¿Los niños se comportan mejor o peor que antes?
07/07/2026 | 09:20Redacción Cadena 3
La aparición en Francia de un espacio de tren pensado para viajar sin chicos abrió una discusión: ¿Los niños molestan más que antes o los adultos tenemos menos tolerancia frente a la infancia?
El disparador fue a partir del debate generado en Francia luego de que la psicóloga Caroline Goldman defendiera la existencia de este tipo de servicios. Goldman planteó que estas propuestas son una consecuencia esperable de años de crianzas demasiado permisivas.
La psicóloga, de acuerdo con lo expuesto en la mesa, sostuvo que muchos chicos se volvieron "insoportables", que se portan mal y que son incapaces de contenerse. Incluso, según se relató, afirmó que si quieren eructar, eructan, y que si pueden pisar a quien tienen al lado, lo hacen.
La economía detecta una demanda y la convierte en oferta: vuelos, hoteles, restaurantes o vagones libres de niños. Lo que antes podía resolverse con paciencia, convivencia o resignación, ahora se segmenta como experiencia de consumo.
No es lo mismo un chico maleducado que un chico revoltoso. La infancia tiene ruido, movimiento, energía y desborde. Un niño puede incomodar sin ser "malo". Puede aburrirse, levantarse, hablar fuerte o impacientarse sin que eso lo convierta en un problema moral.
También hay una mirada generacional. Para algunos, los chicos de antes eran más traviesos que los actuales: jugaban en la calle, molestaban a los vecinos, se metían en patios ajenos o inventaban travesuras que hoy serían vistas de otra manera. En esa comparación, la infancia de antes no aparece necesariamente como más ordenada, sino como menos vigilada.
El contraste, entonces, no estaría tanto en los chicos como en el mundo que los rodea. Hoy muchos padres parecen obligados a funcionar como animadores permanentes: organizar actividades, evitar el aburrimiento, anticiparse a cada necesidad y sostener una atención constante. ¿Ser padre, parece hoy más agotador que antes?
Se critica que los adultos les den pantallas a chicos muy pequeños para que se queden quietos, pero cuando no se las dan y el niño se mueve, habla o se aburre, también aparece la queja. El teléfono funciona muchas veces como un "chupete" moderno para garantizar silencio en espacios donde, en realidad, la infancia parece tener cada vez menos lugar.
Los adultos queremos restaurantes tranquilos, trenes silenciosos, viajes sin interrupciones y experiencias a medida. Pero una sociedad completamente ordenada para evitar molestias también corre el riesgo de volverse menos tolerante.
El punto no es negar que existen chicos maleducados ni padres que renuncian a poner límites. El punto es evitar que toda la infancia quede reducida a una molestia. La crianza necesita límites, pero también necesita espacios donde los chicos puedan ser chicos.
Quizás el debate no sea si hacen falta trenes sin niños, sino qué dice de nosotros que cada vez más adultos necesiten pagar para no cruzarse con ellos.






