Rodríguez Yebra: "Milei comete el error de haber puesto fechas para la salida de la crisis"
El periodista analizó analizó los desafíos económicos y políticos del Gobierno, el desgaste de la paciencia social, las negociaciones con los gobernadores y la reconfiguración de la oposición.
27/10/2026 | 20:55Redacción Cadena 3
Si tuvieras que contarle la Argentina de estos días a alguien que acaba de llegar de Marte, ¿qué le dirías?
Primero, le diría que no se deje llevar por lo primero que ve ni por las primeras impresiones o el humor de la gente con la que hable. Que trate de observar un panorama más amplio para tener perspectiva y entender el momento que atraviesa la Argentina. Si se guía por los números duros de la economía, puede pensar que estamos en una crisis muy severa que tal vez derive en una crisis política. Si escucha a los políticos, quizás tienda a minimizar el riesgo económico y crea que el Gobierno está muy sólido y que no hay nadie que lo enfrente.
La Argentina está viviendo un proceso de transformación económica y política. El sistema político estalló hace más de tres años y todavía está en proceso de configuración. No sabemos hacia dónde nos lleva. Estamos en un momento de transición, en el que cambian el modelo económico y el político, y lo que hoy parece una certeza mañana puede quedar en el olvido.
Cuando Javier Milei ganó la Presidencia, muchos nos preguntamos cuánto tiempo los argentinos iban a sostener el esfuerzo económico que implicaba el cambio. Ahora, a un año de una nueva decisión electoral, la pregunta vuelve a ser cuánto apoyo conserva el Presidente. ¿Cómo te respondés ese interrogante?
El gran desafío de Milei es extender la paciencia. El problema que atraviesa en este momento es que creía que el puente entre las promesas y la realidad iba a ser mucho más corto. A esta altura, pensaba que ya no iba a necesitar pedir paciencia, sino que habría resultados concretos que demostraran la eficacia de sus recetas.
El dilema del Gobierno es que no sabe si podrá seguir estirando esa paciencia cuando los números de la economía no lo acompañan. Al menos hasta ahora, el Presidente transmite que no está dispuesto a modificar sus planes ni la orientación de su modelo económico para que el pedido de paciencia también esté acompañado por una mejora en la calidad de vida de los ciudadanos.
Dentro del Gobierno hay una discusión sobre la posibilidad de aplicar medidas que alivien la situación económica. ¿Creés que Milei puede habilitar decisiones de ese tipo?
Si me guiara por lo que piensa Milei, diría que no. Él va a decir que no hasta el día anterior a tomar una decisión que implique algún cambio. Sin embargo, ya hizo concesiones y adoptó medidas más pragmáticas que las que estaban en su conjunto original de ideas.
Dentro de La Libertad Avanza hay sectores que reclaman señales para la sociedad. Patricia Bullrich es quien lo expresó públicamente al hablar de la necesidad de darles más holgura económica a los ciudadanos.
La idea es buscar formas para que, por ejemplo, el boom exportador derrame más sobre el empleo y la actividad. Ricardo Arriazu, uno de los economistas que Milei destacó desde el comienzo, también planteó que, si se continúa absorbiendo pesos y comprando reservas mientras se limita el crecimiento al 2% anual, se trata de una decisión política, porque la economía podría crecer al 5%.
¿Fue un error de cálculo de Milei pensar que podía resolver más rápido los problemas económicos, bajar la inflación y recuperar el poder adquisitivo?
Creo que comenzó con una serie de ideas y decisiones para mostrar un rumbo que, tal vez, era el correcto en ese momento. Era lo que le iba a dar credibilidad para avanzar con su programa. Pero, en algún momento, sobre todo después de ganar las elecciones de medio término, no tomó el riesgo de ajustar algunas medidas para conseguir una economía un poco más activa.
No sé si calculó mal o si se aferró demasiado a su manual. Algunas medidas que había tomado antes de las elecciones frenaron el crédito y condicionaron mucho los meses siguientes. Eso lo fue metiendo en una encerrona de la que creía que podía salir fácilmente, pero no pudo hacerlo.
Además, comete el error discursivo de haber puesto fechas para esos hitos de salida de la crisis. Dijo que en agosto la inflación iba a empezar con cero y que la economía iba a crecer con mucha fuerza. Pero esa idea de fijar fechas que después no se cumplen termina afectando uno de sus principales activos: la credibilidad.
