Prevén una caída de hasta el 20% en la siembra de arroz
La combinación de precios internacionales en mínimos, costos energéticos disparados y riesgo climático pone en jaque a una de las economías regionales que más empleo genera. Productores advierten que la próxima campaña podría marcar la menor superficie sembrada de los últimos 15 años.
07/07/2026 | 06:33Redacción Cadena 3
En Santa Fe, el arroz se siembra desde fines de septiembre hasta principios de noviembre, aunque la mayor parte de la implantación se concentra entre octubre y la primera quincena de noviembre. La fecha exacta depende de las condiciones de humedad del suelo, la temperatura y la disponibilidad de agua para riego.
Por eso, cuando todavía el cultivo todavía está en etapa de planificación, anticipan que la próxima campaña comienza a escribirse con números en rojo. La caída del precio internacional del cereal, el fuerte incremento de los costos de producción —especialmente energía eléctrica y combustibles— y un pronóstico climático desfavorable están llevando a muchos productores a reducir el área sembrada o directamente abandonar lotes.
Las estimaciones que manejan referentes del sector anticipan un recorte de entre el 15% y el 20% respecto de las 32.000 hectáreas implantadas en la campaña pasada. Pero el panorama podría agravarse si persisten los excesos hídricos propios de un eventual año Niño.
"Creemos que este año vamos a estar cerca del 20% de reducción del área y probablemente lleguemos a la menor superficie sembrada de Santa Fe en los últimos quince años", advirtió el ingeniero agrónomo Leonardo Van Opstal a El Campo Hoy.
Una tormenta perfecta
El principal problema llega desde el mercado internacional. Según explicó el productor Pablo Bode, el arroz atraviesa uno de los peores momentos de precios de los últimos años como consecuencia de una sobreoferta mundial.
"La India había restringido sus exportaciones en la campaña 2023/24, eso impulsó los precios y alentó una fuerte expansión de la producción global. Luego la oferta explotó y hoy el precio está en el punto más bajo de la serie histórica reciente", explicó.
A diferencia de otros commodities, el arroz no cotiza en mercados de futuros, por lo que los valores dependen casi exclusivamente de la oferta y la demanda internacional. El resultado es que los productores vienen acumulando dos campañas consecutivas con márgenes negativos.
"El productor que más produce es el que más pierde", resumió Van Opstal.
Costos que no paran de subir
Mientras el precio del arroz cae, los costos continúan escalando.
Solo durante la última campaña el combustible pasó de unos $1.600 a cerca de $2.200 por litro, mientras que la tarifa eléctrica acumuló incrementos superiores al 1.000% desde 2023.
Para la producción arrocera, la electricidad representa un insumo estratégico. En la costa santafesina el agua para el riego se extrae del río San Javier mediante grandes estaciones de bombeo eléctricas.
Bode explicó que los productores cuentan con un contrato estacional específico con la Empresa Provincial de la Energía (EPE), mediante el cual pagan el consumo pleno durante los cuatro meses de riego, pero además deben afrontar un importante cargo fijo durante los ocho meses restantes, aun cuando no consumen energía.
"Terminamos pagando prácticamente dos bombeos por año y eso dispara el costo de producción", señaló.
Precisamente, la revisión de ese esquema tarifario constituye uno de los principales reclamos que el sector viene planteando dentro de la Mesa Provincial del Arroz.
El clima agrega otra preocupación
A la crisis económica ahora se suma la incertidumbre climática.
Los pronósticos asociados a un posible fenómeno Niño generan preocupación porque implican mayores lluvias, menor radiación solar y mayores riesgos de inundación en una región naturalmente vulnerable por la influencia de los ríos Paraná y Salado.
Las consecuencias ya empiezan a sentirse. "Hoy muchas labores de preparación del suelo directamente no se están pudiendo hacer por el exceso de humedad. Si eso continúa, la reducción del área puede ser todavía mayor", advirtió Bode.
Van Opstal coincidió y agregó que muchos productores analizan no incorporar las zonas más complicadas.
"La amenaza climática nos afecta desde arriba, por las lluvias y la menor radiación, y desde abajo por las crecientes de los ríos, que complican el bombeo y el drenaje. Con este panorama, muchos están pensando seriamente en dejar lotes sin sembrar."
Mucho más que un cultivo
La preocupación trasciende al productor. Es que el arroz constituye una de las economías regionales más importantes de la costa santafesina y una de las que mayor valor agregado genera dentro del agro.
En los departamentos San Javier y Garay se concentra prácticamente toda la producción provincial, donde las condiciones naturales hacen que el arroz sea, en gran parte del territorio, la única alternativa agrícola viable.
"Menos del 10% de la superficie de esos departamentos es apta para cultivos tradicionales como soja, maíz o trigo. El resto corresponde a islas o zonas inundables. Por eso no es tan simple cambiar de actividad", explicó Bode.
Además, casi el 95% del arroz santafesino se industrializa dentro de la propia provincia, alimentando una extensa cadena integrada por molinos, transportistas, talleres, contratistas, proveedores de insumos y comercios locales.
Los números reflejan esa diferencia. Mientras cada 1.000 hectáreas de arroz generan alrededor de 40 puestos de trabajo directos e indirectos, una superficie equivalente de soja apenas demanda cuatro.
"Cuando al arroz le va bien, toda la economía de la costa se mueve. Cuando entra en crisis, el impacto se siente en cada pueblo", resumió Van Opstal.
Una mesa que busca respuestas
Frente al complejo escenario, productores, industriales y técnicos participan desde hace dos años de la Mesa Provincial del Arroz, un ámbito impulsado por el Ministerio de Desarrollo Productivo para buscar soluciones comunes.
El espacio permitió resolver distintos problemas administrativos y coordinar acciones entre todos los actores de la cadena, desde pequeños productores hasta grandes empresas.
Sin embargo, los dos temas que más preocupan al sector siguen sin resolverse: el costo de la energía eléctrica y el precio de los combustibles.
"En otros aspectos hubo avances, pero justamente donde más aumentaron los costos todavía no encontramos respuestas", lamentó Van Opstal.
Mientras tanto, la campaña se acerca y las dudas aumentan. Si el mercado no mejora y el clima continúa complicando la preparación de los lotes, Santa Fe podría enfrentar una de las campañas arroceras más difíciles de las últimas décadas, con consecuencias que irán mucho más allá de los campos inundados de la costa.
Federico Aguer






