Cinco "Martines" para Llaryora
El gobernador necesita financiamiento y un riesgo país bajo, mientras acompaña acciones contra Milei. Sus distintos roles políticos lo empujan a posiciones difíciles de conciliar | Por Adrián Simioni.
15/10/2026 | 13:30Redacción Cadena 3
Martín Llaryora necesita que baje el riesgo país. La Provincia tiene vencimientos de deuda y, según los trascendidos, el gobernador busca conseguir unos 800 millones de dólares de financiamiento. Eso le permitiría transitar con mayor tranquilidad el camino hacia las elecciones. Pero, al mismo tiempo, sus diputados acompañan una iniciativa para rechazar el DNU 70/2023 de Javier Milei.
Ahí aparece la primera contradicción: necesita mejores condiciones para endeudarse, pero participa de movimientos políticos que buscan debilitar al Gobierno nacional. Y si esas acciones alimentan la incertidumbre sobre la capacidad del Presidente para sostener su rumbo, también pueden complicar el escenario financiero que Córdoba necesita.
La Provincia ya tomó financiamiento en enero a una tasa del 9%, un costo elevado. También se había endeudado el año anterior. Por eso, la baja del riesgo país tiene una importancia concreta: influye sobre los intereses que debe pagar una provincia cuando sale a buscar crédito.
Por supuesto, ese indicador no depende exclusivamente de Llaryora. Pero tampoco parece demasiado coherente pedir que mejore el clima financiero mientras se contribuye a una disputa que puede deteriorarlo.
El argumento para avanzar contra el DNU es su disposición sobre la Ley de Tierras. Sin embargo, una cosa es discutir ese punto y otra es utilizarlo para intentar derribar un decreto que abarca numerosas reformas. La pelea excede ampliamente la cuestión de las tierras: también se trata de mostrar que Milei pierde respaldo y control político.
Cabe preguntarse, además, cuánto hay de convicción y cuánto de cálculo. Quizás algunos acompañan el intento porque estiman que no habrá quórum suficiente para concretarlo. Así pueden exhibir un gesto opositor ante una parte del electorado sin afrontar las consecuencias de que la iniciativa prospere.
El antecedente es significativo. En 2024, cuando se intentó rechazar el mismo decreto, la senadora Alejandra Vigo se abstuvo y los diputados del oficialismo cordobés no dieron quórum para tratarlo. Ahora la posición es otra.
La tensión se repite con el equilibrio fiscal. Llaryora lo defiende, pero su espacio acompaña iniciativas que demandan más recursos, como las vinculadas con los fondos viales, la discapacidad y las universidades. También reclama una reducción de las retenciones, un pedido razonable por la importancia de la producción agropecuaria para Córdoba.
La pregunta es cómo se financia todo eso. Si se propone recaudar menos y gastar más, hace falta explicar dónde se hará el ajuste necesario para conservar el equilibrio que se dice defender.
Tal vez la explicación esté en la cantidad de papeles que intenta desempeñar el gobernador. Yo cuento, por lo menos, cinco Martines.
Está el Martín gobernador, que necesita administrar, conseguir crédito y mantener una relación funcional con la Nación. Para eso debe conversar con funcionarios como Diego Santilli y gestionar las autorizaciones necesarias para tomar préstamos.
Está el Martín que sigue interviniendo en la gestión de la capital cordobesa, donde la Provincia asume tareas como reparar baches, atender luminarias y participar de los controles de tránsito a través de la Policía.
Está el Martín que ordena la interna del oficialismo provincial, con sus equilibrios, sus dirigentes y sus disputas.
Está el Martín que busca un lugar en el peronismo nacional, obligado a decidir qué relación tendrá con el kirchnerismo y con las corrientes que intentan construir una alternativa.
Y está el Martín candidato a la reelección, que debe cuidar sus posibilidades en Córdoba, donde Milei conserva un respaldo que el gobernador no puede ignorar.
Lo que le sirve a uno de esos Martines puede complicar a los demás. En el escenario nacional necesita diferenciarse del Presidente; en Córdoba debe medir esa distancia. Como gobernador necesita acuerdos con la Casa Rosada; como dirigente opositor tiene incentivos para disimularlos.
La dificultad no está en cumplir varios roles: eso forma parte de la política. El problema aparece cuando cada uno exige sostener una posición distinta sobre los mismos asuntos.
De acá a las elecciones, Llaryora tendrá que conseguir algo más difícil que financiamiento: que sus cinco Martines se pongan de acuerdo.





