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"Toto" Caputo, el más optimista de los optimistas

El ministro de Economía asumió un rol que excede lo técnico: es hoy una de las voces políticas más fuertes del Gobierno, con un discurso que mezcla datos, épica y confrontación.

28/05/2026 | 13:57Redacción Cadena 3

Perspectiva Nacional

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El ministro de Economía, Luis Caputo. (Foto: NA)

FOTO: El ministro de Economía, Luis Caputo. (Foto: NA)

  1. Audio. "Toto" Caputo, el más optimista de los optimistas | Por Sergio Suppo

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Luis "Toto" Caputo volvió a mostrarse como el más optimista de los optimistas del Gobierno. No sólo por su mirada sobre la economía, sino por el lugar político que ocupa dentro del esquema de Javier Milei: después del Presidente, es probablemente el vocero más efectivo, vehemente y escuchado del oficialismo.

Ese rol se volvió más evidente en los últimos meses. Manuel Adorni, que durante buena parte de la gestión fue la voz cotidiana del Gobierno con sus conferencias de prensa diarias, quedó reducido a intervenciones mucho más esporádicas desde que asumió como jefe de Gabinete. En ese vacío, Caputo tomó centralidad. Y no habla sólo como ministro de Economía: habla como dirigente político.

Su frase más fuerte fue que "la economía se va a llevar puesta a la política" el año que viene. También aseguró que el Gobierno ganará "cómodamente" las elecciones de 2027. No fue apenas un pronóstico económico; fue una definición electoral. Caputo ya no se limita a explicar variables financieras, reservas, inflación o actividad. Ahora interpreta el clima social, confronta con opositores y marca una expectativa política para el oficialismo.

En ese mismo tono, volvió a cargar contra el periodismo. Acusó a los medios de desfigurar la realidad y de "psicopatear" a los argentinos para instalar la idea de que hay una crisis. La palabra elegida no es inocente. Forma parte de una estrategia discursiva que el Gobierno utiliza con frecuencia: presentar las críticas como operaciones, los cuestionamientos como ataques y las dificultades económicas como percepciones inducidas por terceros.

El problema es que la realidad económica no cabe completa en una consigna. Lo que dice Caputo contiene una parte de verdad, pero también deja afuera otra parte igual de importante.

Es cierto que hay sectores que muestran dinamismo. La minería empieza a ganar volumen. El gas y el petróleo tienen un potencial enorme, especialmente por el desarrollo de Vaca Muerta. El campo sigue siendo el gran sostén estructural de la economía argentina desde hace más de un siglo, aun con el peso de las retenciones que arrastra desde hace décadas.

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Pero también es cierto que hay señales de deterioro en otros frentes. La caída del consumo en supermercados muestra que muchas familias compran menos, resignan marcas o ajustan la calidad de los productos que llevan a la mesa. La mora en tarjetas de crédito creció lo suficiente como para que bancos públicos y privados empiecen a ofrecer planes de refinanciación en cuotas. El Banco Nación anunció una medida de ese tipo, como antes lo había hecho el Banco de Córdoba.

Entonces, cabe preguntarse: si no hay dificultades reales, ¿por qué los bancos necesitan refinanciar deudas de tarjetas? ¿Por qué tantos argentinos llegaron al punto de financiar con plástico gastos corrientes que después no pudieron pagar?

Caputo apuesta a que la mejora de algunos indicadores termine ordenando el resto. Puede ocurrir. La economía argentina tiene sectores capaces de generar divisas, inversión y empleo. Pero todavía no hay garantías de que ese crecimiento se sostenga ni de que derrame con rapidez sobre los ingresos de los trabajadores.

La inflación bajó de manera considerable, y eso es indiscutible. Pero también es cierto que el propio Caputo hizo en estos años pronósticos demasiado optimistas sobre una caída más rápida y definitiva de los precios. La inflación dejó de correr al ritmo de la emergencia, pero sigue siendo un problema que deterioró salarios, jubilaciones y poder adquisitivo.

Por eso, el deseo de que Caputo tenga razón no obliga a aceptar sin matices su diagnóstico. Sería una buena noticia para el país que la economía creciera, que la inflación siguiera bajando y que el crédito dejara de ser una tabla de salvación para llegar a fin de mes. Pero una cosa es desear que eso suceda y otra muy distinta es darlo por garantizado.

Caputo llegó al Gobierno como un técnico, especialmente valorado por Milei por su experiencia financiera. Con el tiempo, se transformó en otra cosa: un ministro con peso político propio, habilitado por el Presidente para ocupar un lugar central en la comunicación oficial.

Hoy es mucho más que el encargado de la economía. Es uno de los principales narradores del Gobierno. Y en política, quien logra imponer el relato de lo que ocurre muchas veces disputa algo más que una explicación: disputa poder.

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