Tres datos que muestran el despiste de la política
Mientras se ensayan candidaturas para 2027, la economía avanza a dos velocidades, crece el desencanto partidario y se deterioran las expectativas sociales | Por Sergio Suppo.
17/08/2026 | 13:18Redacción Cadena 3
La política argentina comenzó a discutir candidaturas para 2027 mientras una parte considerable de la sociedad intenta resolver problemas mucho más inmediatos. En los últimos días aparecieron los nombres de los empresarios Daniel Hadad y Jorge Brito como posibles protagonistas de la próxima elección presidencial. Seguramente no serán los últimos.
La aceleración de esos movimientos puede explicarse, al menos parcialmente, a partir de tres estudios difundidos recientemente. Son indicadores económicos y sociales que muestran una creciente distancia entre las preocupaciones de la dirigencia y las urgencias cotidianas de la población.
El primer dato describe una economía que funciona a dos velocidades.
Mariana Camino, fundadora y CEO de la consultora ABECEB, advirtió sobre la falta de convergencia entre los sectores más dinámicos y aquellos que dependen principalmente del mercado interno. Mientras las actividades vinculadas con la minería, el petróleo, el gas y el agro crecen alrededor del 24%, la industria y el consumo masivo registran una caída cercana al 3%.La especialista sostuvo que la recuperación continúa siendo profundamente desigual.
No se trata solamente de una diferencia entre sectores. También existe una brecha geográfica y social.
Las actividades que impulsan el crecimiento se concentran, en buena medida, en provincias con baja densidad poblacional. En cambio, la retracción del consumo y la pérdida de puestos industriales golpean principalmente al conurbano bonaerense y a grandes centros urbanos como Córdoba y Rosario.
No hay un abismo ni una catástrofe generalizada, pero sí una preocupación clara. Esa inquietud también aparece en los pequeños comercios y en las economías de pueblos y ciudades del interior profundo, como viene advirtiendo Roberto Urquía, uno de los principales referentes de Aceitera General Deheza.
El segundo dato pertenece al observatorio Pulsar de la Universidad de Buenos Aires. Según su último relevamiento, el 42% de los argentinos no se identifica con ningún partido o espacio político. Es el porcentaje más alto registrado por esa medición desde 2023.El fenómeno atraviesa edades, géneros y niveles educativos.
El peronismo, en sus diferentes versiones, y los libertarios continúan siendo las principales fuerzas del país. Más atrás aparecen el PRO y otras expresiones. Sin embargo, casi la mitad de la sociedad no encuentra una identidad política que la represente.
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Ese vacío ayuda a comprender por qué vuelven a circular nombres provenientes del mundo empresarial, los medios de comunicación u otras actividades ajenas a las estructuras partidarias tradicionales.
El antecedente inmediato es Javier Milei. Un año antes de convertirse en presidente, su candidatura todavía era subestimada por buena parte del sistema político. Su triunfo demostró que un outsider puede aprovechar el rechazo a las fuerzas conocidas, construir una expectativa de cambio y llegar al poder.
Por eso ahora otros se imaginan recorriendo un camino parecido, aunque tengan estilos, propuestas y aliados diferentes. La aparición de Hadad y Brito debe leerse dentro de ese proceso: se lanzan nombres para medir reacciones y comprobar si alguno consigue despertar interés.
El tercer indicador corresponde a la Encuesta de Satisfacción Política y Opinión Pública de la Universidad de San Andrés. El estudio señala que alrededor del 57% de los consultados considera que el país empeoró respecto del año anterior. Además, el 44% cree que la situación será todavía peor dentro de doce meses.La expectativa de deterioro supera claramente a la de una futura mejoría.
Este dato excede la discusión económica. Las campañas electorales consisten, en buena medida, en generar expectativas. Un oficialismo debe convencer de que el rumbo elegido dará resultados, mientras que la oposición necesita demostrar que posee una alternativa capaz de mejorar la vida de la población.
Cuando se reduce el optimismo, esa tarea se vuelve mucho más compleja.
La economía desigual, la falta de identificación partidaria y el deterioro de las expectativas forman parte de un mismo escenario. No permiten predecir lo que sucederá en 2027, pero sí ayudan a entender por qué la dirigencia comenzó tan temprano a ensayar candidatos y estrategias.
Los estados de opinión pueden cambiar. La economía puede mejorar o empeorar y la identidad de los postulantes también puede modificar el comportamiento electoral. Ya ocurrió cuando sectores que temían un avance del kirchnerismo terminaron concentrando su voto en los libertarios.
La gran pregunta es qué demandará la sociedad en la próxima elección y quién será capaz de interpretar esa necesidad.
¿Podrá hacerlo Javier Milei en su intento de reelección? Para conseguirlo tendrá que ofrecer primero una explicación sobre los resultados de su gestión y después una expectativa convincente de futuro.
¿Podrá representar una alternativa el peronismo kirchnerista, probablemente a través de Axel Kicillof? ¿Existe realmente una opción competitiva entre ambos extremos? ¿O los nombres que comienzan a circular son apenas ensayos destinados a diluirse cuando llegue el momento de votar?
Todavía no existen respuestas concluyentes. Lo concreto es que empezó el tiempo de las definiciones políticas mientras la gente continúa enfrentando otras urgencias.
Allí aparece el verdadero despiste: la sociedad está preocupada por el empleo, los ingresos y el consumo, mientras una parte de la dirigencia ya se encuentra dibujando su propio futuro.





