El gusano cogollero gana terreno en el maíz y pone en jaque la tecnología
Mientras la chicharrita del maíz muestra una fuerte retracción en las principales regiones productivas, el gusano cogollero avanza y genera mayores daños. Monitoreo y rotación.
18/10/2026 | 19:16Redacción Cadena 3
La campaña de maíz presenta dos realidades sanitarias muy diferentes. Por un lado, la chicharrita (Dalbulus maidis) registra una marcada disminución de sus poblaciones y abre un escenario alentador para el cultivo temprano y tardío. Por el otro, el gusano cogollero (Spodoptera frugiperda) gana protagonismo con ataques cada vez más severos y señales de resistencia a tecnologías que hasta hace poco ofrecían un control eficaz.
Así lo explicó Alejandro Vera, investigador jefe de la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres, en diálogo con El Campo Hoy, donde trazó un panorama de la situación fitosanitaria y advirtió sobre la necesidad de ajustar las estrategias de manejo para preservar las herramientas disponibles.
Chicharrita: una señal alentadora para la campaña
La evolución de la chicharrita ofrece motivos para el optimismo. Según Vera, los relevamientos correspondientes a octubre mantienen la tendencia favorable observada durante septiembre, con una retracción significativa de las poblaciones en las regiones centro-norte, centro-sur y del Litoral.
El escenario también mejoró en las zonas consideradas endémicas, como el NOA y el NEA, que comprenden áreas de Tucumán, Chaco, el este de Santiago del Estero y el norte de Santa Fe. En esos territorios, los monitoreos muestran principalmente categorías bajas de presencia.
El cambio resulta significativo si se tiene en cuenta que, apenas un mes atrás, algunas localidades presentaban niveles poblacionales que generaban preocupación.
Para el especialista, las condiciones ambientales tuvieron un papel importante en esta evolución. Los excesos de lluvia, los anegamientos y las variaciones térmicas contribuyeron a modificar la dinámica de la plaga.
Con el maíz temprano transitando etapas avanzadas de desarrollo, el panorama resulta favorable. Vera señaló que restan aproximadamente tres semanas a un mes del período de susceptibilidad en buena parte de esos lotes, aunque advirtió que será importante seguir de cerca lo que ocurra durante diciembre.
La menor presencia de chicharrita representa una buena noticia para los productores, especialmente porque las alternativas de control de esta plaga son más limitadas. Sin embargo, el alivio no significa que haya que abandonar los monitoreos.
El gusano cogollero enciende las alarmas
La otra cara de la campaña está marcada por el avance del gusano cogollero, una plaga que comenzó a mostrar daños importantes desde agosto y que se extendió por distintas regiones agrícolas.
Vera describió focos de alta incidencia en Corrientes y Entre Ríos, con registros en áreas de Paraná y Concepción del Uruguay. También mencionó daños en el centro y norte de Santa Fe, incluidos sectores de San Justo, Vera, Reconquista y zonas aledañas, además de focos en Chaco.
La preocupación se extiende a otras regiones productivas, con reportes en Salta, Frías y distintos sectores de Santiago del Estero y Catamarca.
En algunos lotes, la incidencia supera el 60%, un nivel que evidencia la magnitud del problema y enciende las alarmas sobre la eficacia de la tecnología Bt, particularmente de la tecnología Vip utilizada para controlar insectos lepidópteros.
“Hay lugares que tienen incidencias de más del 60%”, advirtió el investigador, al describir una situación que ya no puede interpretarse solamente como una disminución de la susceptibilidad de la plaga.
El problema se agrava porque muchos productores confiaron en la protección que ofrecía la tecnología incorporada en las semillas y demoraron las intervenciones. El gusano cogollero tiene una particularidad que dificulta su control: cuando la larva se introduce en el cogollo de la planta, queda más protegida frente a los insecticidas. Como consecuencia, algunos productores acumulan dos o tres aplicaciones sin obtener resultados contundentes.
La resistencia amenaza una herramienta clave
La pérdida de eficacia de la tecnología Viptera (conocida comercialmente como Agrisure Viptera o Viptera 3, es una biotecnología aplicada a las semillas de maíz desarrollada por la empresa Syngenta). Constituye una señal de alerta para toda la cadena maicera. Se trata de una herramienta valiosa para proteger el cultivo y reducir los daños provocados por insectos, por lo que su deterioro puede elevar los costos de producción y comprometer los rindes.
Vera explicó que la situación exige aprender de experiencias anteriores, en las que otras tecnologías transgénicas también perdieron eficacia frente a la evolución de las plagas.
El investigador recordó que, históricamente, la agricultura argentina contó con sucesivas alternativas tecnológicas que permitieron reemplazar o complementar herramientas que comenzaban a mostrar limitaciones. Sin embargo, insistió en que esa dinámica no debe llevar a pensar que siempre habrá una nueva tecnología disponible para resolver el problema.
En ese contexto, destacó la importancia de recuperar prácticas que no siempre se aplican de manera consistente, como la implementación de refugios y el manejo integrado de la resistencia.
"Los refugios permiten mantener poblaciones de insectos susceptibles y contribuyen a retrasar la propagación de individuos resistentes. Cuando esa estrategia se descuida, aumenta la presión de selección sobre la tecnología y se acelera la pérdida de eficacia".
Monitorear, actuar a tiempo y rotar modos de acción
Frente al avance del cogollero, Vera transmitió un mensaje concreto para los productores: no confiar exclusivamente en la tecnología de la semilla y volver a poner el monitoreo en el centro de las decisiones agronómicas.
El especialista señaló como referencia un umbral de acción del 20% de plantas con daño en estadios V2-V3. La detección temprana permite intervenir cuando las orugas todavía son pequeñas y más susceptibles a los tratamientos.
Esperar a que las larvas se instalen dentro del cogollo puede reducir considerablemente la eficacia de las aplicaciones.
A diferencia de lo que ocurre con la chicharrita, el investigador destacó que para el control del gusano cogollero existe una oferta de entre ocho y diez productos que pueden resultar eficientes, siempre que se utilicen correctamente y de acuerdo con las condiciones del lote.
Entre las alternativas mencionó insecticidas de distintos grupos, como pirroles, mezclas con reguladores del crecimiento y moléculas de grupos más recientes. "La elección debe responder a la situación concreta, al estado de desarrollo de la plaga y a las recomendaciones técnicas vigentes".
La clave, subrayó, es rotar los modos de acción para evitar que las aplicaciones reiteradas del mismo grupo químico aceleren la selección de poblaciones resistentes. “Cada vez que rotamos, le estamos dando más vida a los activos”, resumió Vera.
La rotación no debe confundirse con alternar marcas comerciales que contienen el mismo modo de acción. El objetivo es diversificar las herramientas utilizadas y reducir la presión de selección sobre la plaga.
La agronomía vuelve a ser decisiva
El escenario deja una enseñanza que trasciende esta campaña: ninguna tecnología de control es indefinida si no se acompaña con un manejo adecuado.
La retracción de la chicharrita trae alivio a los productores de maíz, pero el avance del cogollero demuestra que la vigilancia sanitaria debe mantenerse durante todo el ciclo del cultivo.
Para Vera, el desafío pasa por integrar el monitoreo frecuente, la intervención oportuna, el respeto de los umbrales de acción, la rotación de insecticidas y el uso correcto de refugios. Hasta tanto no lleguen nuevas moléculas al mercado, la agronomía será la que marque la diferencia.
Federico Aguer