Milei ganó prestigio y popularidad en sectores amplios de la sociedad con la idea de que lo que dice lo cumple. Más allá de los matices que puedan hacerse sobre sus promesas, dijo que iba a bajar la inflación y la inflación bajó. Cuando empieza a hacer pronósticos que no se cumplen, también se afecta su figura y aparecen dudas sobre su capacidad para sacar a la economía del estancamiento.
Los gobiernos suelen parecerse a la personalidad de sus presidentes. ¿Cómo describirías el estilo de Milei?
Tiene un estilo muy particular. Más que delegar, tiende a desentenderse de algunas áreas del Gobierno, a diferencia de Carlos Menem, que delegaba decisiones, pero supervisaba y tenía la última palabra.
Milei plantea que él se ocupa de la economía y que de la política se ocupan otros, en este caso su hermana y la mesa política. Dice que no se mete porque no entiende de política. Ahí aparece una idea controversial: que la economía puede aplicarse como una receta independiente de la política, como si la variable política no influyera en los resultados económicos.
Está convencido de sus ideas económicas y las repite con mucha firmeza, pero no siempre considera que la política forma parte de las condiciones que permiten aplicar esas recetas de una manera u otra. Ese también es el papel de un presidente: tomar decisiones teniendo en cuenta las circunstancias.
No le gusta la política, pero es inocultable que le gusta el poder. No sería presidente de otra forma. Lo curioso es que busca ejercer el poder sin involucrarse directamente en todas las decisiones políticas, aunque finalmente termina ejerciéndolo de una manera distinta.
¿Qué consecuencias tiene esa forma de entender la política cuando el Gobierno necesita construir acuerdos con los gobernadores y garantizar respaldo en el Congreso?
Es una decisión central de este momento. El Gobierno necesita mostrar que tiene una coalición y que puede construir una mayoría estable, tanto frente al mercado como frente a la sociedad y de cara a las elecciones.
Sin embargo, Milei dice que no participa de esa discusión y que las decisiones están en manos de la mesa política. Allí aparecen las diferencias entre Karina Milei, los primos Menem y otros sectores, como el de Santiago Caputo. Desde Economía les plantean que es necesario construir un acuerdo más amplio y permanente, no una negociación que dependa de las circunstancias de cada semana.
El Gobierno está muy cerca de una situación de vulnerabilidad parlamentaria. En una votación importante, ocho votos podían hacer la diferencia. Si tres gobernadores se hubieran enojado y hubieran decidido retirar su apoyo, el Gobierno podía enfrentar una crisis sistémica.
Por eso algunos le reclaman que intervenga, que construya un acuerdo y que consolide un oficialismo con capacidad para competir electoralmente. Es una situación curiosa que el Presidente diga que no participa de esa decisión.
¿Cuánto tiempo tiene el Gobierno para cerrar esos acuerdos y cómo puede resolverse la relación con los gobernadores?
Creo que no le queda mucho tiempo. Los gobernadores tienen una influencia decisiva en el Congreso y están tomando decisiones anticipadas porque buscarán sus propias elecciones y proyectos políticos durante el primer semestre del año próximo.
Hay un grupo con el que sería más sencillo llegar a acuerdos. Son provincias en las que el Gobierno nacional no tiene candidatos firmes y cuyos gobernadores tienen peso parlamentario. Además, están vinculadas con sectores que crecen, sobre todo en la región cordillerana. Con la excepción de La Rioja, hay provincias con las que se podría avanzar en entendimientos.
En muchos de esos distritos, Milei no tiene una construcción política propia que le permita plantear una competencia electoral con posibilidades claras. Por eso, un acuerdo puede resultar conveniente para ambas partes.
¿Creés que Córdoba está destinada a una confrontación electoral con Milei?
Creo que están destinados a eso por la propia aritmética electoral. El Gobierno considera que puede ganar en Córdoba e incluso podría presentar un candidato libertario, como Bornoroni, aunque todavía no está definido quién será el candidato. También aparecen otros nombres dentro de ese esquema, como De Loredo y Juez.
El problema es que un acuerdo entre esos actores es difícil porque pueden competir entre sí. El Gobierno cree que tiene posibilidades y seguramente buscará que la elección se realice lo más temprano posible y lo más separada que se pueda de la discusión nacional.
Como tampoco veo una tercera fuerza con posibilidades claras de ganar, me parece que esa confrontación está casi cantada.
¿Y qué diferencias encontrás con Santa Fe?
