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La interna libertaria ya amenaza con devorar la gestión

El Presidente todavía tiene poder para ordenar su gobierno, pero necesita poner un límite claro antes de que la disputa interna paralice áreas clave del Estado.

21/05/2026 | 14:33Redacción Cadena 3

Perspectiva Nacional

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El Presidente descartó que haya una pelea entre Santiago Caputo y Martín Menem.

FOTO: El Presidente descartó que haya una pelea entre Santiago Caputo y Martín Menem.

  1. Audio. La interna libertaria ya amenaza con devorar la gestión | Por Sergio Suppo

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Casi habría que repetir la columna de ayer. La diferencia es que la interna del Gobierno no terminó: empeoró. Y ya no se trata de simples chicanas, ironías o maldades escritas en la red X. La pelea libertaria empezó a exponer acusaciones mucho más graves, vinculadas a eventuales negociados, licitaciones y decisiones estratégicas del Estado que, llegado el caso, deberían ser observadas por fiscales o jueces.

La discusión por una cuenta atribuida al presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, puede parecer una anécdota menor dentro del ruido digital. Pero el problema de fondo es otro: el Gobierno aparece atravesado por una disputa entre dos espacios de poder que responden, básicamente, a Karina Milei y a Santiago Caputo. Y esa pelea ya no queda encerrada en los pasillos. Se ventila públicamente, erosiona autoridad y contamina la gestión.

Javier Milei intentó amortiguar el impacto al llamar "hermano" también a Santiago Caputo. Pero la palabra hermano no garantiza convivencia pacífica. La historia y la literatura están llenas de ejemplos de vínculos fraternos atravesados por disputas profundas. Caín y Abel, para ir al origen de los tiempos, son el símbolo más brutal de que la hermandad no siempre implica armonía.

El Presidente todavía está a tiempo. Conserva poder político suficiente para recuperar el control de las facciones que hoy parecen disputarse espacios de decisión dentro del Gobierno. Pero para eso debe hacer algo que hasta ahora no hizo con claridad: ponerse por encima de la interna y ordenar.

La historia política argentina ofrece ejemplos de liderazgos que administraron tensiones internas sin perder autoridad. Carlos Menem convivió durante años con facciones enfrentadas dentro del peronismo, como los celestes y los rojo punzó, pero nadie dudaba de quién mandaba. Raúl Alfonsín, con otro estilo y otra tradición política, también supo ejercer una jefatura reconocida por encima de sus propias corrientes internas.

Ese es el punto central: un presidente puede tolerar diferencias, administrar competencias y hasta inclinarse finalmente por un sector. Lo que no puede hacer es permitir que las facciones se devoren la gestión.

Hoy la pelea libertaria no parece ser ideológica. No se advierte una discusión profunda sobre el rumbo doctrinario del Gobierno ni sobre quién representa con mayor pureza el ideario libertario. Lo que aparece en disputa son espacios de poder, áreas de influencia, decisiones económicas, licitaciones multimillonarias y servicios estratégicos que despiertan intereses dentro y fuera del país.

Mientras tanto, el Gobierno necesita concentrarse casi obsesivamente en la economía, en la administración del Estado y en sostener la gobernabilidad. Pero hay zonas de la gestión que quedan condicionadas, demoradas o directamente paralizadas por esta batalla interna.

Por eso llegó el momento de una decisión presidencial. Milei debe poner un límite claro. No alcanza con gestos simbólicos ni con palabras destinadas a bajar la tensión. Hace falta una señal política concreta que ordene el poder, marque jerarquías y deje claro quién conduce.

El riesgo es evidente: que la interna deje de ser un conflicto dentro del Gobierno y se convierta en el principal obstáculo del propio Gobierno. Ojalá no sea tarde.

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