Tito Dómina presenta una biografía de Rivadavia en primera persona: "Es el unitario por excelencia"
El historiador cordobés reconstruyó la vida de Bernardino Rivadavia en primera persona, a partir de documentos y fuentes bibliográficas. En una entrevista con Cadena 3 repasó su protagonismo en los primeros años del país, sus reformas, los conflictos políticos y el final de su vida.
29/10/2026 | 20:41Redacción Cadena 3
Tu nuevo libro se llama Yo, Rivadavia. Una memoria conjetural. ¿Cómo surgió la idea de reconstruir la vida de Bernardino Rivadavia y hacerlo hablar en primera persona?
El libro está escrito en primera persona. Si bien es una obra histórica y biográfica, tiene también un vuelo literario, porque el relato lo hace el propio protagonista. Rivadavia no dejó sus memorias, algo que en aquella época era bastante habitual. Vivió entre 1780 y 1845 y, como no contamos con ese testimonio, reconstruí su vida desde esa perspectiva. Por eso digo que es una memoria conjetural.
Quiero aclarar que no hay ficción. Todo lo que cuenta Rivadavia está respaldado por hechos conocidos y tiene fundamento en fuentes bibliográficas. Busqué hacerlo de una manera más amigable y cercana para que el lector pueda meterse en la personalidad de este hombre, que realmente no tiene desperdicio.
¿Qué lugar ocupó Rivadavia en los primeros años de la Argentina, cuando todavía se luchaba por la independencia y comenzaban los conflictos internos?
Su protagonismo público en el nacimiento del país independiente se extiende, aproximadamente, desde 1810 hasta 1830. Durante ese período ocupó distintas funciones.
No fue específicamente un hombre de Mayo, pero estuvo en aquella etapa. Inmediatamente después integró el Primer Triunvirato y participó de una misión diplomática que lo llevó a Europa. Fue enviado junto con Manuel Belgrano. Belgrano regresó y Rivadavia se quedó algunos años más.
Cuando volvió, fue ministro de Gobierno de Martín Rodríguez, en la provincia de Buenos Aires, que era entonces la más importante. Estamos hablando de 1820, cuando ya no existía un gobierno nacional y las provincias habían recuperado su autonomía.
Después regresó a Europa y, cuando volvió, fue designado presidente en 1826, pese a que todavía no había una Constitución. Fue el primero en ocupar ese cargo por una ley del Congreso, antes de que existiera una organización constitucional que lo respaldara.
Por eso quedó asociado a la figura presidencial y al famoso sillón de Rivadavia...
Exactamente. El Congreso que lo designó había sido convocado para dictar una Constitución, pero lo nombró presidente antes de sancionarla. Después aprobó una Constitución en 1826, de inspiración unitaria, que fue rechazada por las provincias.
Hay que aclarar que los presidentes constitucionales de la Argentina comienzan en 1853, con Justo José de Urquiza. Rivadavia fue el primer presidente designado, pero no bajo las condiciones que después establecería la Constitución.
Y hay una curiosidad con el sillón: era suyo. Como en la Casa de Gobierno no había nada preparado para una presidencia, Rivadavia llevó sus propios muebles, entre ellos el sillón. Cuando renunció, se lo llevó a su casa. Por eso el sillón presidencial actual no es aquel que utilizó Rivadavia.
Además de las diferencias políticas entre unitarios y federales, había una distancia cultural entre Rivadavia y los caudillos. Él tenía una formación muy europea y una mirada distinta de la realidad de las provincias...
Sí. Cuando fue enviado a Europa junto con Belgrano, en 1815, la situación de la campaña independentista era muy complicada, con derrotas militares. La misión buscaba ganar tiempo y mejorar las perspectivas.
Belgrano regresó para hacerse cargo del Ejército del Norte, mientras Rivadavia permaneció en Europa. Allí tuvo contacto con intelectuales y con las ideas que circulaban en ese continente. Era un hombre de mucha cultura y volvió con esa formación, que intentó trasladar a una realidad que era muy diferente.
En ese sentido, fue un adelantado a su tiempo en algunas cuestiones, aunque en otras tuvo muchas dificultades.
¿Cuáles fueron las principales ideas y medidas de Rivadavia durante su paso por la función pública?
Tuvo dos momentos importantes de gestión ejecutiva. El primero fue como ministro de Gobierno de Martín Rodríguez, entre 1820 y 1823. Allí impulsó una renovación de Buenos Aires, que todavía tenía características de aldea.