En Santa Fe no hay una fuerza libertaria tan organizada como la que puede existir en Córdoba, ni un electorado libertario tan definido. Si los libertarios intentaran ganarle a Pullaro con su mejor candidato y su mejor campaña, existe una posibilidad importante de que se divida ese sector del tablero y se facilite un triunfo del peronismo. Ese es un factor que hay que tener en cuenta. En Santa Fe también hay PASO y la elección sería en abril, pero la situación política es distinta de la cordobesa.
El peronismo aparece como una opción de poder, pero atraviesa una crisis importante. ¿Tiene posibilidades reales de competir contra Milei?
Tiene posibilidades de competir, sin duda, pero hay que ver cómo lo hace. El peronismo no se recuperó de la derrota del gobierno de Alberto Fernández, no logró explicar lo que pasó y tampoco consiguió hacer surgir un nuevo liderazgo.
Los liderazgos residuales del gobierno anterior se fueron reagrupando. Axel Kicillof aparece como una alternativa con un piso razonable en las encuestas, aunque mantiene una relación conflictiva con Cristina Kirchner. Sergio Massa, por su parte, intenta ver si tiene posibilidades de resurgir como candidato, pero también está construyendo un sector que pueda competir internamente con Kicillof.
El peronismo está en ebullición. Si el panorama no cambia demasiado, la opción que enfrente a Milei probablemente surgirá de ese espacio. La incógnita es si tendrá la astucia necesaria para construir algo nuevo o diferente respecto de lo que ya hizo durante sus años de gobierno.
Kicillof plantea que no es el peronismo el que tiene que cambiar, sino que debe ofrecer algo distinto frente a Milei y al sufrimiento económico. En definitiva, está proponiendo una alternativa que conserva buena parte del menú anterior.
Sin embargo, ese espacio sigue siendo electoralmente fuerte. El peronismo obtuvo el 46% en el balotaje, casi el 50% en la elección bonaerense del año pasado y porcentajes importantes a nivel nacional. Si logra organizarse y el Gobierno no reacciona, una confrontación polarizada puede favorecer su regreso.
¿Hay lugar para una tercera opción que represente a los votantes que no quieren ni a Milei ni al peronismo?
Hoy no aparece ese jugador. Antes de ganar, Milei ya estaba en la cancha y tenía un porcentaje de votos razonable. Ahora no hay una figura equivalente que intente ocupar ese espacio.
La vacante electoral es para algo nuevo, distinto. Milei llegó porque ofrecía una alternativa frente a dos experiencias que habían fracasado: el gobierno de Mauricio Macri y Juntos por el Cambio, por un lado, y el kirchnerismo con Alberto Fernández, por el otro. La gente compró esa propuesta porque representaba una esperanza de futuro.
Si Milei no se afianza y empieza a parecerse a una opción fallida, mientras el peronismo ofrece lo mismo de siempre, quien consiga presentar algo nuevo y conecte con esa demanda social puede encontrar una oportunidad.
El problema es que los nombres que hoy aparecen insinuados suelen proponer lo mismo con otro tono. No sé si es convincente decir que alguien quiere ser como Milei, pero sin insultar. Si a la gente le gusta esa propuesta, podría responder que prefiere votar al original.
¿Cómo ves a Patricia Bullrich en ese escenario? ¿Puede construir una alternativa dentro del oficialismo?
Creo que Patricia Bullrich se está posicionando para obtener el mejor rédito posible cuando llegue el momento de definir la fórmula de La Libertad Avanza. Tal vez su objetivo inmediato sea una vicepresidencia, aunque considero que ella aspira a ser presidenta.
No veo cómo podría surgir desde dentro del Gobierno una alternativa capaz de desplazar a Milei. Para hacerlo, Bullrich tendría que romper con él y, si eso ocurriera, enfrentaría una ofensiva de un aparato comunicacional que todavía tiene mucha fuerza. Le costaría instalarse como candidata.
No hay ejemplos en la Argentina de alguien que, desde dentro de un gobierno, desafíe al presidente en funciones, le gane y después consiga imponerse en una elección nacional.
El 3 de noviembre se celebran las elecciones de medio término en Estados Unidos. ¿Qué impacto podría tener un resultado adverso para Donald Trump sobre la Argentina y el respaldo financiero que su gobierno le brinda a Milei?
Si a Trump le va mal, como muchos anticipan, puede haber un impacto inmediato en los mercados y una pequeña ola negativa para la Argentina. Sin embargo, creo que eso se reacomodaría pronto, porque Trump seguirá ejerciend





