecciones europeas?
Solo Francia, España, Inglaterra y Portugal tienen jugadores con libertad para influir en el juego, el resto prioriza el orden y la monotonía.
¿Qué cambios han afectado a las competencias europeas?
La desigualdad entre equipos poderosos y los de menor nivel ha aumentado, y el valor de mercado ha atenuado la esencia del juego.