Rivadavia era un porteño de ley. Nunca visitó ninguna provincia y tenía una mirada muy concentrada en Buenos Aires. Pero durante esa gestión impulsó reformas importantes.
Una de ellas fue la reforma eclesiástica, que generó un conflicto muy fuerte con la Iglesia Católica. En ese momento, la Iglesia era una corporación poderosa, muy vinculada con la estructura colonial. Rivadavia eliminó el diezmo y redujo algunas órdenes religiosas menores.
La medida provocó un enfrentamiento con el Vaticano y con el papa Pío VII, que estaba muy ligado a la Corona española y era reticente a reconocer la independencia argentina. La Iglesia no era solamente un poder espiritual y religioso, sino también político.
Rivadavia era un liberal en términos políticos, aunque era creyente y practicaba su religión. Sostenía que la Iglesia debía estar subordinada al Estado. Allí aparece uno de los antecedentes de la discusión sobre la relación entre ambas instituciones.
También tuvo una mirada innovadora respecto del papel de las mujeres en la sociedad de aquella época...
Sí, y es una faceta muy interesante. En ese momento, las mujeres prácticamente no tenían participación pública. No podían ejercer cargos ni intervenir en política como los hombres. Su lugar estaba limitado al hogar y a determinados espacios de sociabilidad.
Rivadavia rompió con parte de ese molde. Convocó a Mariquita Sánchez, una mujer que tenía influencia en las reuniones sociales de Buenos Aires, para que reuniera a otras mujeres, especialmente del patriciado.
A partir de allí se impulsaron actividades de sociabilidad y beneficencia, y se les transfirieron funciones que hasta entonces habían estado en manos de la Iglesia y del Estado. Fue una decisión muy osada y provocadora para la época.
También impulsó la creación de la Universidad de Buenos Aires, fundada en 1821. Es otra de las marcas importantes de su gestión.
¿Qué ocurrió durante su presidencia, entre 1826 y 1827? ¿La guerra con Brasil condicionó sus proyectos?
Sin duda. Cuando llegó a la presidencia, muchas de las ideas que tenía no pudieron concretarse porque comenzó la guerra con Brasil por la Banda Oriental, el territorio que después se convirtió en Uruguay.
La Argentina ganó la guerra en el terreno militar, pero la perdió en el diplomático. Después de la batalla de Ituzaingó, la suerte militar estaba prácticamente definida, pero la negociación terminó siendo muy desfavorable.
Rivadavia envió a Manuel García, un funcionario de su gobierno, a negociar con el Imperio del Brasil. García terminó aceptando una propuesta que reconocía la independencia de la Banda Oriental.
Hay que recordar que ese territorio había formado parte del Virreinato del Río de la Plata y era una de sus provincias. La decisión de aceptar su separación tuvo un costo político enorme para Rivadavia.
En esa negociación también tuvo una influencia decisiva Inglaterra, que buscaba una mayor fragmentación política en América...
Totalmente. Inglaterra intervino en distintos procesos de la región y tuvo una influencia importante en la configuración del mapa político que conocemos hoy.
Pero los conflictos de Rivadavia durante su presidencia no se limitaron a la guerra. También hubo controversias vinculadas con los negocios y las inversiones que intentó promover en un país donde estaba todo por hacerse.
Por un lado, está el crédito de la Baring Brothers, que marca el nacimiento de la deuda externa argentina. Rivadavia tenía la idea de destinar esos fondos a distintas obras y proyectos, pero la guerra obligó a utilizar el dinero para financiar el conflicto y finalmente no quedó claro cuál fue el beneficio concreto de aquel endeudamiento.
Por otro lado, impulsó la llegada de la compañía minera que buscaba explotar los yacimientos de Famatina, en La Rioja. El problema era que allí tenía poder Facundo Quiroga, uno de sus grandes adversarios políticos. Eso generó otro enfrentamiento.
Por eso digo que toda la gestión pública de Rivadavia estuvo rodeada de conflictos.
¿El acuerdo con Brasil marcó el final político de Rivadavia?
Sí. La negociación y los demás conflictos terminaron llevándolo a renunciar a la presidencia. Después se disolvió ese esquema presidencial y asumió la gobernación de Buenos Aires Manuel Dorrego. En 1828 llegó el golpe de Juan Lavalle y el fusilamiento de Dorrego.
