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Santacroce, el Mundial y la vara para medir a la política

El intendente de Funes pidió licencia para viajar con amigos al Mundial y abrió una polémica que dice más sobre la mirada social hacia la política que sobre sus vacaciones.

28/05/2026 | 10:16Redacción Cadena 3

Perspectiva Santa Fe

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FOTO: "Roly" Santacroce, intendente de Funes, en el Estudio Federal "Sancor Seguros".

  1. Audio. Santacroce, el Mundial y la vara para medir a la política | Por Fernando Genesir

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El intendente de Funes, Roly Santacroce, quedó en el centro de una discusión nacional por una decisión que, en términos administrativos, no parece demasiado excepcional: pidió licencia para viajar al Mundial con un grupo de amigos.

La noticia surgió a partir de una entrevista de Hernán Funes en Cadena 3 Rosario y rápidamente escaló. Llegó a medios nacionales, generó críticas, defensas y una pregunta inevitable: ¿Por qué es noticia que un intendente se tome licencia?

Santacroce explicó que desde hace varios mundiales viaja con el mismo grupo de amigos. Dijo que esta vez se irá por 17 días, que lo necesita, que le hace bien y que durante su ausencia asumirá el presidente del Concejo, como corresponde institucionalmente.

La primera lectura es simple: un intendente también es un trabajador. Tiene responsabilidades públicas, sí. Tiene una función que exige presencia, gestión y rendición de cuentas. Pero eso no elimina su derecho al descanso, a las vacaciones ni a una vida personal.

La polémica, entonces, no parece estar en la licencia en sí. La clave está en el destino: el Mundial. Si Santacroce hubiese dicho que se iba unos días a las sierras de Córdoba, probablemente la repercusión habría sido mucho menor. Pero el Mundial tiene otra carga simbólica. Es fiesta, gasto, privilegio, pasión popular y exposición pública al mismo tiempo.

Ahí aparece la vara particular con la que se mide a la política. A muchos dirigentes se les cuestiona no sólo lo que hacen, sino también cómo lo muestran. En este caso, Santacroce no fue descubierto en una platea ni intentó disimular el viaje con una excusa institucional. No habló de un convenio, de una misión oficial ni de una agenda diplomática improvisada. Dijo lo que iba a hacer: pedir licencia e irse al Mundial con amigos.

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Esa franqueza, en tiempos de sospecha permanente, no es un dato menor. La política suele pagar más caro el ocultamiento que el hecho en sí. Y en este caso, salvo que aparezca algún elemento administrativo irregular, el intendente parece haber elegido el camino más transparente: avisar, pedir licencia y dejar a cargo a quien corresponde.

Por supuesto, el debate no es ingenuo. En una Argentina atravesada por problemas económicos, cualquier gesto de disfrute de un funcionario puede ser leído como distancia con la vida cotidiana de la gente. Esa sensibilidad existe y la política debería entenderla. Pero también hay que evitar una exigencia absurda: que quien ocupa un cargo público deje de tener descanso, amigos, familia o vacaciones.

Ser intendente no equivale a estar disponible las 24 horas, los 365 días del año, sin pausa posible. Equivale a gobernar, cumplir la ley, rendir cuentas, organizar una transición temporaria cuando se ausenta y responder políticamente por sus actos.

La discusión sobre Santacroce, en el fondo, expone otra cosa: la incomodidad que genera ver a un dirigente hacer algo que muchos ciudadanos también quisieran hacer. Ir al Mundial no es un pecado político. Ocultarlo, disfrazarlo o pagarlo con recursos públicos sí sería un problema.

Hasta ahora, lo que hay es un intendente que dijo que se va, que pidió licencia y que explicó por qué. Puede gustar más o menos. Puede generar simpatía, envidia o fastidio. Pero convertirlo automáticamente en escándalo parece exagerado.

La pregunta sigue siendo la inicial: ¿por qué es noticia? Probablemente porque es el Mundial. Y porque, cuando se trata de la política, incluso las vacaciones pueden convertirse en una discusión nacional.

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