¿Cuántos peronismos hay?
El kirchnerismo conserva el predominio, pero su disputa interna no resuelve el dilema de fondo: qué proyecto diferente puede ofrecer como alternativa de poder | Por Sergio Suppo.
04/08/2026 | 13:17Redacción Cadena 3
¿Cuántos peronismos hay? Tengo la sensación de haber formulado muchas veces esta pregunta y debo admitir que nunca encontré una respuesta definitiva. Acaso porque ni siquiera el propio peronismo sabe cuántas expresiones conviven en su interior ni qué representa cada una.
La última intervención del gobernador de La Rioja, Ricardo Quintela, volvió a exhibir esa dificultad. El mandatario lanzó una amenaza difusa sobre posibles expropiaciones de bienes que fueran privatizados durante la gestión de Javier Milei. No quedó claro qué expropiaría, bajo qué circunstancias ni con qué fundamentos.
Fue una forma de terrorismo político: introducir miedo mediante una advertencia imprecisa. Incluso podría terminar favoreciendo al propio Milei, siempre dispuesto a presentar a sus adversarios como representantes de una Argentina que amenaza la propiedad privada.
Quintela, sin embargo, es apenas una pequeña parte de un universo variopinto. En uno de sus extremos aparecen sectores con una vertiente nacionalista tradicional que eventualmente podrían acompañar una candidatura presidencial de Victoria Villarruel. Son grupos vinculados con las ideas del viejo nacionalismo católico y con raíces en aquello que alguna vez fue denominado el "partido militar" en la Argentina.
Pero, entre tantos silencios y posiciones todavía indefinidas, la fuerza que continúa predominando dentro del peronismo es el kirchnerismo. Esto no constituye una novedad: gobierna al movimiento desde la llegada de Néstor Kirchner a la Presidencia, en 2003.
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La novedad es que ahora ese espacio se encuentra fracturado. Y la división parece responder mucho más a una disputa de poder que a diferencias verdaderamente ideológicas.
¿Es posible encontrar una distancia sustancial entre las ideas de Cristina Kirchner y las de Axel Kicillof? Resulta difícil. No aparecen grandes desacuerdos sobre el funcionamiento de la economía, el papel del Estado o la relación con el sector privado.
La diferencia central es otra: quién ejercerá la conducción. Cristina Kirchner pretende conservar el liderazgo, pese a su condena por corrupción, mientras que Kicillof, probablemente el dirigente peronista con mayor poder territorial y ejecutivo de la actualidad, decidió desconocer esa jefatura y construir una propia.
Cristina no parece dispuesta a reconocer a Kicillof como sucesor. Kicillof, a su vez, dejó de aceptar que Cristina pueda seguir ordenando indefinidamente al espacio. Allí existe un conflicto abierto cuya resolución todavía resulta imprevisible.
Fuera de esa disputa, predominan el silencio y algunos intentos embrionarios de renovación. Juan Manuel Olmos, dirigente del peronismo porteño con influencia durante la presidencia de Alberto Fernández, reunió recientemente en Entre Ríos a un grupo de dirigentes para intentar reformular una oferta política. Por ahora, la iniciativa es incipiente y despierta escasa atención.
También está Sergio Massa, quien alguna vez abandonó el peronismo y luego regresó con la pretensión de representar una alternativa moderada. Esa imagen de moderación quedó bastante desdibujada, aunque Massa mantiene intactas tanto su vocación como su ambición de poder.
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Por otra parte, aparece aquello que genéricamente suele llamarse el "peronismo de los gobernadores". En realidad, no constituye una corriente organizada, sino una suma de expresiones provinciales.
Una cosa es el espacio que conduce Osvaldo Jaldo en Tucumán; otra, el de Raúl Jalil en Catamarca; y una bastante diferente, el peronismo cordobés. Este último lleva 28 años gobernando la provincia y desde hace más de una década mantiene una distancia clara respecto del kirchnerismo.
Entre esas conducciones pueden existir coincidencias circunstanciales o determinados puntos de contacto ideológico. Lo que no existe es una vertebración común de poder, una conducción compartida ni un proyecto nacional capaz de reunirlas.
Por eso, pese a sus fracturas, el kirchnerismo sigue mandando. Habrá que observar cómo decanta su interna, fundamentalmente entre Cristina Kirchner y Axel Kicillof, aunque otros actores, como Sergio Massa, también intentarán influir.
Pero aun cuando esa disputa tenga un ganador, seguirá pendiente la cuestión más importante. No quién conduce, sino para qué quiere conducir. No cuántos peronismos existen, sino qué tiene alguno de ellos para ofrecerle a la Argentina.
El peronismo conserva votos, gobernadores, intendentes, sindicatos y estructuras territoriales. Lo que todavía no muestra con claridad son ideas distintas. ¿Tiene una propuesta novedosa para volver a ser una alternativa de poder? ¿O solamente pretende regresar con las mismas recetas y los mismos dirigentes?
Esa es la pregunta que ninguna de sus múltiples versiones consigue responder.
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