Mitos sobre el gluten y los agroquímicos
En tiempos donde las redes sociales multiplican diagnósticos rápidos, dietas milagrosas y alertas sanitarias, el congreso A Todo Trigo abrió un espacio para poner la evidencia sobre la mesa.
15/05/2026 | 07:04Redacción Cadena 3
En uno de los paneles más importantes del evento, la nutricionista Dana Zoe Watson y el bioquímico Fernando Manera desmontaron algunas de las afirmaciones más instaladas sobre el consumo de harinas, el gluten y los productos químicos utilizados en el agro. La premisa fue clara: discutir con datos, no con percepciones.
Gluten: entre la moda y la evidencia científica
La doctora Dana Zoe Watson (UBA–UNLaM) apuntó directamente a uno de los discursos más repetidos en la actualidad: la idea de que eliminar el gluten mejora automáticamente la salud.
“La evidencia científica demuestra que el gluten no tiene efectos nocivos en personas que no presentan enfermedad celíaca, alergia al trigo o sensibilidad al gluten no celíaca”, sostuvo durante su exposición.
La especialista explicó que frases frecuentes como “dejé las harinas y me sentí mejor” suelen simplificar fenómenos mucho más complejos relacionados con cambios generales en la alimentación y los hábitos de vida.
Además, advirtió que retirar harinas sin indicación médica puede traer consecuencias nutricionales no menores, como déficits de fibra y vitaminas del complejo B, además de encarecer innecesariamente la alimentación cotidiana.
Otro de los puntos centrales de su disertación fue desmontar la idea de que el trigo moderno contiene “más gluten” que décadas atrás. Según explicó, estudios comparativos sobre más de 150 líneas de trigo cultivadas bajo las mismas condiciones demostraron que ese aumento no existe.
También se refirió a los alimentos transgénicos, otro eje habitual de controversia pública. “No hay evidencia que relacione los alimentos transgénicos con enfermedades o riesgos para la salud”, afirmó, y recordó que en Argentina no circulan variedades de trigo transgénico destinadas al consumo humano.
Agroquímicos: el peligro está dentro del hogar
La intervención del bioquímico Fernando Manera (UNC) generó uno de los momentos de mayor impacto del encuentro. Su planteo fue contundente: la mayor exposición cotidiana a compuestos químicos no ocurre en el campo, sino dentro de las viviendas.
“Vivimos el 90% del tiempo en espacios cerrados. El 70% de ese tiempo lo pasamos dentro de nuestras casas”, explicó en diálogo con El Campo Hoy. “Sin embargo, estamos acostumbrados a preocuparnos mucho más por lo que ocurre afuera que por lo que pasa dentro del hogar”.
Manera sostuvo que muchos de los productos utilizados diariamente en ambientes domésticos —insecticidas, limpiadores, aerosoles o piojicidas— contienen compuestos químicos comparables a los utilizados en agricultura, aunque aplicados muchas veces sin capacitación ni controles.
“El problema no es solamente el producto, sino el desconocimiento sobre cómo usarlo”, remarcó.
Según detalló, estadísticas hospitalarias muestran que más del 90% de las intoxicaciones químicas no relacionadas con medicamentos corresponden a productos de uso domiciliario, mientras que los casos asociados a fitosanitarios agrícolas representan porcentajes mínimos.
El riesgo invisible de los espacios cerrados
Durante la entrevista, Manera mencionó investigaciones internacionales que vinculan el uso indiscriminado de insecticidas domésticos con mayores riesgos de leucemias y linfomas.
También recordó episodios históricos vinculados a productos ampliamente utilizados en Argentina, como el lindano en piojicidas infantiles. El compuesto, prohibido en agricultura desde 1968, continuó durante años aplicándose sobre la cabeza de niños.
“Cuando descubrí que se usaba al 1% en chicos, mientras en el agro estaba prohibido incluso en concentraciones muchísimo menores, presenté una denuncia ante la Defensoría del Pueblo”, relató.
El especialista insistió en que su postura no busca demonizar los productos químicos, sino promover un uso responsable basado en conocimiento.
“No se trata de tener miedo. Se trata de saber cómo utilizar los productos para obtener el beneficio y minimizar el riesgo”, explicó.
Arsénico en el agua: un problema silencioso en Argentina
Otro de los temas que Manera puso sobre la mesa fue la presencia natural de arsénico en aguas subterráneas de distintas regiones argentinas.
Según indicó, millones de personas consumen agua con niveles superiores a los recomendados, especialmente en localidades abastecidas por perforaciones profundas.
“El arsénico no aparece porque alguien contaminó. Forma parte de ciertos sedimentos geológicos”, aclaró. “Pero esto no significa que no sea un problema serio”.
El bioquímico recordó que cualquier ciudadano tiene derecho a solicitar en su municipio los análisis físico-químicos y bacteriológicos del agua potable.
“No repetir lo que vemos en redes”
Más allá de los temas específicos, tanto Watson como Manera coincidieron en una preocupación común: el avance de discursos simplificados y desinformación viral en redes sociales.
Para ambos, el desafío actual no pasa solamente por generar conocimiento científico, sino por lograr que llegue de manera clara a la sociedad.
“Vivimos en un mundo químico. Ya no existe aquel mundo de hace cien años”, reflexionó Manera. “La única manera de reducir riesgos es con conocimiento”.
Federico Aguer





