Dependencia alimentaria en tiempos de guerra
En un escenario internacional cada vez más inestable, el impacto de los conflictos bélicos ya no se limita a lo geopolítico o militar: empieza a sentirse con fuerza en uno de los pilares más sensibles para cualquier sociedad, la seguridad alimentaria.
12/04/2026 | 19:03Redacción Cadena 3
Así lo explicó el Ingeniero Agrónomo Daniel Werner, consultor privado argentino-israelí y ex encargado de Relaciones Exteriores del Ministerio de Agricultura de Israel, en una entrevista en la que analizó junto a El Campo Hoy las consecuencias de la guerra en el Golfo Pérsico sobre la producción y el abastecimiento de alimentos.
Werner fue contundente: el actual conflicto dejó de ser un fenómeno localizado para transformarse en un problema regional. “No solo afecta a Israel, sino también a países como Omán, Bahréin, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita”, señaló. En conjunto, se trata de naciones que, pese a contar con ambiciosos programas de seguridad alimentaria, dependen fuertemente del exterior: hasta el 85% de sus alimentos proviene de importaciones.
Ese dato, en tiempos de guerra, se vuelve crítico. El cierre o la inestabilidad en rutas estratégicas como el estrecho de Ormuz, sumado a bombardeos sobre infraestructura clave, complica la llegada de alimentos. “No es que esté todo cerrado, pero sí se hace mucho más difícil, y eso pone en evidencia la fragilidad de toda la región para autoabastecerse”, explicó.
Producción bajo fuego
En Israel, la producción agrícola continúa, pero en condiciones extremas. Werner describió una realidad poco imaginable para otros países productores: trabajar bajo amenaza constante de misiles. “El agricultor está tomando muchos riesgos. No es una fábrica que puede parar y retomar después. En un tambo, por ejemplo, las vacas deben ordeñarse tres veces al día, incluso si hay alarmas o proyectiles en curso”, relató.
La comparación con otras realidades agrícolas, como la argentina, surge inevitable. Mientras en países como Argentina los reclamos giran en torno a impuestos o condiciones climáticas, en Israel se suma un factor existencial. “Son problemas distintos, pero todos reflejan lo compleja que es la actividad agropecuaria en el mundo”, matizó.
Cooperación en pausa y futuro incierto
El conflicto también impacta en la cooperación internacional. Muchos programas siguen activos, pero otros entraron en pausa ante la incertidumbre. Organismos y gobiernos esperan señales de estabilidad antes de retomar iniciativas o inversiones.
Además, acuerdos estratégicos como los Acuerdos de Abraham —que habían fortalecido los vínculos entre Israel y países del Golfo— quedaron prácticamente congelados. El intercambio de bienes, tecnología y conocimiento se redujo drásticamente.
Para Werner, el problema trasciende la región. “El mundo está en un período caótico. Se están poniendo en duda estructuras que creíamos sólidas”, afirmó, en referencia a tensiones globales que también involucran a Europa, Rusia y otras potencias.
Menos presupuesto para el agro
Uno de los efectos más preocupantes, según el especialista, es el posible cambio en las prioridades de los gobiernos. “Gran parte de los presupuestos van a ir a defensa, y eso puede reducir los recursos destinados a agricultura, seguridad alimentaria y cambio climático”, advirtió.
Este giro podría tener consecuencias de largo plazo, especialmente en regiones vulnerables o altamente dependientes de importaciones.
Una oportunidad para Argentina
En medio de este panorama complejo, Werner dejó una reflexión que resuena especialmente en el contexto argentino. “Argentina tiene una gran oportunidad”, afirmó. Frente a un mundo con dificultades para garantizar el abastecimiento de alimentos, países con capacidad productiva podrían ganar protagonismo.
El desafío, sostuvo, está en que los tomadores de decisiones sepan leer el contexto y actuar en consecuencia. “Es una luz que se enciende, y que debería aprovecharse en beneficio del campo argentino y de toda la población”.
En tiempos donde la incertidumbre domina el escenario global, la advertencia es clara: la seguridad alimentaria dejó de ser un tema técnico para convertirse en una cuestión estratégica. Y, como muestra el caso de Medio Oriente, sus efectos pueden sentirse mucho más allá del campo.
Federico Aguer





