Venezuela: hechos, no palabras
07/01/2026 | 14:30Redacción Cadena 3
Venezuela, hechos, no palabras. La frase no es nueva. En Córdoba fue eslogan político hace décadas, pero ahora vuelve a cobrar sentido frente a una crisis que se analiza mejor desde la realidad concreta que desde los discursos. Para entender lo que pasa en Venezuela conviene mirar menos lo que se dice y más lo que efectivamente ocurre.
En las últimas horas se produjo el hecho militar más relevante desde los graves episodios del fin de semana: la interceptación e incautación de un buque petrolero que transportaba crudo venezolano rumbo a Rusia. El M. Sofía, que navegaba con una bandera africana, fue detenido en el Caribe por fuerzas aéreas y navales de Estados Unidos. No es un episodio aislado: forma parte de un cerco sostenido sobre Venezuela, particularmente sobre los buques petroleros que salen del país, antes y después de la ofensiva militar que incluyó ataques en Caracas y la captura de Nicolás Maduro.
Este dato marca algo central: el conflicto venezolano ya no es solo interno. Tiene proyección internacional directa y repercute de lleno en el mercado energético global. Venezuela, a través de PDVSA —empresa estatal y columna vertebral del régimen—, no puede cumplir sus compromisos de exportación. Y esos compromisos tienen destinatarios claros: Rusia y China. En el caso chino, hablamos de adelantos por unos 60.000 millones de dólares, pagados a cuenta de petróleo futuro.
La pregunta, entonces, no es solo qué puede hacer Venezuela, sino quién está negociando realmente. ¿El régimen venezolano o Estados Unidos? Todo indica que Washington ya conversa con Moscú y, sobre todo, con Beijing. En el caso ruso, el vínculo es evidente: dejar sin petróleo venezolano a Rusia puede ser una pieza más en la estrategia de Donald Trump para presionar en la negociación de paz entre Moscú y Kiev. El petróleo, una vez más, como herramienta geopolítica.
Hay otros hechos que merecen atención. Se anunció, desde la Casa Blanca y luego desde Caracas, el cierre del Helicoide, símbolo del aparato represivo del chavismo, cárcel y centro de torturas. Eso todavía no ocurrió. Sí se confirmó el desplazamiento de los jefes de inteligencia y contrainteligencia del madurismo, una decisión atribuida a la presidenta Delcy Rodríguez. Ese sí es un hecho, aunque su alcance real todavía está por verse.
La distancia entre el anuncio y la realidad vuelve a aparecer en otro punto clave: la situación de la prensa. Venezuela sigue cerrada. No se puede ingresar libremente al país, mucho menos ejercer el periodismo. En las últimas horas hubo más de 15 periodistas detenidos, algunos liberados y otros aún bajo custodia. El control de las calles es total y convive con un problema adicional: la persistencia de fuerzas parapoliciales creadas durante el madurismo, que hoy parecen responder de manera desordenada, generando un escenario de alta peligrosidad interna.
También se supo, por boca de Trump, que Estados Unidos autorizaría la venta de petróleo venezolano a refinerías norteamericanas a precio de mercado. Otra vez: lo dijo Trump, pero no fue confirmado por Caracas. Y ahí vuelve el punto central. Trump habla para su electorado. Delcy Rodríguez habla para la militancia chavista. Sus discursos responden a públicos distintos y a intereses opuestos.
El mensaje interno de la presidenta venezolana sigue siendo el de una continuidad ideológica con Maduro: reivindicación del relato “revolucionario”, reclamo por su liberación y escasos gestos concretos hacia una transición democrática. Son palabras. Los hechos, por ahora, cuentan otra historia.
Por eso, frente a Venezuela, conviene insistir: menos relato y más realidad. Las novedades van a llegar, sin dudas. Pero las verdaderamente importantes serán aquellas que puedan verificarse en el terreno. Todo lo demás —discursos, anuncios, consignas— es ruido. En una crisis de esta magnitud, los hechos siguen siendo la única verdad.