Rivadavia observaba esos acontecimientos desde afuera. Sus adversarios lo acusaron de mover las piezas a la distancia, aunque eso no está comprobado.
En 1829 se fue del país junto con su esposa, Juana del Pino, hija de un virrey. Primero se instaló en Uruguay, en Colonia, e intentó regresar en 1834. Pero estuvo apenas unas horas en Buenos Aires porque el escenario político había cambiado y Juan Manuel de Rosas era el hombre fuerte. Lo expulsaron y ya no volvió a la Argentina.
Después regresó a Uruguay, donde tampoco tuvo una buena experiencia. Más tarde se trasladó a Brasil, donde murió su esposa, y finalmente se instaló en Cádiz, donde vivía una sobrina.
Su alejamiento físico del país también tuvo que ver con un distanciamiento sentimental, afectivo e ideológico respecto de la Argentina.
Rivadavia es uno de los nombres más conocidos de la historia argentina. Está en calles, avenidas, instituciones e incluso en los cuadernos escolares. ¿Por qué recibió tantos homenajes?
La nomenclatura de calles, avenidas e instituciones viene principalmente de la generación del 80 y de la primera mitad del siglo XX. Rivadavia es una de las figuras más conocidas del elenco de próceres argentinos. Si hacés una encuesta y le pedís a la gente que mencione cinco o seis nombres, seguramente aparecerá junto con San Martín, Belgrano y Sarmiento. La pregunta es si tenía méritos suficientes para ocupar ese lugar tan destacado. Quizás no. Por eso también divide las opiniones. Hay figuras, como San Martín y Belgrano, que generan una unanimidad mucho mayor. Rivadavia, en cambio, tiene un lugar muy importante en el conocimiento público, aunque no siempre se sabe demasiado sobre su vida y su actuación.
El libro apunta precisamente a eso: a conocer un poco más a Rivadavia para que cada lector pueda sacar sus propias conclusiones sobre si merece estar en todos esos lugares que llevan su nombre.
Hay un aspecto de su vida que también resulta muy significativo: terminó sus días distanciado de la Argentina y dejó expresado que no quería que sus restos regresaran al país...
Así es. Rivadavia terminó muy mal con la Argentina y con los argentinos. Estaba enojado y eso se refleja incluso en su testamento, donde dejó expresamente establecido que no quería ser sepultado ni en Buenos Aires ni en Montevideo. Sin embargo, no respetaron su voluntad. Años después trajeron sus restos a Buenos Aires. Primero estuvieron en el cementerio de la Recoleta y actualmente descansan en el mausoleo de Plaza Miserere, en el corazón de la ciudad.
Es un dato que mucha gente desconoce: está enterrado en ese monumento, pese a que había pedido que sus restos no regresaran al país. En el libro aparece ese lado B de Rivadavia, que tienen todos los personajes históricos. Fue un hombre muy complejo, con relaciones difíciles con muchas personas, incluso con sus propios hijos, que terminaron acercándose al bando federal. Él también sufrió ese distanciamiento familiar y renegó de situaciones que afectaron su vida íntima. Todo eso está reflejado en el relato.
¿Cuándo y dónde vas a presentar "Yo, Rivadavia" en la Feria del Libro de Córdoba?
Este viernes, en el comienzo de la Feria del Libro, que se realiza en la Plaza de la Intendencia, junto al edificio municipal. La apertura oficial será a las 20 y a las 21 vamos a presentar Yo, Rivadavia en la carpa principal. Es un gusto poder compartir estas cosas con el público. Uno escribe, en definitiva, para eso, para encontrarse con los lectores y conversar sobre los libros.
Para cerrar, te pido una recomendación de un libro, una película o una serie...
Voy a recomendar libros que, de alguna manera, inspiraron esta obra. Uno es Yo, el Supremo, de Augusto Roa Bastos, que cuenta en primera persona la vida de un dictador paraguayo. También Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar, que para mí es una de las mejores novelas históricas de todos los tiempos.
Y quiero mencionar una obra argentina: Soy Roca, de Félix Luna, uno de mis grandes maestros en historia. También toma la idea de hacer hablar al protagonista, en este caso Julio Argentino Roca. Son libros que me sirvieron como referencia para construir este relato y darle voz a Rivadavia.
Entrevista de Sergio Suppo.





