Alerta global por sarampión: el impacto del último campeonato mundial de fútbol
Canadá, Estados Unidos y México recibieron a millones de visitantes mientras atravesaban brotes. El desafío ahora es impedir que los viajes reintroduzcan el virus en comunidades con esquemas incompletos | Por Enrique Orschanski.
21/08/2026 | 15:00Redacción Cadena 3
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La Argentina Posible
El Mundial de fútbol terminó, pero una de sus posibles consecuencias recién comienza a ser vigilada. El desplazamiento de millones de personas por Canadá, Estados Unidos y México coincidió con un fuerte resurgimiento del sarampión en el continente y encendió las alertas sanitarias ante el riesgo de que viajeros infectados lleven el virus a otros países.
Conviene establecer una diferencia desde el comienzo: el campeonato no originó los brotes ni puede afirmarse que haya provocado una epidemia mundial. Funcionó, sin embargo, como un enorme amplificador potencial. Cuando una enfermedad altamente contagiosa circula en los países anfitriones, una concentración internacional de semejante magnitud aumenta las posibilidades de importación y propagación.
La Copa reunió a 6.810.966 espectadores en los estadios y a más de nueve millones en los festivales oficiales organizados en las ciudades sede, según las cifras finales de la FIFA. Fueron multitudes procedentes de distintos continentes que compartieron aviones, aeropuertos, hoteles, transportes y espacios cerrados antes de regresar a sus lugares de origen.
El riesgo ya existía antes del torneo. La Organización Panamericana de la Salud había recomendado revisar los esquemas de vacunación de quienes viajaran a Canadá, Estados Unidos y México. Después del Mundial, la advertencia adquirió una dimensión mayor: hasta el 18 de julio, América había registrado 47.459 casos confirmados de sarampión.
El sarampión no es una simple enfermedad eruptiva de la infancia. Puede afectar a personas de cualquier edad y provocar fiebre alta, tos, secreción nasal, conjuntivitis y manchas rojas en la piel. En los cuadros graves puede derivar en neumonía, encefalitis, ceguera y muerte, principalmente entre niños pequeños, personas inmunocomprometidas, embarazadas y adultos mayores de 30 años.
Además, es uno de los virus más contagiosos conocidos. Una persona infectada puede transmitirlo desde cuatro días antes de la aparición de la erupción hasta cuatro días después. El virus también puede permanecer activo en el aire o sobre superficies durante un máximo de dos horas, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud.
Aquí resulta necesario despejar una confusión: una persona vacunada y sana no se convierte en portadora del sarampión por haber estado cerca del virus. No está demostrado que alguien inmune y asintomático pueda llevarlo en sus secreciones nasales y contagiar a terceros. Quien transmite la enfermedad es una persona infectada, incluso durante los días previos a la erupción, cuando todavía puede desconocer su cuadro.
La vacunación ofrece una protección muy alta, aunque no absoluta. Dos dosis alcanzan una efectividad cercana al 97%. En casos poco frecuentes, una persona vacunada puede infectarse, pero suele atravesar una enfermedad más leve y tiene menos posibilidades de transmitirla.
Argentina no tiene circulación endémica de sarampión desde el año 2000, pero eso no significa que el virus haya desaparecido ni que el país esté aislado de los brotes internacionales. Durante 2025 se confirmaron 35 casos: 21 en la provincia de Buenos Aires, 13 en la ciudad de Buenos Aires y uno en San Luis. En febrero de 2026 también se detectó un caso importado. La situación local permanece más contenida que en otros países del continente, aunque el riesgo de reintroducción continúa vigente.
La herramienta central es la vacuna triple viral, que protege contra el sarampión, la rubéola y las paperas. Es gratuita y obligatoria. Contiene virus vivos atenuados: están debilitados para generar una respuesta inmunológica sin producir la enfermedad en personas sanas. Por ese motivo, existen contraindicaciones específicas para embarazadas y determinadas personas inmunocomprometidas, que deben recibir asesoramiento médico.
Desde enero de 2026, el Calendario Nacional de Vacunación establece una primera dosis a los 12 meses y una segunda entre los 15 y los 18 meses para los niños nacidos desde el 1° de julio de 2024. Las cohortes anteriores deben completar el esquema correspondiente a los cinco años. Las personas mayores de esa edad nacidas desde 1965 deben acreditar dos dosis aplicadas después del primer año de vida o contar con una serología que confirme inmunidad.
La alerta posterior al Mundial no debería alimentar el miedo, sino impulsar una acción concreta: buscar el carné, revisar las dosis y completar las que falten. Ante fiebre y erupción, especialmente después de un viaje, también es fundamental comunicarse con el sistema de salud antes de concurrir a una guardia para evitar nuevas exposiciones.
El sarampión encuentra espacio cuando disminuyen las coberturas. Por eso, vacunarse no es solamente una decisión individual. Es una forma de proteger a los bebés que todavía no tienen edad suficiente, a quienes no pueden recibir la vacuna por razones médicas y a toda la comunidad.
Las vacunas son, en definitiva, un bien social. Su eficacia no depende únicamente de quien extiende el brazo, sino de la cantidad de personas dispuestas a sostener una barrera colectiva frente a enfermedades que nunca se fueron del mundo.





