Veterano de Malvinas: "Trabajar la tierra también es servir a la Patria"
En el corazón productivo de Corrientes, Ernesto Peluffo pasa sus días entre el ganado, la tierra y una memoria que nunca se apaga.
02/04/2026 | 06:35Redacción Cadena 3
A sus 64 años, este productor ganadero de Mercedes carga con una historia que lo marcó para siempre: fue uno de los jóvenes oficiales que combatieron en la Guerra de Malvinas.
“Acá estoy en el campo. Sí, señor. Haciendo guardia y haciendo Patria, porque trabajar la tierra también es servir a la Patria”, dice a El Campo Hoy, con una mezcla de serenidad y firmeza que refleja una vida atravesada por el deber.
De cadete a la guerra
Corría 1982 y Peluffo tenía apenas 20 años. Era cadete de cuarto año del Colegio Militar de la Nación cuando la guerra lo empujó, junto a tantos otros, a una adultez abrupta. “Nos hicieron egresar de golpe, sin terminar los estudios”, recuerda.
El 2 de abril, fecha que cada año convoca al país entero, tiene para él un significado profundo: “Es un día de recogimiento, de reflexión, de recuerdos. Una deuda pendiente con la Nación y con nuestros caídos”.
Cerro Darwin: combatir con lo que había
Su experiencia en combate se sitúa en uno de los escenarios más duros del conflicto: las alturas del Cerro Darwin, a unos 80 kilómetros de Puerto Argentino. Allí, el 28 y 29 de mayo, Peluffo lideró una sección improvisada de 35 soldados y cinco suboficiales, en condiciones adversas y con escaso abastecimiento.
“Así es la guerra: se pelea con lo que se tiene, con lo que se puede”, resume, en referencia a que el buque que cargaba toda la logística pesada de su unidad no pudo cruzar por el bloqueo inglés.

Peluffo, con sus camaradas, días antes de la batalla. Enfrente, el segundo batallón de paracaidistas británicos.
A su lado, otros dos jóvenes oficiales argentinos: el teniente Estévez, que murió en combate, y el subteniente Aliaga, que resultó herido, al igual que él.
El combate fue feroz. La resistencia se sostuvo hasta que las posiciones argentinas colapsaron. “Cuando cayó el comando de nuestras secciones, recién ahí pudieron envolvernos”, explica.
Herido, pero de pie
Peluffo recibió dos heridas. La primera, una esquirla en la pantorrilla. La segunda, un disparo en la cabeza que perforó su casco y le rozó el cráneo.
“Caí al fondo del pozo, sangrando, mareado. Un soldado me sacó el casco, me vendó y me dijo: ‘No se aflija mi subteniente, es el cuero no más’”.
Esa frase, simple y decisiva, le devolvió la calma. Aún herido, continuó dando órdenes y distribuyendo su equipo entre los soldados que seguían combatiendo. “Eso me tranquilizó y pude seguir”, recuerda.
El final del combate y la captura
El final llegó con la captura. Un soldado británico se acercó y le dijo: “La guerra se terminó para vos. Te vas a ir a tu casa”.
El trato inicial fue duro: golpes, gritos, órdenes bruscas. Pero también hubo gestos de humanidad. “Muchos soldados británicos usaron sus propios vendajes para curar a nuestros heridos. Eso lo tengo que reconocer”, afirma. A partir de ese momento, su prioridad fue otra: asistir a los heridos y honrar a los caídos.
Volver y reconstruir
El regreso al país no fue sencillo, como para tantos veteranos. Y luego de una vida ligada a la actividad militar y recorriendo el mundo, Peluffo encontró en el campo un lugar donde rehacer su vida y seguir, a su manera, “haciendo Patria”.

Hoy, más de cuatro décadas después, su mirada sobre Malvinas es clara: “Es una causa irrenunciable del pueblo argentino. La única bandera que nos une a todos, sin distinción”.
Una memoria que sigue viva
Peluffo se emociona al recordar cómo la causa Malvinas sigue presente en la cultura popular. Menciona, por ejemplo, la canción que resonó durante el último Mundial: “Esos pibes de Malvinas que jamás olvidaré”. “Yo era uno de esos pibes”, dice.
Para él, la guerra no es solo un recuerdo personal, sino parte de una memoria colectiva que se fue reconstruyendo con el tiempo. “Es la historia de una generación que dio la vida por la Patria”, afirma.
Entre el pasado y el presente
Desde su campo en Mercedes, Ernesto sigue “haciendo guardia”. Ya no con un fusil, sino con el trabajo diario y el compromiso con la tierra.

Otro enemigo. Cuando la sequía y el fuego castigaron los campos correntinos, Ernesto y su gente salieron a ayudar a los bomberos y brigadistas.
Su historia, atravesada por el coraje, el dolor y la memoria, es también la de miles de argentinos. Una historia que, como él mismo dice, sigue siendo una deuda pendiente y un sentimiento profundo que une a todo un país.
Federico Aguer





