Ya no son las reservas del Central: es la oposición
Máximo Kirchner insiste con que la deuda no se puede pagar, mientras que funcionarios cercanos a Axel Kicillof relativizaron la importancia del equilibrio fiscal.
08/07/2026 | 11:31Redacción Cadena 3
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Audio. Ya no son las reservas del Central: es la oposición | Por Adrián Simioni
Siempre Juntos
Ayer se conoció un dato económico relevante: el Gobierno logró refinanciar un préstamo de 6 mil millones de dólares que mantenía con diez bancos internacionales. En términos simples, pateó hacia adelante un vencimiento que presionaba sobre las cuentas del Banco Central y consiguió estirar ese compromiso a un plazo mayor a un año.
La consecuencia inmediata fue llamativa en las estadísticas oficiales: las reservas netas treparon a casi 10 mil millones de dólares. Hacía muchos años que la Argentina no mostraba un número de ese tipo. Para dimensionarlo: cuando Javier Milei asumió la Presidencia, las reservas netas eran negativas en torno a los 11 mil millones de dólares.
¿Qué son las reservas netas? Son, en definitiva, los dólares de libre disponibilidad que tiene el Banco Central, descontadas sus obligaciones y pasivos. No son simplemente los dólares que aparecen en la caja, sino aquellos que la autoridad monetaria podría usar sin tener que afrontar compromisos inmediatos. Por eso el dato importa.
Las reservas brutas también mostraron una mejora significativa y llegaron a unos 50 mil millones de dólares, el nivel más alto en más de ocho años. Para un país acostumbrado a vivir con la frazada corta, no es un detalle menor.
El Gobierno, naturalmente, publicita este avance. Lo muestra como una señal de fortaleza en la previa de un año electoral en el que todos miran de reojo al dólar. En la Argentina, cada elección suele venir acompañada por el temor a una corrida cambiaria, a una pérdida de confianza o a un salto abrupto en la incertidumbre financiera.
También hay otro dato que ayuda: el riesgo país bajó a 404 puntos, su nivel más bajo desde 2018. En cualquier otro país, ese escenario abriría la puerta a buscar financiamiento en mejores condiciones. Pero la Argentina no es cualquier país. Y el Gobierno parece saberlo.
Por eso, más que salir a pedir plata nueva, optó por ordenar los vencimientos y comprar tiempo. Porque si hoy el riesgo país está cerca de los 400 puntos, pero en medio de la campaña sube a 600 por una crisis política o cambiaria, el supuesto alivio puede transformarse en un nuevo motivo de nerviosismo.
En ese sentido, la posición financiera del Gobierno es novedosa y positiva. No resuelve todos los problemas, pero le da aire. Las reservas ya no están en el subsuelo, las brutas muestran un nivel más razonable y las netas empiezan a ofrecer una foto menos dramática.
Sin embargo, el camino no está despejado. Y ahí aparece el problema de siempre: la política.
La Argentina todavía no logra transmitir al mundo, ni siquiera a sí misma, cuál será su rumbo económico definitivo. Hay un gobierno que apuesta al equilibrio fiscal, al orden monetario y a la acumulación de reservas. Pero también hay una oposición que disputará las próximas elecciones sin explicar con claridad qué haría si volviera al poder.
Máximo Kirchner insiste con que la deuda no se puede pagar, mientras que funcionarios cercanos a Axel Kicillof relativizaron la importancia del equilibrio fiscal. Otros dirigentes hacen campaña sobre el desempleo, la caída de ingresos, la actividad económica dispar, los bajos salarios y el ajuste en el sector público.
Son temas reales. La recuperación no llega a todos, los bolsillos siguen golpeados y hay sectores de la economía que todavía no arrancan. El problema es que la oposición señala esas dificultades, pero no explica cómo las resolvería sin romper el equilibrio fiscal, sin emitir dinero, sin volver a alimentar la inflación o sin empujar al país a otro default.
Esa es la gran pregunta política que todavía no tiene respuesta.
Axel Kicillof, en particular, enfrenta una disyuntiva. Por un lado, podría convenirle electoralmente instalar la idea de que el programa económico de Milei lleva al país a una nueva crisis. Pero, por otro lado, si su mensaje es que la Argentina va rumbo al caos, también debe explicar qué alternativa concreta ofrece para evitarlo.
Porque el mercado no mira solamente las reservas. Mira quién puede gobernar, con qué programa, con qué respaldo político y con qué grado de responsabilidad frente a los compromisos del país.
Por eso, la Argentina llega a las próximas elecciones con una paradoja. Tiene más reservas, menos presión inmediata sobre los vencimientos y un riesgo país más bajo. Pero sigue caminando sobre una cornisa de incertidumbre política.
Tal vez el problema ya no sean tanto las reservas. Tal vez ese frente, con dificultades, empiece a ordenarse. El verdadero problema es otro: que la Argentina todavía no consigue convencer al mundo de que, gane quien gane, no volverá a romper todo cada cuatro años.






